EEUU. La clase trabajadora, el coronavirus y la recesión

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La vida de las y los trabajadores estadounidenses está patas arriba a causa del coronavirus. Se encuentra en peligro tanto por la crisis sanitaria como por la subsiguiente crisis económica. A medida que el coronavirus se extiende por todo el país –obligando al gobierno federal y a los gobiernos a escala estatal y local a cerrar buena parte de la economía para fomentar el distanciamiento social–, la crisis también ha disparado una recesión económica internacional que numerosos economistas están ahora pronosticando que será peor que la de 2008. Todo indica que nos enfrentamos tanto a una pandemia como a una rampante gran depresión que ni el gobierno ni los empresarios ni los sindicatos están preparados para afrontar.

Muchas industrias, como las aerolíneas, han reducido sus operaciones, dejando a mucha gente sin trabajo. Lo mismo sucede con las compañías navieras. Dado que las autoridades sanitarias han recomendado el distanciamiento social, muchos eventos con audiencias masivas (como conciertos, eventos deportivos y espectáculos en general) se han visto cancelados. Varios estados y ciudades han ordenado el cierre de todos los restaurantes y bares dejando sin trabajo a decenas de miles de personas. En cambio sigue trabajando mucha otra gente que opera en contacto con el público, como es el caso de las y los operadores de metro y conductores de autobuses. Millones de trabajadores y trabajadoras, por ejemplo en almacenes y supermercados, también continúan trabajando. Y, por supuesto, los y las sanitarias continúan yendo a sus puestos de trabajo en clínicas y hospitales.

La clase trabajadora en su conjunto tiene muchos sectores que se verán particularmente amenazados por la pandemia y la crisis económica. En EE UU se estima que hay 500.000 personas sin hogar, de las cuales hasta un 40% son menores de dieciocho años, es decir, hay decenas de miles de niños sin hogar que de cerrarse las escuelas no tendrán a dónde ir durante el día y perderán sus habituales bonos de comida escolar. EE UU cuenta con la mayor población reclusa del mundo en proporción a su población: un total de 2,3 millones. Varias organizaciones de presos han expresado su temor de que la presencia del coronavirus en una cárcel pueda ser devastadora. Se han realizado llamamientos para liberar a las personas reclusas de más edad que no hayan cometido graves crímenes. La gente pobre también será especialmente vulnerable a ambas crisis y representa el 12% de la población, 38 millones de personas según los datos oficiales. Finalmente, en nuestro país hay 11 millones de personas inmigrantes indocumentadas, muchas de las cuales temen solicitar ayuda médica por miedo a ser deportadas.

La situación es aterradora para muchas personas y quizás la mayoría de estas sean de la clase trabajadora. EE UU no tiene un sistema público de atención médica y decenas de millones de trabajadores y trabajadoras estadounidenses no tienen seguro médico. Además, millones de ellos y ellas no disponen de días de baja por enfermedad pagados, ni poseen permisos parentales, y millones de personas con empleos precarios no disponen siquiera de días de vacaciones. La clase trabajadora no posee tampoco un seguro de paro o de renta básica. Todo esto se complica con el cierre de escuelas, programas extracurriculares y guarderías.

¿Cómo ha respondido el gobierno?

Desde el principio, el gobierno de EE UU abordó mal la pandemia. La administración Trump había recortado fondos para los centros para el control de enfermedades (CDC) y para los institutos nacionales de salud, y había desmantelado el Equipo de Respuesta a Pandemias de la Casa Blanca. Incluso cuando los CDC intentaron implementar políticas epidémicas, Trump restó importancia a la epidemia. El primer caso en EE UU apareció el 20 de enero, pero fue solo a principios de marzo cuando el gobierno federal comenzó a actuar y el 13 de marzo Trump declaró la emergencia nacional. Trump hizo entonces un llamamiento para evitar reuniones de más de diez personas.

