EEUU: El Partido Demócrata mina a los candidatos al estilo de Bernie Sanders

Desde que perdieron la presidencia frente a un presentador de programas de tele-realidad con tonalidades de “ganchito”, los líderes del Partido Demócrata han dejado claro que prefieren perder antes que contemplar el más ligero tufo de socialdemocracia al estilo del New Deal.
El ala de Bernie Sanders podría aportar energía de la base, amén de – si hemos de creer a las encuestas – ideas populares, pero sus políticas redistributivas plantean demasiadas amenazas a los grandes donantes del Partido como para permitir que lleguen alguna vez a figurar en la agenda.

Hasta una victoria simbólica significa ceder demasiado a esas hordas juveniles y plebeyas que creen que la sanidad y la educación son derechos humanos y no lujos extravagantes, como vimos cuando el estamento de poder de los demócratas reclutó a Tom Pérez para derrotar a Keith Ellison, un progresista respaldado por el electorado, en la presidencia del Comité Nacional Demócrata.

Los demócratas han demostrado esto una vez más esta semana, cuando en unas elecciones especiales ocasionadas por la designación de Mike Pompeo por parte de Trump como director de la CIA, un “berniecrata” llamado James Thompson estuvo penosamente cerca de conseguir un escaño por Kansas al Congreso que había sido republicano durante más de dos décadas, y su partido ni siquiera intentó echarle una mano.

Si la foto de Thompson no aparece en la página de Wikipedia sobre “populismo de izquierda”, la verdad es que debería figurar. Después de haber crecido entre dificultades, periodo durante el que llegó a carecer de hogar, ingresó en el Ejército y fue a la Universidad gracias a las disposiciones de la ley para militares. Luego se licenció en la Wichita State University y la Washburn University antes de ejercer como abogado de derechos civiles. Tiene armas y le viene al pelo la gorra de camionero.

En un mensaje de presentación grabado en la Red, Thompson declaraba que “se sintió inspirado por Bernie a presentarse” y hablaba de “valores progresistas” como la sanidad universal, la educación y el salario mínimo de 15 dólares la hora. Se declaraba asimismo a favor de gravar fiscalmente y legalizar la marihuana, regular Wall Street y revocar Citizens United [la decisión judicial que permite la financiación ilimitada de las campañas electorales]. No sorprenderá que recibiera el respaldo de Nuestra Revolución, la organización progresista de acción política surgida de la candidatura de Sanders.

Después de derrotar a un demócrata del estamento de poder en las primarias, Thompson prometía emprenderla con Trump y los republicanos, así como con el impopular gobernador republicano del estado, Sam Brownback, y oligarcas como los hermanos Koch con cuartel general en Kansas.

En un anuncio de campaña, Thompson dispara un rifle AR-15 contra una diana antes de transmitir un mensaje abierto, de clase: “Las gentes de cualquier color, raza, religión quieren todas la misma cosa básica…quieren ser capaces de poder mantener a su familia y darles una buena educación a sus hijos. Tenemos que hacer que este país tenga de nuevo que ver con la familia de clase trabajadora”.

Si bien su candidatura parecía tener pocas probabilidades en un distrito que sólo el año pasado reeligió a Pompeo con el 60.7% del voto, en las semanas anteriores a las elecciones la carrera se volvió inesperadamente reñida.

Esto llevó a una repentina inyección de fondos del Comité Nacional Republicano del Congreso (CNRC) al oponente de Thompson, Ron Estes, que recaudó al final 459.000 dólares, 130.000 de ellos del CNRC. Recibió también donaciones masivas de representantes de la gran empresa y ayuda de figuras nacionales como Paul Ryan, Mike Pence, Ted Cruz, y el mismo presidente, que tuiteó acerca de la contienda electoral.

Estes gastó muchos de sus fondos en anuncios de ataques en televisión, como el que afirmaba que Thompson apoya utilizar dólares de los impuestos para financiar abortos tardíos, al igual que abortos llevados a cabo porque a los padres no les gusta el sexo del bebé.

Considerando nuestro actual clima político, se podría pensar que los demócratas se abalanzaron ante la oportunidad de recuperar un escaño en el Congreso y demostrar su oposición a Trump, pero estaríamos equivocados. Si bien Thompson logró recaudar 292.000 dólares sin ayuda del Partido, 95% de los cuales venían de particulares, ni el CND, ni el Comité de Campaña Demócrata del Congreso (CCDC), ni siquiera el Partido Demócrata de Kansas, quisieron ayudarle para que ese total aumentase de forma substantiva. Su campaña solicitó 20.000 dólares al Partido Demócrata del estado y se los negaron.

Luego se ablandaron y le concedieron 3.000 dólares (de acuerdo con el Comité Federal de Elecciones, el Partido disponía de cerca de 145.000 dólares). El Partido Demócrata nacional no le dio nada hasta el día antes de las elecciones, cuando le agració con algunas llamadas directas y otras llamadas grabadas. Perdió por siete puntos de diferencia.

