Publicado en: 16 diciembre, 2015

El arquitecto Iñaki Uriarte en su cita anual del Guggenheim

Por mikel arizaleta barberia

“patrullero de la estética urbana, centinela ciudadano”

 

 

Este año fue el 13 de diciembre; a las puertas de la Navidad y por octavo año consecutivo nos reunió el arquitecto Iñaki Uriarte en el salón del Guggenheim. Su siempre interesante y cuidada conferencia, preparada con esmero y mimo, resulta ya en el calendario convocatoria anual, esperada, anotada con antelación en el dietario personal. Se aguarda y espera la intervención de este arquitecto solitario y solidario, del gran Iñaki Uriarte, recuperador de memorias, somelier siderúrgico, testigo de la desolación, trovador de la rehabilitación, visitante solitario de sitios silentes con bolígrafo y cámara, misionero de la ruina y la reutilización.

Como él mismo se definirá: afligido por la memoria, martirizado por el recuerdo, aventurero de la mirada, patrullero de la estética urbana, centinela ciudadano, comisario general de la imaginación pública.

Y este 13 del 2015 llegó, enviado por la recomendación de la comisión permanente del Consejo de Europa, para ofrecernos otras miradas a la cultura de la industrialización en este año, que se conmemora el año europeo del patrimonio industrial.

A modo de entremés nos recordaba en un bello escrito, aparecido de mañana en Gara del mismo 13: “A mediados del siglo XVIII, la ciencia, la ilustración y el ingenio propiciaron el inició de una trascendental era para humanidad a la que se denominó Revolución Industrial.

La implantación progresiva de la mecanización en los grandes procesos productivos con la radical pérdida de la manualidad y sus rudimentarios utensilios, recursos y la tracción animal, sustituidos por una nueva fuerza energética basada en el agua, el carbón, el vapor y posteriormente, la combustión, el motor y la electricidad, supusieron una innovación de tal envergadura por la que con razón se denominó Revolución”.

Una revolución, ésa, que va quedando atrás, y que se despide dejándonos bellas estampas pero también muchas preguntas a los hombres y mujeres de nuestros días: en forma de paro, de desigualdad, de progreso y también de pobreza, preguntas de denuncia de medio ambiente, deshumanización y de contaminación…, y una pregunta humana dura también al trabajador, también al obrero de la industria y al parado de hoy: ¿por qué ese charco de sangre de mujer, ese asesinato de mujeres por hombres despechados y ruines”.

Avanzada ya esa industrialización de la que nos habla, Iñaki Uriarte, con origen en el S. XVIII,  la gran Simone de Beauvoir en su  libro “El segundo sexo” de 1949 lanzó al mundo aquel gran grito de mujer:  On ne naît pas femme: on le deviant, la mujer no nace, la mujer se hace. ¡Y cómo no recordar, Iñaki Uriarte, el grito cuando ayer mismo, 12 de diciembre, de nuevo fue asesinada una mujer, otra más (alrededor de 60 en lo que va de año), por un hombre despechado y salvaje!

Semanalmente asistimos a asesinatos bestiales y planificados de hombres salvajes, que matan y torturan a mujeres, que muchas veces fueron durante años parte importante de sus vidas, que generaron hijos y futuro y terminaron en un charco de sangre de hombre ruin y despechado. Hombres, que fueron niños, que una mujer les dio la vida, les parió, les amamantó, les vistió y que han terminado…  Una pregunta dura a ese hombre de la industria, al hombre como tal, a ti y a mí

¿Qué fue de aquel niño? ¿Por qué este monstruo de hoy? ¿Qué ocurre en ese intermedio para generar este ser  tan deshumano, tan chulesco, tan macho, tan patriarcal, tan imbécil? ¿Por qué ése “tú eres mía” tan de ternero de campo? ¿Por qué esa actitud compasiva, de mirada desde el hombro, de superioridad? ¿Tíos, qué estamos haciendo en la vida? ¿Qué respondemos ante el grito ensangrentado de mujeres envueltas en tormento y muerte a nuestro alrededor?

¿Por qué el hombre, que nace niño se vuelve asesino de mujeres?

Esta conferencia del arquitecto Iñaki Uriarte, rozando la Navidad, se ha convertido en acontecimiento social de caras conocidas, de asistentes fieles de esta lotería navideña, que siempre toca, que es la charla luminosa, sonora y bien peinada del arquitecto Iñaki Uriarte. Y de nuevo, la de este año fue una gozada, un baño en el recuerdo de esa huella profunda que ha dejado la industria hecha fábrica, convertida en postal, en cartel luminoso, en letras de fachada, en escudo municipal de Sestao, en pegata de botella, ¡en tantas cosas!…, en recuerdo vivo que nos acompaña como – así rezaba el anuncio de la conferencia de este año- otras miradas a la cultura de la industrialización. Sí, qué queda: ¿qué ha pasado con aquel trabajador, iniciador de la revolución industrial en el XVIII, y su obra? ¿Qué queda y en qué se han convertido aquellas fábricas de entonces, en qué sus instrumentos y máquinas?

Porque tampoco el hombre nace, también él se hace.

Tan sólo agradecer al arquitecto su hermosa conferencia y aquel colofón magnífico de un cuarto de hora, amalgama de piano, de susurro y siseo musical de telares, y esperar con impaciencia la próxima. Con un eskerrik asko agradecido a este “averiguador y detective privado del patrimonio público, antropizador contemporáneo de la Ría de Bilbao”, que es el arquitecto Iñaki Uriarte. Un placer.

Mikel Arizaleta

 

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