La respuesta inicial de Trump a las necesidades del país fue proponer créditos gubernamentales sin interés y exenciones de impuestos sobre la renta para las corporaciones para así compensar los costos que la crisis del coronavirus pudiera reportar. La presidenta de la Cámara de Representantes del Partido Demócrata, Nancy Pelosi, trabajó con el secretario del Tesoro de Trump, Steven Mnuchin, para elaborar un proyecto de ley –Ley para la Familia Americana– destinado a responder a la emergencia del coronavirus. Sus puntos básicos son:

– Pruebas gratuitas de coronavirus para quien lo necesite, con o sin seguro.

– Hasta dos semanas de permiso remunerado por enfermedad y hasta tres meses de permiso parental y médico remunerado.

– Un seguro de desempleo más fuerte para el o la trabajadora temporal.

– Más fondos para programas de alimentación para escolares y adultos de la tercera edad.

– Más dinero para Medicaid, el programa conjunto de seguridad social federal y estatal destinado a estadounidenses con bajos ingresos.

Apoyado por Pelosi y Trump, el proyecto de ley fue aprobado por la Cámara y Pelosi y Trump proclamaron que protegería a la mayoría de los trabajadores y trabajadoras estadounidenses, que no tendrían que trabajar para obtener su próxima nómina. Pero, de hecho, según la ley, los grandes empleadores como Amazon y McDonalds no están obligados a pagar ninguna baja por enfermedad remunerada y las empresas con menos de 50 empleados pueden solicitar exenciones. De hecho, solo alrededor del 20% de los trabajadores y trabajadoras estaría cubierto por este proyecto de ley. El Senado, dominado por los republicanos, aún no ha aprobado el proyecto de ley y, a pesar del apoyo de Trump, 40 senadores republicanos se han comprometido a bloquearlo. En este momento, Trump está pidiendo que se apruebe un paquete económico de billones de dólares que incluye 250.000 millones de dólares como pago en efectivo de al menos 1.000 dólares a cada persona adulta estadounidense y abonos más reducidos para cada menor. Un grupo de tres gobernadores del Partido Demócrata ha pedido que se envíen hasta 4.500 dólares a cada persona adulta, niño y niña. Todo esto todavía está elaborándose y aún no se ha enviado un proyecto de ley específico al Congreso.

Los estados y las ciudades también respondieron con lentitud al principio, pero después finalmente adoptaron medidas contundentes a medida que aumentaba el número de casos en su territorio. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo; el gobernador de California, Gavin Newsom, y el gobernador de Maryland, Larry Hogan, adoptaron medidas enérgicas en la aplicación del distanciamiento social en sus respectivos estados, al igual que los alcaldes de varias grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles o San Francisco. En la mayoría de los sitios se ordenó el cierre de escuelas, museos, cines, teatros, salas de conciertos, restaurantes y bares. El público no siempre se ha comportado responsablemente, ya que, por ejemplo, con ocasión de las multitudinarias y bulliciosas fiestas que se celebraron con antelación en Chicago, el Día de San Patricio, el gobernador J.B. Pritzker se vio obligado a ordenar el cierre de todos los bares y restaurantes.

¿Cómo están respondiendo las empresas?

La respuesta de las corporaciones ha sido diversa. La cadena hotelera Marriott International ha despedido a 170.000 trabajadores en todo el mundo y a decenas de miles en EE UU. Algunas grandes corporaciones se esfuerzan por mantener a su personal, o al menos a su personal clave, mientras que muchas empresas más pequeñas se verán obligadas a echar el cierre y dejar que se vaya todo el mundo. Algunos empresarios han sugerido que podían quedarse quienes desde casa puedan trabajar por medio de videoconferencia y ordenador. Pero la mayoría de la clase trabajadora en la sociedad tiene trabajos que no se pueden hacer desde casa: piénsese en la recogida de basura o el trabajo de la construcción. Según distintos informes, los hospitales no han tomado las medidas necesarias a fin de estar preparados para afrontar la crisis formando y proporcionado recursos a sus trabajadores y trabajadoras.

Las empresas de alta tecnología emplean a cerca de seis millones de personas en diversos trabajos, desde ingenieros informáticos hasta recopiladores de datos. Las compañías más grandes de alta tecnología, como Facebook, Google, Twitter y Amazon, informaron inmediatamente a gran parte de sus plantillas que trabajarán desde casa. La empresa matriz de Google, Alphabet, recomendó que todos sus empleados y empleadas en América del Norte, Europa, África y Oriente Medio trabajen de forma remota. Obviamente, quienes trabajan en la prestación de servicios para estas empresas (servicio de limpieza, cocina o seguridad) no pueden trabajar desde casa y requieren apoyo económico.

