El 20 de diciembre y la coyuntura electoral

El 20 de diciembre de 1989, el país sufrió una terrible invasión que pone fin al régimen militar. Para efectuarla, el coloso del norte se aprovecho de los justos reclamos democráticos de una población cansada de autoritarismo. Pero su verdadero objetivo era sustituir una dominación, que desde las Fuerzas de Defensa, no proporcionaba la estabilidad que sus intereses reclamaban, ya que se había demostrado incapaz de acometer seriamente, entre otros, los proyectos privatizadores propios de un neoliberalismo en toda regla.

De allí que el gobierno de Guillermo Endara, por la vía del llamado Plan Ford, diseñara lo que después implemento con verdadera dedicación el gobierno de Pérez Balladares, medidas propias de un neoliberalismo rampante como lo fueron las reforma laboral, la eliminación de la jubilación con el último salario que gozaban los docentes, así como la privatización de empresas tan rentables como el IRHE y el INTEL.

Para objetivos tan lesivos, era necesario preservar un sistemaexcluyente de la ciudadanía y de sus intereses, una partidocracia. El propio gobierno de Guillermo Endara le dio celosa continuidad a las restricciones contenidas en el Código Electoral, heredadas del régimen militar, que blindan el acceso a la competencia electoral a favor de los partidos tradicionales y de importante respaldo económico.

Del gobierno posinvasión, llegamos al gobierno de las privatizaciones, para pasar al de la cleptocracia rampante con Mireya Moscoso, superado con creces por el de Martín Torrijos, demostrando que todo se puede….empeorar. Si tenemos dudas, una atenta mirada a la realidad actual nos puede despejar alguna falsa ilusión.

Crisis es la palabra que acompaña hoy al partido en el gobierno. Por un lado Martín Torrijos, en su afán de lograr una reforma constitucional que acorté en un período el poder lanzarse a una nueva postulación presidencial, está centrado en financiarcandidaturas que le sirvan para tal objetivo en la actual asamblea y en la que saldrá de los comicios del 3 de mayo. Tales pretensiones no tienen como norte el triunfo del PRD en estos comicios presidenciales.

Primero, porque ello significaría mayor poder paraposibles enemigos de tales aspiraciones, como podría ser la propia Balbina Herrera de acceder al Palacio de la Garzas, así como su vicepresidente, rival enconado para la postulación de cara al 2014. Por otra parte, el actual presidente no deja de tomar en cuenta que dos períodos consecutivos de su partido en el poder, harían que de prosperar la reforma constitucional que anhela y salir bien librado en un proceso de primarias, su candidatura en el 2014 cargará con el desgaste de tal ejercicio continuado en el poder.

Por su parte, la campaña de la candidata Herrera está colocada a contramano de las aspiraciones de la mayoría ciudadana, harta de la partidocracia y sedienta de un cambio. Paga así su falta de propuestas, aunque fueran a costa del tan necesitado alejamiento con respecto de la gestión de Martín Torrijos.

Muy distinto pasa con su principal contrincante. En estos momentos, la candidatura de Ricardo Martinelli ya supera la de Balbina Herrera por 10 puntos. Su discurso busca y logra sintonizar con aspiraciones muy sentidas, teniendo sumo cuidado en evitar formular propuesta alguna, más bien ateniéndose al libreto de repetir las quejas de la gente común.

En política no hay sorpresas, sino sorprendidos. Detrás de esa actuación se esconde una estafa similar a la invasión de aquel 20 de diciembre, que prometía progresos materiales nunca vistos. Estamos frente a un personajede la más rancia oligarquía que destila autoritarismo por todos los poros. La mano dura que dice aplicaría contra la delincuencia, es la misma con la que enfrentaría las demandas ciudadanas y de las mayorías humildes, como ya se vivió en la Caja del Seguro Social bajo su mandato, y como lo viven los empleados en sus empresas.

Este siniestro personaje podría acometer, de ser necesarias, medidas como el cierre de la corrupta Asamblea de Diputados y la convocatoria de una Constituyente, para ganar legitimidad en su “mano dura”, y tener así la fuerza política y la base social necesaria en empeños que lo enfrentarían con sectores de la sociedad. Hablamos de la privatización de los fondos de la seguridad social, así como de la gestión del Ministerio de Educación, entre otras medidas propias del ideario de enconados neoliberales como los de la Fundación Libertad Ciudadana, de decisiva presencia en su equipo central de campaña.

Otros países de América Latina han vivido experiencias similares. Tal vez la que más sirva para ilustrar los peligros en ciernes, es la peruana con Fujimori, personaje que gana las elecciones a caballo del desprestigio de los partidos tradicionales, imponiendo un gobierno de claro signo autoritario y al servicio de intereses particulares.

Aquel 20 de diciembre contó con la apatía de la mayoría ciudadana provocada por los desmanes del régimen de Noriega. La tendencia al alza de las posibilidades de triunfo electoral de Martinelli, se apoyan en el merecido hastío con la partidocracia. Pero lamentablemente, la mano dura prometida lo será contra los más caros intereses nacionales y populares.

Es precisamente ese hastío con respecto de la partidocracia, en el que hoy se apoya Martinelli para sus pérfidas aspiraciones, el que podría constituirse en un futuro en el talón de Aquiles de su gestión presidencial.

Corresponde por tanto la pregunta si existe hoy el movimiento social que pueda enfrentar exitosamente semejante ofensiva, pues el enemigo posiblemente a batir contará con mayores recursos para el engaño y una voluntad para las peores decisiones.

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