EEUU. El estado de la Unión es tóxico

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El discurso sobre el Estado de la Unión 2020 de Donald Trump fue, como era de esperar, depravado. Pero el discurso fue un ejemplo del tipo de retórica sedienta de sangre que podemos esperar en su campaña de reelección este otoño. Una retórica que un candidato liberal-centrista demócrata débil no podrá vencer.

El estado de la Unión es fuerte, los empleos crecen por doquier, el orgullo nacional ha vuelto, el poderío estadounidense no tiene rival y los enemigos de Estados Unidos huyen en desbandada. Tales fueron los temas del discurso anual de Donald Trump ante el senado y la Cámara de Representantes (y de prácticamente todos los anteriores).

El Estado de la Unión siempre ha sido un ejemplo de la absurda liturgia institucional de la política estadounidense. Anoche, un presidente que acaba de cerrar sin testigos un proceso de juicio político y está envuelto en tantos escándalos que no se pueden contar, presumió y faroleó repitiendo una cadena de lugares comunes edulcorados («Esta nación es nuestro lienzo, y este país es nuestra obra maestra», dijo en un momento) que podrían haber ha sido pronunciado por presidentes anteriores tanto demócratas como republicanos.

En medio de tanto pan y circo, los miembros electos de la oposición nominal se levantaron para aplaudir entusiasmados el cambio de régimen (personificado en la asistencia del conspirador venezolano Juan Guaidó al discurso ) y la idea abstracta de unos Estados Unidos rural mientras se abstuvieron cortésmente o aplaudieron con resignación y deferencia a los trozos del discurso arrojados como carnaza a las audiencias conservadoras de los telediarios de Fox News. La culminación del evento fue un acto de desafío teatral por parte de la representante Nancy Pelosi, que rompió pública y ostentosamente las páginas del discurso que le había entregado Trump, que con toda probabilidad será olvidado dentro de las veinticuatro horas.

Era, por falta de un mejor cliché, la política estadounidense en miniatura.

Previsiblemente cargado de machismo e hipérbole, el discurso de Trump hizo una narración demasiado familiar de una economía hasta ahora en declive en recuperación milagrosa; de fuerza imperial sin igual en todo el mundo; y de un país donde cualquiera que trabaje duro y juegue según las reglas seguramente será recompensado. Con algunas variaciones, es una fábula contada por muchos presidentes anteriores. Sin embargo, viniendo de los labios de Donald Trump, sus contradicciones y absurdos se vuelven mucho más obvios. Trump deja al descubierto las liturgias vacías de la política estadounidense como pocos otros presidentes, porque se parece demasiado a un personaje de dibujos animados en medio de la presunta autoridad indiscutible del cargo que ocupa.

Bajo la amenaza del desastre climático, de unos salarios estancados, con una deuda médica que se dispara y la brutalidad de la vida cotidiana para millones de estadounidenses, el ex anfitrión de reality shows que se alzó a codazos hasta la presidencia ejecutiva más poderosa del mundo le colocó una medalla a Rush Limbaugh y ensalzó la virtud de los agentes de policía que persiguen a los solicitantes de asilo mientras informa a la nación que las cosas nunca han sido mejores. Desde lo alto del estrado, Trump era tan barroco como siempre, un Nerón posmoderno que preside el fin de los tiempos con todo el triunfalismo de Winston Churchill en el Día de la Victoria.

A pesar de lo previsiblemente vacío y absurdo del discurso, su contenido ofreció una pista de lo que ocurrirá el próximo otoño cuando el presidente intente su reelección. Aunque la retórica de Trump nunca ha igualado su balance ejecutivo, esta noche fue testigo de una verborrea populista sobre comercio y de cómo se postuló como el guardián de Medicare y la Seguridad Social. Las frases «pro-trabajador» y de «enaltecimiento del cuello azul» aparecieron incluso cuando criticó la “el intento de control socialista de nuestro sistema de salud». Las evocaciones sensacionalistas de la criminalidad de los inmigrante y de la invasión extranjera dieron el tono, junto a más nacionalismo excluyente y un falso populismo.

A pesar de su grotesco mensaje, no será derrotado por la retórica y las políticas inexplicablemente aún en boga entre los liberales centristas. Como se demostró en las elecciones de 2016, la mezcla de liberalismo tecnocrático,  una vaga indignación y una retórica vacía de inclusión es lamentablemente vulnerable ante el populismo tóxico de Trump. El discurso del Estado de la Unión de esta noche es una seria advertencia sobre lo que puede suceder si la campaña de reelección de Trump es ayudada por otro candidato convencional demócrata como adversario en noviembre.

Fuente: https://jacobinmag.com/2020/02/trump-state-of-the-union

Traducción: Enrique García

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