Alphabet, propietaria de Google, dice haber creado un fondo Covid-19 para proporcionar un permiso por enfermedad a toda su plantilla, incluidos los trabajadores y trabajadoras temporales, contratistas y vendedores. Amazon dice que proporcionará un permiso por enfermedad ilimitado a quienes den positivo por Covid-19. Apple también dice que está ofreciendo a su personal de venta minorista un permiso ilimitado pagado en caso de enfermedad por coronavirus. Walmart dice que otorgará a sus trabajadores y trabajadoras a tiempo completo y parcial, que debido al coronavirus no puedan volver a trabajar de inmediato, un permiso de baja remunerada de hasta 26 semanas. Tendremos que ver si todas estas promesas se cumplen a medida que la crisis económica se profundice.

Algunas empresas de servicios han adoptado medidas para proteger en el trabajo a su personal y han ofrecido apoyo financiero si enferman. Lyft, una empresa nacional de taxis, hizo el siguiente anuncio: “Proporcionaremos fondos a los conductores en caso de que una agencia de salud pública les diagnostique el Covid-19 o les ponga en cuarentena individual”. La empresa rival Uber dice que otorgará dos semanas remuneradas por enfermedad a los taxistas y repartidores, a pesar de que se consideren contratistas independientes y no se les haya prescrito por el médico una baja por enfermedad o prestaciones económicas.

¿Cuál es la respuesta del movimiento obrero organizado?

El movimiento obrero organizado no está jugando un papel político contundente en esta crisis. La Federación Estadounidense del Trabajo (AFL-CIO), el sindicato más grande, hizo pública una declaración en la que pedía al gobierno federal que actuara para detener tanto al coronavirus como la crisis financiera. Y la AFL-CIO solicitó al secretario de Trabajo de EE UU que emitiera un estándar temporal de emergencia bajo la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA) para proteger a 19 millones de trabajadores y trabajadoras de la salud y del sector servicios. El objetivo es que OSHA se haga cargo de que la patronal brinde los recursos, equipos, capacitación y protocolos apropiados. La AFL-CIO, que no tiene autoridad para ordenar a sus sindicatos afiliados que hagan algo, ha carecido durante muchos años de cierto liderazgo y parece estar demostrando una vez más ser inútil en esta crisis de la salud.

United Auto Workers (UAW), en asociación con las corporaciones General Motors Co., Ford Motor Company y Fiat Chrysler Automobiles (FCA), anunció que creará un grupo de trabajo Covid-19/coronavirus que se encargaría de los planes de producción de vehículos, distanciamiento, horarios de descanso y limpieza, educación sanitaria y seguridad, pruebas de salud, servicio alimentario y cualquier otro ámbito que tenga el potencial de mejorar las medidas protectoras. El UAW no ha sido un defensor militante de las y los trabajadores en las plantas, por lo que no es sorprendente que los trabajadores y trabajadoras de base hayan pedido a los fabricantes de automóviles que cierren las plantas y les den un periodo de cuarentena de dos semanas. En Windsor, Ontario, la plantilla abandonó el trabajo cuando se enteró que un compañero de trabajo había dado positivo por el virus, mientras que en la planta de Warren Assembly en Detroit, una acción de 17 trabajadores cerró temporalmente la planta.

La Asociación Internacional de Camioneros, uno de los sindicatos más grandes de EE UU, exigió pruebas gratuitas para todos, permisos de baja por enfermedad pagados, y garantía de que a quienes percibieran prestaciones por desempleo no se les exigiría buscar trabajo para percibir dichos beneficios mientras estuvieran enfermos de Covid-19. El liderazgo nacional del Sindicato de Camioneros arroja un pobre historial en la lucha por los intereses de su afiliación, por lo que los propios trabajadores están tomando medidas. La empresa de paquetería UPS tiene 250.000 conductores, clasificadores y cargadores que son camioneros. Miembros del sindicato Camioneros por un Sindicato Democrático (TDU), un grupo que aspira a reformar la Asociación Internacional de Camioneros, están haciendo circular una petición pidiendo a UPS que haga lo adecuado para: 1) desinfectar el lugar de trabajo; 2) dar tiempo para lavarse las manos; 3) proporcionar bajas remuneradas por enfermedad; 4) suavizar la política contra el absentismo laboral.

