Publicado en: 7 diciembre, 2018

Efecto VOX: ¿El Fascista nace o se hace?

Por Nacho Ezquerro

VOX, es ante todo el resultado de la DECEPCIÓN con mayúsculas. Experiencias como la de Trump en EEUU, o la de Bolsonaro en Brasil, son muestras claras de cómo la gente penaliza la pedantería en política.

Por Nacho Ezquerro

Decía Oskar Kokoschka , un artista austríaco, que si él no hubiese aprobado el examen de acceso a Bellas Artes, Adolfo Hitler, hubiera tenido plaza para acceder a la Academia de Bellas Artes de Viena. Por tanto, si Kokoska superó las pruebas, Adolfo Hitler no fue aprobado, y ya sabemos todos lo que luego pasó, en su historia personal y como afecto esto a Alemania y al resto de Europa. Es así de esta manera tan simple, cómo en ocasiones, hechos aparentemente livianos, fortuitos, domésticos, pueden suponer hitos trágicos en la vida de millones de personas.

Nunca sabremos si la hipótesis de Kokoschka es un buen argumento para establecer a partir de cuándo y cómo empezó el derrotero nazi-fascista de Adolf Hitler. No lo sabremos.

Mussolini por aquellos tiempos, también estaba haciendo sus pinitos en periodismo, y además tenía ideas cercanas al socialismo. Era realmente brillante en su labor, y en sus comienzos no daba señales de convertirse en, quien posteriormente fue.

Hemos observado de todas maneras que, los miedos y las experiencias terribles, tenían mas permanencia en la memoria colectiva, a través del boca a boca, la transmisión oral, que la que puede tener hoy día, con libros, imágenes, y toneladas de denuncias que dan cuenta de los desastres de ideologías o partidos emparentados con ciertas formas de actuación filo-racistas, nacionalistas o supremacistas. Un poco de ignorancia, cierto grado de rencor, resabio, y una sociedad líquida, son el coctel perfecto para que de la nada,  salgan 400.000 andaluces que votaron a VOX. Que mañana en otra votación, pueden o no, volver a votar a Podemos, al PP o al Socialismo o a Ciudadanos, pero que ayer, a partir del cabreo de sentirse engañados, optaron por darle oxigeno a una agrupación que representa una especie de venganza contra los partidos tradicionales que no están a la altura de la responsabilidad política que se les supone. En verdad, el votante en ocasiones, con un Poder Judicial emparentado con los políticos y los poderosos, no encuentra alternativa a penalizar la irresponsabilidad de políticos que se aprovechan de la inocencia de los votantes para tropelías personales, estafas, mordidas, comisiones, asegurarse el futuro, facilitando a empresas o corporaciones determinados negocios para que luego, lo contraten encaso de darse las malas. Tenemos expresidentes, ministros, políticos en general, que acomodan sus traseros en empresas por favores ya realizados.

VOX, es ante todo el resultado de la DECEPCIÓN con mayúsculas. Sentirse engañados, por los ERES, por la ambición desmedida de los políticos, por la ambición de quienes utilizan el poder en Sevilla para saltar a Madrid, por utilizar dinero público para ir a puticlubs, por el descaro de que la mayoría de ellos están y estarán en la calle, riéndose de las promesas de tiempos eleccionarios. Lo que ha pasado en Andalucía, es la punta de un iceberg y roguemos que lo que planteamos aquí, sea una anécdota. VOXX, y¿  por qué no Podemos o por qué no votaron a Ciudadanos?  Pues porque el liderazgo de Podemos, que fue a dar la cara a Sevilla, también esta en el inconsciente colectivo emparentando con alianzas, traiciones, cambios oportunistas de postura, actitudes incoherentes que han dejado y aún dejarán resultados negativos en esa agrupación. O los cambios de postura de Ciudadanos, que también cambia de actitud política, con más velocidad que la que un cerebro normal puede asimilar.

Experiencias como la de Trump en EEUU, o la de Bolsonaro en Brasil, son muestras claras de cómo la gente penaliza la pedantería en política. La falsedad y que se tomen el voto con liviandad. Es evidente que esta jugada por parte de la gente supone riesgos que, a mediano plazo, pasarán factura a esa misma gente, pero eso nos ayuda a comprender cuál es el grado de indignación y hasta qué punto llega el sentimiento de frustración.

España, con 40 años de dictadura, suponíamos que estaba vacunada contra partidos pro o neofascistas, pero en estos años, de democracia, han mejorado muchas cosas, también la visión crítica que tenemos de las miserias de los políticos. De la monarquía, del clasismo que se esconde en los aforados, del cinismo que se desprende cuando hablan de terminar con los aforamientos, pero ninguno de ellos se  desafora por propia cuenta. Solo uno de ellos lo hizo, pero tampoco se le dio publicidad -extrañamente. De la impunidad, de la sensación de que muchos políticos, se asientan en el poder y se parasitan en puestos para vivir la vida, sin comprometerse con sus labores y responsabilidad. En las diferentes cámaras, una de ellas sin sentido, y en la otra, peleándose por nimiedades con afán de protagonismo, sin llegar a acuerdos y dificultando la labor de unos y otros. Rivalidades, vanidad, avaricia, clientelismo, lobbies, intereses personales, amiguismos, estacionar a familiar en los ministerios, y un sinfín de procederes que la mayoría del pueblo no conoce e invitaría, de saberlo, a seguir ampliando la escapada de votos.

Básicamente, son los propios políticos, de los partidos tradicionales, quienes, con su mal hacer, alimentan la aparición de partidos parásitos que intentan destruir la democracia desde adentro del sistema. Claro que el sistema no es perfecto, requiere cambios.

“…las elecciones pueden cambiar, de hecho, muy poco las cosas y, en la medida en que esto ocurre reiteradamente, la distancia entre los representantes y los representados –la patología de la representación– se transforma poco a poco en la patología de la participación: los ciudadanos, desmotivados por la sensación de impotencia, se convencen de que su voto no va a cambiar las cosas, por lo que dejan de hacer el esfuerzo –a veces considerable– de votar y aumenta el abstencionismo electoral.”Parrafo extraído  de “La difícil Democracia” de Boaventura de Sousa Santos.

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