Educación para NO pensar

Nuestra Universidad de Panamá es un lugar de creación y de esperanza. O al menos, eso debería ser. Sin embargo, caminamos por ella desencantados, sintiendo a cada paso un inevitable malestar. El miércoles 21 de marzo un adscrito y servil a la administración universitaria me dedico un articulo llamado “mitómano profesional”, donde aseveraba una serie de falacias indicando que se hacen pasar por mis escritos, cuestión que es falsa por que soy el responsable de cada uno de ellos, que tengo 10 años escribiendo, también es falso, y que me mueve un sentimiento de amargura, ¿Por qué? por quitarle las vendas a muchos, y ofrecerle al lector universitario y de la sociedad la realidad en la cual se vive en la Universidad. Fue un articulo bajocre, antiacadémico y de defender lo indefendible, fue un articulo que denotaba un bajo debate de ideas e intolerancia a la disidencia y a la opinión como ciudadano y estudiante.

Por ende en nuestra Universidad de Panamá, con la actitud y reflejo de este llamado “Profesor”, me convenzo cada vez mas que en nuestro claustro es muy difícil conseguir un pensamiento libre, por que profesores como este nos educan mal para no tener un pensamiento libre, condicionan nuestros pensamientos, en otras palabras la universidad vive una democracia pervertida, por consecuencia esta secuestrada.

El afán de dominio de algunos profesores que así entienden su carrera, se nutre de una racionalidad instrumental que esgrime la censura para oponerse a las opiniones, una carrera académica trocada en dominio administrativo y tecnocrático que desalienta su potencial hacia acciones unificadoras que lleven a la reconquista de espacios de libertad.

Los que caminamos por la universidad en busca de un mejor camino, intentamos evadir las dinámicas que obstruyen, detienen, desvían las posibilidades de madurar teóricamente, de lograr una integración interdisciplinaria en proyectos visionarios, de formar parte de un todo, ello requiere de una voz, la voz que se resiste a la mentalidad político-administrativa con la que se ha investido el que hoy asume el papel del amo.

La universidad se ha visto de esta manera transformada en un mapa invisible de grupos y grupúsculos, caracterizados por su capacidad de impedir y trastornar todo proyecto renovador y creativo que los amenace. Una universidad que por encima de su creatividad, de sus innegables talentos, ha sido inducida a la simulación, al vacío de ideas, a la incapacidad, a la intolerancia, las des-civilización, la acción indirecta, el enfrentamiento lateral u oblicuo, el golpe artero, donde a la final lo único que busca es la muerte intelectual de esos otros que consideran sus enemigos, lo que equivale a decir, la muerte institucional que hoy nos amenaza como consecuencia de los abusos y costumbres que nos invaden.

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