Muchos sindicatos y otras organizaciones de trabajadores han presentado demandas, entre las cuales las más comunes son las siguientes:

– Detección y tratamiento gratuitos para todos los trabajadores y trabajadoras.

– Mantenimiento de ingresos, incluso si el personal se ve obligado a quedarse en casa.

– Que no haya pérdida de empleo durante la crisis epidémica.

– Días de baja por enfermedad pagada para todos y todas sin parte de facultativo.

– Protección de la salud de los trabajadores y trabajadoras del sector público y privado encargados de responder a la crisis.

Los sindicatos de enseñantes de Chicago y Nueva York exigieron el cierre de las escuelas cuando los gobernadores y alcaldes no lo hacían, tal y como ya se había hecho en Los Ángeles, San Diego y muchos otros distritos. Algunas organizaciones de trabajadores y trabajadoras inmigrantes han exigido que las personas indocumentadas también tengan acceso a todos los programas de salud y otras prestaciones.

Labor Notes, un centro de formación laboral que promueve la democracia y la reforma sindical, presentó un programa inmediato para afrontar el tema del coronavirus:

“Depende de nosotros exigir lo que sabemos que es factible: la intervención del gobierno para hacer posible que todas las personas, no solo las ricas, hagan lo apropiado:

– Necesitamos días de baja por enfermedad pagados para que los trabajadores y trabajadoras puedan quedarse en casa y la anulación de las políticas empresariales que les penalizan incluso por usar sus días de baja por enfermedad. El proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes la semana pasada, y aceptado a regañadientes por el presidente Trump, excluye a las empresas de más de 500 trabajadores (que son el 54% de la fuerza laboral), y permite a la pequeña empresa optar por no aplicar el permiso parental y el seguro médico.

– Necesitamos un acceso universal y gratuito a la atención médica durante la duración de esta crisis y, tan pronto como sea posible, Medicare para todos. Sin esta, la atención médica solo está diseñada para atender según la urgencia a quienes puedan pagarla (si el Congreso hubiera aprobado el proyecto de ley Medicare para Todos, presentado por el representante Pramila Jayapal y el senador Bernie Sanders, diseñado para la gente que no puede costearse ir al médico, estaríamos mucho mejor ahora).

– Necesitamos prestaciones por desempleo ampliadas y pagadas por el gobierno federal para las personas despedidas y para quienes viven de propinas y eventos.

– Necesitamos detener los desahucios, las ejecuciones hipotecarias y los cortes de servicios públicos. Que se mantenga a las personas en sus hogares, sin amontonarlas en refugios. Para las personas desempleadas o subempleadas repentinas necesitamos un alivio del pago del alquiler.

– Necesitamos proteger a las y los trabajadores de la sanidad con un equipamiento que les permita seguir trabajando para todos y todas y sobrevivir a este desastre. Necesitamos nacionalizar las fábricas que pueden producir mascarillas, batas y respiradores, sin mencionar los kits para los test y eventualmente para las vacunas, y orientar la producción para atender las necesidades humanas en lugar de la finalidad de lucro.

– Necesitamos prestaciones y solidaridad con las personas asiático-americanas, a quienes algunos energúmenos han atacado como si fueran las responsables del virus.

– Necesitamos la cooperación internacional para aprender de los países que están haciendo un mejor trabajo que EE UU”.

Labor Notes también presentó un conjunto de demandas a largo plazo para el movimiento obrero:

– El tiempo por baja de enfermedad pagado debería convertirse en ley, como ocurre en la mayoría de los países.

– Se debe garantizar atención médica gratuita a todas las personas residentes, lo que ayudará a mantener más seguridad y sacar la atención médica de la mesa de negociaciones. Ahora eso sería cambiar el terreno de juego, una doctrina del shock a favor de nuestro campo.