En una entrevista con el Washington Post, Pérez confirmó que el CND no le daría a Thompson ni un ochavo. “Podemos hacer progresos en Kansas”, declaró. “Todos los años, sin embargo, hay miles de elecciones. ¿Podemos invertir en todas ellas? Eso requeriría un aumento de envergadura en la financiación”. Comprobemos los datos: el CND dispone de un fondo sólo para elecciones al Congreso, de las que únicamente se celebran diez este año.

Contrástese eso con lo que Pérez declaró solo unos meses antes cuando prometió una “estrategia para los 50 estados” además de “un compromiso con zonas rurales y organizadores en todos los distritos postales”. En una entrevista con la radio pública posterior a la victoria, mencionó Kansas de modo concreto como uno de los lugares en los que los demócratas podían ganar. ¿A qué ese cambio radical?

Defendiendo su decisión, los portavoces del Partido han adoptado la absurda línea de que darle dinero a Thompson habría dañado en realidad sus posibilidades de ganar, porque entonces todo el mundo habría sabido que es demócrata, y los de Kansas odian a los demócratas (detengámonos un momento para darnos cuenta de que esta es la misma gente que sigue diciendo que el Partido no necesita un nuevo rumbo).

“No llegas ni a cifras de un solo dígito en un distrito como este si eres un demócrata de los nacionales”, declaró al Huffington Post Meredith Kelly, directora de comunicaciones del CCDC.

“Se acabó la historia. Esto es lo que hay. Hay ciertas carreras en las que no ayuda estar ligado a los demócratas nacionales del distrito de Columbia”. Se acabó la historia, idiota.

Debe ser que nadie le ha dicho a Kelly que Thompson ya estaba ligado a los “demócratas nacionales del D.C.” en virtud de que está en el Partido, un hecho que Estes se sintió encantado de explotar en un anuncio en el que le atacaba mostrándose literalmente hasta la cintura en una ciénaga que tenía la esperanza de limpiar.

“Los liberales intentan birlar estas elecciones apoyando a un abogado al que respalda Bernie Sanders, porque saben que votará lo que le diga Nancy Pelosi”, afirmó. Parece que a Thompson le tocó esta vez todo lo malo de ser demócrata, y nada de lo bueno.

Una persona a la que el partido cree que no le perjudicará su ayuda es Jon Ossoff, que compite en un distrito parecidamente republicano, pero mucho más rico, en Georgia. Hasta la fecha, el CND ha recaudado para él unos 8,3 millones de dólares y se ha comprometido a enviarles nueve afiliados como personal de campaña para organizar los esfuerzos sobre el terreno.

Aunque es joven, se trata de un acólito del estamento de poder de los demócratas, que ha trabajado para John Lewis y Hank Johnson, de la Cámara de Representantes, y que respaldó a Hillary Clinton en las primarias. Estudió en Georgetown antes de acudir a la London School of Economics y habla bien francés. Tiene el apoyo de varias celebridades de Hollywood.

Los demócratas creen que Ossoff es justo el tipo que puede devolver al redil a su opulento distrito de las afueras (está claro que perder las elecciones a escala nacional no ha sido suficiente para invertir el rumbo de la más fatídica de las estrategias de 2016: cambiar a los blancos de cuello azul por los ricos del extrarradio).

El portavoz del Partido Demócrata en Georgia, Michael Smith, declaró que es la oportunidad de “propinar a la Casa Blanca su primera derrota electoral”. Los blogueros liberales se mean de gusto con esta “veleta de viento a favor” para un temprano contragolpe a Trump. Es como si la campaña de Thompson nunca hubiera tenido lugar.

Al negarse a financiar las campañas de todo el que no sea cómplice centrista de su estamento de poder, el Partido Demócrata se propone convertir la falta de viabilidad política de las “berniecratas” en profecía autocumplida: dejar a sus campañas tan famélicas de recursos que no puedan vencer, y apuntar luego a esas derrotas como ejemplo de que no pueden ganar.

Si eso significa unos cuantos escaños “rojos” [color de los republicanos] más en el Congreso, que así sea. Cuanto más se haga esto, menos absorberá el Partido Demócrata la “revolución política” de Bernie y más propulsará los terceros partidos y la acción directa.

Demócratas, gozáis de libertad para seguir devorándoos a vosotros mismos. A este paso, tendremos un partido socialista en nada de tiempo.

Jamie Peck es periodista de la revista digital Death and Taxes. Es colaboradora de medios como The New York Observer, NewYork.com, Village Voice Media, MTV Hive, The Gloss, Vice y Crushable.
Fuente: The Guardian, 13 de abril de 2017

Traducción:Lucas Antón

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