El asesinato de Kashoggi, primera grieta en el frente de Occidente y los saudíes

Publicidad

Algo huele a podrido en Riad…pero también en Washington, y en los hipócritas gabinetes europeos.El martes pasado Trump envió al Secretario de Estado, Mike Pompeo, en viaje urgente a Arabia Saudí, no tanto con el fin de descubrir la verdad cierta e indecible acerca de la muerte del periodista Yamal Khashoggi, sino más bien para comprobar si la familia real saudí sigue todavía a cargo del tinglado. Los saudíes han sido incapaces de ganar la guerra en Yemen, han perdido la guerra por poderes contra Assad e Irán, y están luchando contra otros árabes y entre ellos mismos por la sucesión al trono. Y hoy los custodios de la Meca han perdido su control del improbable cuento de una “reforma” de lo que sigue siendo una monarquía absoluta, legitimada sobre una estricta base religiosa.

El 2 de octubre, de modo nada característico dejó Donald Trump que se le escapara de los labios una pequeña verdad en un mitin en Mississippi, en el que afirmó haberle dicho al Viejo Rey Salman: “Rey: te estamos protegiendo, sin nosotros no durarías dos semanas, tienes que pagar los gastos militares”. Pero podría ser que no bastara ahora  simplemente con untar a los norteamericanos.

¿Por qué nos mostramos todos tan deferentes hacia la dictadura saudí? El espeluznante final con el que se topó Kashoggi —antaño consejero de la corona saudí y conocido de Osama Bin Laden— en el consulado saudí de Estambul suscita una vez más un problema crucial: los EE.UU no tienen intención o no pueden, ciertamente, poner límites a la arrogancia de Riad, su cliente número uno en el comercio de armas, que gasta una cantidad no inferior a una sexta parte de su presupuesto de defensa en equipamiento militar norteamericano. Los saudíes han estado financiando el Islam radical durante decenios, y la “guerra contra el terror” lanzada por los EE.UU. en 2001 se vio ella misma avivada e influida por Riad, de Afganistán a Oriente Medio. Y hoy los EE.UU. lanzan las sanciones contra Irán a petición de los saudíes y los israelíes. ¿Vamos simplemente a plegarnos una vez más a las reglas?

Sí, claro, porque los saudíes tienen a todo el mundo en nómina.

Al príncipe heredero, Mohammed Ben Salman, se le ha descrito como un reformador ilustrado. Pero no se puede considerar que otorgar a las mujeres el derecho a conducir sea algo como para llamarlo “reforma” avanzada.  De hecho, MBS (su apodo habitual) se ha visto envuelto en una lucha de poder para librarse de los otros príncipes de sangre rival, a los que había confinado el año pasado en hoteles de lujo en Riad. No contento con eso, llegó incluso a detener al primer ministro libanés, culpable de no ser lo bastante duro con Hizbolá, los aliados de Irán, el verdadero enemigo de los saudíes. Hay un precio por estas acciones. No se está produciendo “reforma” alguna en Arabia Saudí, el país sigue siendo de la exclusiva propiedad de una sola familia.

Y los EE.UU no han demostrado que tengan voluntad de cambiar el curso de las cosas. Por el contrario, al hacer trizas el acuerdo nuclear con Irán de 2015, mandaron a los saudíes un doble mensaje: primero, junto a Israel, los EE.UU. apoyarán a los saudíes en todas sus guerras por delegación contra Irán, y en segundo lugar, los EE.UU. están contra las reformas de verdad, y contra los Hermanos Musulmanes, apoyados por Obama durante la Primavera Árabe. Por consiguiente, MBS fue a por todas en Yemen, cometiendo allí atrocidades sin sentido, y decretó el boicot de Qatar, culpable de acoger a los dirigentes de los Hermanos.

Con un torrente de basura servil de un género raramente visto en la prensa occidental, se publicitó a MBS como “ilustrado” socio de diálogo, gracias también al apoyo de Israel. El mejor amigo de Mohammed Ben Salman en Occidente es hoy Jared Kushner, el yerno de Trump, judío él mismo, quien, como enviado especial a la región, ha desarrollado una relación especial con el príncipe saudí. Kushner fue quien organizó la visita de MBS a los EE.UU. para firmar contratos militares y organizar un espectáculo a beneficio de las finanzas norteamericanas. También en Europa —tanto en Francia como en Italia — se ha prodigado con dinero, cuando, en su escala en el Reino Unido, MBS encargó cincuenta aviones de caza Tornado, fabricados por un consorcio en el que Leonardo-Finmeccanica tiene un margen de un 30 % de los beneficios.

En Arabia Saudi Arabia, los ojos de los occidentales se vuelven hacia el signo del dólar. Junto a Israel, Riad ha sido un aliado estratégico de envergadura de los EE.UU. ya desde 1945, cuando el presidente Roosevelt se reunió con el rey saudí Ibn Saud. Desde entonces, los norteamericanos nunca han vacilado en su apoyo de la monarquía wahabita, salvo cuando Obama firmó el acuerdo nuclear con Irán.

En los años 80, fueron los saudíes los que financiaron a los muyaidines afganos, que más tarde se convertirían en los yijadistas de hoy, para librar la guerra contra la Unión Soviética. Y fueron los saudíes los que, junto a las monarquías del Golfo, los que aventaron la guerra de agresión de Sadam Hussein contra Teherán, que tuvo como resultado un millón de muertos. Los saudíes y los cataríes fueron asimismo quienes estaban detrás de la financiación de los grupos yijadistas que luchaban contra Bashar El Assad, grupos de los que nadie es capaz de librarse hoy en día. Lo que mantiene juntos a los EE.UU y la casa de Saud no constituye una alianza regular sino complicidad. pura y simple en los mayores desastres y matanzas del último medio siglo. Esa es la única verdad que conocemos con absoluta certeza.

Alberto Negri es un prestigioso periodista italiano, ha sido investigador del Istituto per gli Studi degli Affari Internazionali y, entre 1987 y 2017, enviado especial y corresponsal de guerra para el diario económico Il Sole 24 Ore en Oriente Medio, África, Asia Central y los Balcanes. En 2007 recibió el premio Maria Grazia Cutuli de periodismo internacional y en 2015 el premio Colombe per la Pace. Su último libro publicado es Il musulmano errante. Storia degli alauiti e dei misteri del Medio Oriente, galardonado con el Premio Capalbio.

Fuente: il manifesto global, octubre de 2018

Traducción: Lucas Antón

sinpermiso.info/textos/el-asesinato-de-kashoggi-primera-grieta-en-el-frente-de-occidente-y-los-saudies

También podría gustarte

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More