– Se debe prohibir a las empresas que eleven desmedidamente los precios de los test de coronavirus, de las vacunas o de los tratamientos. Y mientras estamos en eso, ¿por qué no aplicarlo a cualquier otra prueba o tratamiento? Las corporaciones farmacéuticas ya están pescando beneficios con posibles vacunas y tratamientos, incluso cuando la investigación subyacente se esté financiando públicamente.

– Poner fin a la clasificación errónea de millones de trabajadores como contratistas independientes, lo que significa que no aparecen como beneficiarios de prestaciones por desempleo.

– Necesitamos trabajos que paguen un salario digno. Esta crisis pone al descubierto la pobreza que existe en nuestro país, supuestamente rico, cuando las y los maestros señalan que su alumnado depende de las comidas que reciben en la escuela. Y en la ciudad de Nueva York, una décima parte de estudiantes carece de hogar.

– Necesitamos viviendas seguras para todos y todas. Un virus altamente contagioso muestra cuán profundamente depende la salud de cada persona de la salud de toda su comunidad. ¿Cómo te lavas las manos si duermes en la calle o cómo haces distanciamiento social en una prisión o en un centro de detención CIE?

– Si las empresas se oponen a las medidas de protección, o si se quejan de las ganancias perdidas, que las cumplan y ejecuten en interés público. No hay rescates para los directivos de bancos, aerolíneas, compañías petroleras o navieras, solo para las y los trabajadores de esas compañías.

Si bien Labor Notes, algunos sindicatos, grupos de base y núcleos de trabajadores han presentado ideas programáticas importantes, queda por ver qué pueden hacer en este momento de crisis sanitaria. El distanciamiento social hace que sea prácticamente imposible participar en acciones en los lugares de trabajo, celebrar reuniones, marchas o protestas. Aun así, la organización puede y continuará virtualmente usando el correo electrónico y la videoconferencia, preparándose así para el final de la epidemia y el comienzo de una nueva organización.

Mientras tanto, toda la sociedad, pero especialmente la gente pobre, enferma, anciana, indigente y discapacitada, pregunta: ¿qué puedo hacer?, ¿a quién puedo recurrir?, ¿dónde conseguiré mi comida?, ¿quién me va a ayudar? En muchos lugares alguna forma de ayuda mutua se ha iniciado desarrollando actividades como hacer compras para las personas ancianas y discapacitadas. Muchas otras experiencias están en proceso.

La campaña de las primarias en el Partido Demócrata

Todo esto tiene lugar durante la culminación de la campaña electoral de las primarias en el seno del Partido Demócrata. Al principio había más de veinte candidatos, pero después del Supermartes del 3 de marzo, solo quedaron dos: Joe Biden y Bernie Sanders, y desde el Supermartes II del 10 de marzo, Biden tiene 898 delegados y Sanders 745. Como resultado del coronavirus, desde el 10 de marzo los candidatos han cancelado todas las apariciones públicas y reuniones y, a fin de promover el distanciamiento social, el debate final entre los dos candidatos supervivientes se celebró el domingo 15 de marzo en una sala vacía sin partidarios para animarles. El tema principal era el coronavirus y ambos candidatos intentaron dirigirse a la población estadounidense en general y, con frecuencia, se dirigieron claramente al electorado de clase media y trabajadora. Biden, que fue el vicepresidente de Barack Obama, es el candidato del establishment del Partido Demócrata que representa a determinados intereses financieros y empresariales. Sanders, un senador independiente desde hace mucho tiempo, que se describe a sí mismo como un socialista democrático y que hace un llamamiento a favor de un tercer New Deal, en línea con el del presidente Franklin D. Roosevelt, tiene poco apoyo de la clase capitalista, pero tiene un seguimiento masivo entre la gente. Y aunque ha sido el congresista y senador más partidario de la clase obrera, solo cuenta con el apoyo de unos pocos sindicatos. Biden, por otro lado, cuenta con el apoyo de los sindicatos más grandes e importantes del país: entre otros, la Asociación Nacional de Enseñantes, la Asociación Internacional de Maquinistas y el Sindicato del Transporte. Se puede esperar que todos le respalden si gana las primarias. La gente votante de más edad y la negra, que se encuentran entre las más fiables, apoyan a Biden, mientras que Sanders cuenta con el apoyo del menos fiable voto juvenil.

