Educación cívica para jóvenes : La pasividad mata

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La inercia que mostramos como humanos ante nuestros defectos y limitaciones, tanto como ante nuestras condiciones negativas de existencia en general es, en muchos casos, sorprendente. Y en otros mortales, por no afrontar con valor lo que nos impide la libertad, la salud o la alegría de vivir.

Viendo el catálogo de miserias en nuestra especie, las injusticias,y crímenes que a diario se cometen, la penuria de las vidas de cientos de millones que callan y prefieren morir en silencio de hambre, de enfermedades curables, guerras y tantas otras formas de violencia, no podemos más que asombrarnos ante tantas formas malignas que se derivan de la pasividad, del dejar hacer, del dejarse llevar, del ir con la corriente general sin resistencia y lo peor de todo, sin cuestionarse las causas de la pasividad para eliminarla y transformarse uno primero a sí mismo y eliminar de su interior aquello que desea ver transformado en el exterior. No están preparados para hacer una revolución externa quienes no la hacen primero contra sus enemigos internos. Conocerlos es la primera tarea.

La dosis de verdad de sí mismo que cada uno puede soportar sirve como indicador de hasta dónde se está dispuesto a llegar con todo lo que es verdadero. El grado de compromiso con los descubrimientos del interior se reflejará inevitablemente en el compromiso con los demás. La voluntad de poder personal, cuando se deriva de la verdad practicada se convierte en energía y lleva a realizar aquello que uno ha descubierto como bueno. De este modo se convierte en una fuerza social.

Instalados en el “dejar hacer”/“dejarse llevar”, los ciudadanos votan en una democracia, que es como se llama ahora a la partidocracia. Y quien vota, lo hace en realidad a conciencias parecidas a la suya. Es poco probable que un avaro vote a un comunista o un ateo a un clérigo, por poner dos ejemplos. Se suele votar a personas con las que el votante se siente identificado por su aspecto, por su estilo personal, su dialéctica, (o sea, por la apariencia) mucho más que por sus programas concretos. Por su parte, los políticos votados son un tipo de actores que pretenden conjurar los miedos del respetable público asegurándoles todo aquello que este desearía conseguir.

Y aunque unos y otros sepan en el fondo que las promesas nunca se cumplen, se acude a las urnas como a todos los ritos sociales, pero con menos entusiasmo. Por eso hay tan altos porcentajes de abstenciones. Se intuye que votar en estos sistemas disfrazados de demócratas es poco efectivo para cambiar a mejor la vida de la gente. Esta forma de pasividad es comprensible, pero no suficiente. Revela resistencia, pero no propone nada mejor. Es simplemente “el que calla otorga”.

Tampoco son necesariamente mejores personas los votados que los votantes; no pertenecen a una clase especial de humanos, sino, como se dice, a una clase especial de actores. Y por supuesto, no es una cuestión de inteligencia o de imaginación la que encumbra a unos en el poder sobre otros (basta mirar lo que hacen los políticos y especialmente lo que dejan de hacer para saber eso). Con ciudadanos pasivos, resignados y partícipes de todos los espectáculos que monta el Poder, los gobiernos son muy representativos de un determinado estado generalizado de conciencia mundial llena de defectos individuales.

Algunos llaman a eso la bestia que todos llevamos dentro. En cuanto uno pierde el control sobre ella, aparece aunque habitualmente se oculte entre la pasividad, la indiferencia, la hipocresía, la sumisión, el miedo a asumir responsabilidades, o a rebelarse, la inseguridad de lo que se es o se quiere, la admiración al Poder al que tanto se imita porque en el fondo –como sucede con la riqueza- se quisiera tener por los imitadores. Ese conjunto de elementos está presente en las relaciones de pareja, o sociales, y otras más que ese mismo Poder pone en circulación a diario para manipulación de la mente y la conciencia colectiva.

A través de sofisticados medios, a través de gobiernos, prensa, televisión, educación y políticas empresariales, un enorme engranaje se pone en marcha a diario para fijar la atención, reducir oposiciones y conducir a las masas hacia aquellos temas que se pretenden airear para beneficio de los poderosos olvidando así otros más urgentes a los que habría que abordar&nbsp si se quisiera el &nbsp beneficio de la mayoría de los otros-o sea: nosotros-y eliminar esa “bestia que todos llevamos dentro”, que no es otra cosa que el EGO y sus máscaras del “mío, mi, para mí”, “yo, yo, yo”.

Como objetivo central se trabaja en las clases dirigentes (políticos, empresarios, clero, con sus respectivos peones y amas de llaves intelectuales) para que los pueblos no tengan metas diferentes a las que se les marcan como posibles y deseables, en ningún caso las de cuestionarse a sí mismos ni como pueblo ni como personas. A menudo esgrimen el bienestar material y la seguridad como metas supremas, dos excusas muy bien recibidas por los amantes de la pasividad con las que se presentan para justificar su vampirismo y vestirlo de aparente dignidad.

