EEUU: Pese a tener acceso prioritario, algunos trabajadores de la salud se niegan a vacunarse contra el COVID-19

Son trabajadores de primera línea con acceso de máxima prioridad a la vacuna contra el COVID-19, pero se niegan a aplicársela.

En el St. Elizabeth Community Hospital, en el condado de Tehama, menos de la mitad de los 700 trabajadores del hospital elegibles para la vacuna estuvieron dispuestos a vacunarse cuando se les ofreció la posibilidad por primera vez. En el Providence Holy Cross Medical Center, en Mission Hills, una de cada cinco enfermeras y médicos de primera línea rechazaron la vacuna. Aproximadamente entre el 20% y el 40% de los trabajadores de primera línea del condado de Los Ángeles hicieron lo mismo, según los funcionarios de salud pública del Condado.

Tantos trabajadores de primera línea en el condado de Riverside optaron por no vacunarse —un 50% estimado— que el hospital y los funcionarios públicos se reunieron para diseñar una estrategia sobre la mejor manera de distribuir las dosis no utilizadas, comentó la directora de Salud Pública, Kim Saruwatari.

Las dudas sobre las vacunas entre los trabajadores de la salud en todo el país sorprendieron a los investigadores, quienes asumieron que el personal de salud estaría entre los más sintonizados con los datos que las respaldan.

La evidencia científica es clara con respecto a la seguridad y eficacia de las vacunas después de ensayos en los que colaboraron decenas de miles de participantes, incluidas personas mayores y con enfermedades crónicas. Las dosis se recomiendan para todos, excepto para aquellos que hayan tenido una reacción alérgica grave a cualquiera de los ingredientes. Pero aún así, el escepticismo continúa.

April Lu, una enfermera de 31 años de edad, del Providence Holy Cross Medical Center, se negó a vacunarse porque no está convencida de que sea seguro para las mujeres gestantes, como ella (tiene un embarazo de seis meses).

Aún no se han realizado ensayos clínicos en embarazadas que se vacunan, pero los expertos creen que es poco probable que ello represente un riesgo específico, según los Centros para el Control de Enfermedades (CDC). La agencia señala que las mujeres gestantes pueden vacunarse.

“Debo elegir entre riesgos: el de tener COVID o el de los efectos desconocidos de la vacuna”, comentó Lu. “Creo me quedo con el riesgo del COVID. Puedo controlar eso y prevenirlo un poco usando mascarillas, aunque la seguridad no sea del 100 por ciento”.

Algunos de sus colegas también se negaron a vacunarse porque pasaron meses sin contraer el virus y creen que tienen buenas posibilidades de sobrevivir, relató. “Siento que la gente piensa, ‘puedo sobrevivir hasta que esto termine sin recibir la vacuna’”, expuso.

ICU Nurses at Providence Holy Cross Medical Center. Some nurses have refused to take the vaccine.

Enfermeras de UCI en Providence Holy Cross Medical Center. Algunas de ellas se negaron a vacunarse. (Francine Orr/Los Angeles Times)

 

No está claro hasta qué punto los trabajadores de la salud están rechazando la vacuna, pero hay informes de tasas de participación más bajas de lo esperado en todo el país, lo cual genera preocupación para los epidemiólogos, que dicen que las implicaciones para la salud pública podrían ser desastrosas.

Una encuesta reciente realizada por la Kaiser Family Foundation encontró que el 29% de los trabajadores de la salud eran “reacios a las vacunas”, una cifra ligeramente superior al porcentaje de la población general, del 27%.

“Incluso el nombre, Operation Warp Speed (Operación velocidad máxima), despierta cierta preocupación en la gente, sobre la prisa por llevarla a cabo”, expuso la Dra. Medell Briggs-Malonson, médico de emergencias de UCLA Health, que fue vacunada. Aún así, instó a sus colegas a hacer lo mismo.

“Ciertamente es decepcionante”, expresó Sal Rosselli, presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud. “Pero no me sorprende, dado lo que ha hecho la administración federal durante los últimos 10 meses… Confíen en la ciencia. Se trata de ciencia, realidad y hacer lo correcto”.

Las consecuencias son potencialmente nefastas: si se vacuna a muy pocas personas, la pandemia se prolongará indefinidamente, lo cual provocará brotes repentinos en el futuro, una tensión excesiva en el sistema sanitario y consecuencias económicas en curso.

“Nuestra capacidad como sociedad para volver a un nivel más alto de funcionamiento depende de que haya tanta gente protegida como sea posible”, consideró el epidemiólogo de Harvard, Marc Lipsitch.

Los encuestados de la Kaiser Family Foundation que reconocieron que probablemente no se vacunarán dijeron que les preocupan los efectos secundarios; que desconfían del rol del gobierno para garantizar que las vacunas sean seguras, que les preocupa el papel de la política en el desarrollo de éstas o que los peligros del COVID-19 han sido exagerados.

En foros en línea, algunos trabajadores de la salud de todo el país expresaron su frustración por ir primero en la fila; un estado que algunos asocian con la experimentación.