El tema dominante en el último debate fue la pandemia del coronavirus, que giró en torno a la pregunta de cómo estaba respondiendo Trump y cómo responderían Biden y Sanders. Ambos candidatos del Partido Demócrata criticaron duramente a Trump por defraudar al pueblo estadounidense en esta emergencia nacional. Biden argumentó que el pueblo estadounidense no quiere una revolución política como la que Bernie estaba propugnando, sino respuestas prácticas. Pidió una especie de respuesta en tiempos de guerra con base en la Casa Blanca y movilizando todos los recursos nacionales para responder a la pandemia. Sanders, por otro lado, presentó su principal demanda de campaña en torno a Medicare para Todos, que es un sistema de salud de un solo pagador como el que existe en Canadá. Habló repetidamente sobre las necesidades de las personas trabajadoras, mujeres, inmigrantes y pobres. Las encuestas muestran que hasta el 70% de los estadounidenses apoyan el Medicare para Todos, pero como el propio Bernie admite, aunque ganó el debate ideológico, no logró convencer a los estadounidenses para que le apoyaran para la presidencia.

El martes 17 de marzo, Biden ganó tres primarias estatales más y ahora tiene 1.147 delegados frente a los 861 de Sanders. Es muy poco probable que Sanders pueda ganar la nominación del Partido Demócrata. Y mientras tanto, Trump se ha presentado por primera vez para postularse como líder nacional, abordando la crisis de salud más en serio y también solicitando medidas de emergencia para abordar la crisis económica, y prometiendo otorgar dinero directamente a todos los estadounidenses. Uno tiene que preguntarse si Trump saldrá de esto como un sólido candidato para la reelección.

La izquierda y las crisis

La izquierda estadounidense creció exponencialmente al calor de la campaña de Bernie Sanders para presidente. El partido Socialistas Democráticos de América (DSA) apoyó a Sanders a principios de su campaña de 2016 y en el período de 2016 a 2017 creció de unos pocos miles a 55.000 miembros. Ahora DSA es la organización de izquierda más grande e importante en EE UU y se lanzó de lleno a favor de la campaña de Sanders, algo que absorbió gran parte de su energía, aunque también continuó siendo activa en los movimientos sociales: desde las reivindicaciones feministas y ecologistas hasta los derechos de los y las inmigrantes.

La derrota de Sanders en las primarias del Partido Demócrata afectará al DSA y habrá cantidad de discusiones y debates para determinar a dónde va la organización a partir de ahora. DSA es en buena medida una organización joven de veinteañeros que no está preparada para desarrollar un liderazgo capaz de afrontar el coronavirus o la crisis económica. Si bien hay un pequeño porcentaje de miembros con experiencia de otras crisis en movimientos sindicales y sociales, el grupo en su conjunto tendrá que formarse con rapidez para ponerse al día.

Algunos grupos minoritarios de la izquierda, creyendo que los partidarios de Sanders buscarán una alternativa de izquierda, están llamando a los simpatizantes para construir un partido verde o para organizar un nuevo partido sindicalista, socialista o incluso revolucionario, si bien parece haber poca probabilidad de que tal cosa suceda, especialmente si ambas crisis continúan siendo profundas. El Partido Verde obtuvo solo el 1% en las últimas elecciones presidenciales y no existe ningún partido de la clase trabajadora en ningún lugar de EE UU. La clase trabajadora estará en estado de shock por las crisis actuales y llevará años desarrollar una respuesta en los sindicatos y en los movimientos, y más tiempo aún crear un partido político. El coronavirus y la recesión nos desmotivarán a todos y todas, empujándonos hacia atrás, por lo que tendremos que trabajar para mantenernos de pie y responder. Colocaremos en el centro de nuestro pensamiento, como siempre, la democracia y el poder de los trabajadores y las trabajadoras.

Dan La Botz es enseñante, escritor y periodista. Es coeditor de New Politics

Traducción: Javier Maestro para viento sur

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