Para Nicholas Ruiz, asistente administrativo del Natividad Medical Center, en Salinas, California, los trabajadores de la salud luchan con las mismas dudas, temores y desinformación sobre la enfermedad que el público en general. Aunque interactúa con enfermeras que tratan a pacientes con COVID-19, no se vacunará y conoce a muchos otros que no lo harán. “Siento que la percepción del público con los trabajadores de la salud es incorrecta. Podrían pensar que todos estamos informados de esto porque trabajamos en este entorno”, comentó Ruiz. “Pero sé que hay muchos que piensan igual que la gente, y tienen miedo de vacunarse”.

En el condado de Fresno, el Dr. Rais Vohra, oficial interino de salud pública, afirmó el martes que algunas “personas que están calificadas para inmunizarse no están listas para hacerlo”. Estos trabajadores de la salud, incluidas las mujeres embarazadas o que quieren concebir, dudan a medida que surgen preguntas sobre los efectos a largo plazo.

Para persuadir a los trabajadores reacios, una gran cantidad de hospitales emplean videos instructivos y seminarios web interactivos que muestran al personal vacunándose. En un hospital del condado de Orange, Anthony Wilkinson, un enfermero de cuidados intensivos que atiende a pacientes con coronavirus, relató que muchos colegas han “perdido la fe en las grandes farmacéuticas e incluso en los CDC”.

Wilkinson hizo un video en Facebook sobre la ciencia de la vacuna e instruyó a sus amigos y familiares sobre su estado después de recibir la inyección. “La gente tiene miedo por mí”, comentó. “Puedo entender por qué. Esto es nuevo y nadie quiere ser el primero”.

Las primeras asignaciones de la vacuna realizadas por Pfizer Inc. y BioNTech llegaron la semana pasada al condado de Tehama, hogar de 65.000 personas.

El Dr. Richard Wickenheiser, oficial de salud del condado de Tehama, dijo que primero se pusieron a disposición de los trabajadores de la salud 495 dosis en el St. Elizabeth Community Hospital, en Red Bluff, pero el sanatorio “básicamente nos regresó 200”. “Nos devolvieron esas vacunas y rápidamente comenzamos a usarlas”, señaló Wickenheiser. “No quiero que me acusen de tenerlas en el congelador mientras esperamos a que la gente se decida”.

En Laguna Honda Hospital, de San Francisco, alrededor del 10% del personal de enfermería optó por no aplicarse la vacuna, detalló la portavoz de la institución, Zoe Harris.

Hasta el martes, UCLA Health había vacunado a 7.300 personas de más de 37.000, aunque no estaba claro a cuántas se les había ofrecido inmunizarse porque el hospital no dio a conocer esa información. No obstante, los funcionarios reconocieron que puede “haber dudas sobre las vacunas en nuestra fuerza laboral”.

“No le pedimos al personal que decida inmediatamente si quiere vacunarse. Queremos darles el tiempo adecuado para tomar una decisión, y esperamos que sigan entendiendo que los beneficios de la vacunación superan claramente los riesgos”, afirmó el hospital en un comunicado.

La incertidumbre se comparte entre el personal de los hogares de ancianos, que representan aproximadamente el 35% de las más de 25.000 muertes por COVID-19 en California. Pero aproximadamente una cuarta parte del personal expresó su renuencia a vacunarse, señalaron los administradores y empleados de hogares de adultos mayores entrevistados por The Times.

“Tienen miedo de los efectos secundarios; no saben qué va a pasar o si realmente los protegerá», relató una enfermera vocacional matriculada, quien trabaja en una residencia de ancianos en Los Ángeles y pidió que no se usara su nombre porque no estaba autorizada a hablar con los medios “Se ha vuelto un tema tan político”.

La mujer se mostró reacia a vacunarse hasta que la instalación de 95 camas en la que trabaja, que había estado libre del virus durante meses, se vio afectada por la rápida propagación comunitaria. “Tuvimos16 casos nuevos en solo tres días”, relató. “Es tan rápido que ni siquiera sabemos cómo sucede”.

«¿Renuencia? Sin duda, hay mucha renuencia”, agregó el Dr. Michael Wasserman, director médico del hogar de adultos Eisenberg Village, en Reseda, y expresidente de la Asociación de Medicina y Cuidados a Largo Plazo de California, que representa a médicos, enfermeras y otras personas que trabajan en residencias de ancianos. “Debido a que no hubo transparencia o claridad por parte del gobierno federal con el lanzamiento, los estados y los condados a menudo no sabían lo que estaba sucediendo hasta el último minuto”, expuso. “Eso hace que la renuencia a la vacuna sea aún peor”.

No está claro qué sucede cuando un hospital se queda con dosis adicionales. La norma estatal les permite vacunar a personas de menor prioridad si ya se les ha ofrecido a los trabajadores de primera línea.

En el condado de Tehama, las dosis no utilizadas en los hospitales se están distribuyendo al siguiente grupo de personas elegibles: el personal y los residentes de centros de vida asistida y de enfermería especializada.

Mientras tanto, el departamento de salud del Condado recibe llamadas telefónicas a diario sobre la prioridad de vacunación, comentó Wickenheiser, funcionario de salud del condado de Tehama, y agregó: “El público pregunta todos los días: ‘¿Cuándo la obtendremos?’”.

Las redactoras de The Times Laura Newberry y Jaclyn Cosgrove, y la reportera gráfica Francine Orr, contribuyeron con este informe.

 

Los Angeles Times

 

 

 

 

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