A estas metas se dirigen ciegamente las masas humanas, creyendo no sólo que son verdaderas metas, como se les repite sin cesar, sino que los que son votados en las urnas están mejor dispuestos y preparados que cualquiera -a pesar de los errores que cometen, de las promesas que&nbsp incumplen, de las corrupciopnes que sostienen&nbsp )&nbsp para llevar a sus electores a la cima del Bienestar Material y la Seguridad con mayúsculas en todos los terrenos: trabajo, beneficios sociales, sanidad, educación,, etc.

La filosofía que subyace en esta psico-sociología aplicada a las conductas es muy simple: tener, da seguridad. Tener más, da más seguridad. Y en eso no hay límite: se puede desear tener indefinidamente, que es la actitud que se pretende conseguir de las sumisas mayorías para que consuman y consuman, objetivo central número uno.Eso exige trabajar más y más mientras el cuerpo aguante (si es que hay trabajo) para alcanzar el paraíso a través del consumo. Y si uno es arrojado del trabajo, los dobles deseos de seguridad y consumo se convierten en frustraciones, pero la gente no se rebela fácilmente. No tenemos más que ver cómo está el mundo.

La filosofía del querer tener basada en el individualismo del mío, mí, para mí, es contraria a la filosofía del ser, encaminada a metas espirituales y sociales más elevadas. Pero eso exige amor, altruismo, bondad, desinterés por lo material, espíritu cooperativo, generosidad, conciencia pacífica desarrollada. Este es el antídoto de la bestia y la levadura de todo proceso revolucionario. Sin esta levadura las masas son conducidas como rebaños mediante la tactica del «Ata, separa y domina» de sus pastores.

Los que gobiernan y las jerarquías religiosas que suelen conducir el rebaño y explotarlo para vivir a su costa, no cesan de alabar&nbsp las buenas &nbsp cualidades, pero no las practican. Esto es exactamente lo que sucede a la mayoría de ciudadanos, así que podemos estar de acuerdo con relativa facilidad en que son impensables gobiernos justos, bondadosos, etc. mientras no practique cada uno su autogobierno de bondad, justicia, etc. Sin esta condición, no es posible que exista una civilización&nbsp que deseamos ni tengamos los gobiernos que la defiendan. Entre tanto canta victoria el “Ego que todos llevamos dentro” sin ser cuestionado.

Los tres principios del Ego son los soportes del Poder.

Si dirigimos ahora nuestra atención a la presión mediática para la manipulación sobre cada persona en el sentido de inducirle a actuar tal como se desea por políticos, iglesias, comerciantes, industriales y parecidos y observamos la filosofía competitiva e individualista que impera en colegios y lugares de trabajo, nos damos cuenta enseguida que los esfuerzos de todos ellos van encaminados a conseguir un comportamiento colectivo basado en la práctica de tres principios básicos que cualquier tipo de poder se afana en llevar a cabo en cualquier parte donde existan colectivos humanos: ata, separa, domina.

lrededor de estos tres ejes de comportamiento negativo giran la mayor parte de las relaciones humanas egocéntricas, y por supuesto, son estos los que definen exactamente el modo en que operan los poderes políticos mundiales civiles o religiosos. El “ata, separa, domina” se nutre de envidia, ambición, orgullo, miedo, odio, y otras energías negativas auténticamente demoníacas que desean imponer estos principios opuestos a las leyes divinas del amor que es unidad, libertad, igualdad, justicia y altruismo.

Y mientras las fuerzas negativas del ego son paralizantes de la acción personal y social y conducen a&nbsp resignada pasividad, las fuerzas positivas inducen al movimiento, a la acción cooperativa libre y desinteresada y al progreso personal y colectivo. Por eso los intentos del Poder por evitar que florezcan esas conductas son inusitados y aquí hacen un gran papel las escuelas, los curas y los medios de comunicación.

Las energías negativas del lado oscuro son muy reales y muy activas, y tienen acceso directo por la ley de semejanza al subconsciente de quienes son parecidos y no se corrigen. Desde esa plataforma, pueden actuar utilizando a las personas como instrumentos para inducir a otros a cumplir sus propósitos contra las leyes del amor, la unidad, la hermandad, la justicia, la igualdad. De ahí la importancia de tener al ego bajo control y la razón del trabajo espiritual, de la revolución personal, que nada tiene que ver con las iglesias.

Es verdad que podríamos pensar que esas fuerzas oscuras de las que son partícipes los gobiernos y los cuerpos policiales y militares que siempre defienden a los ricos son los responsables de todos los males sociales con sus mortíferas armas modernas y otras formas de represión. Sin embargo es bueno recordar aquellos versos de Bertolt Brecht: “General, tu tanque es poderoso, pero tiene un defecto: necesita un hombre que lo sepa guiar”.

La Regla de Oro nos recuerda: “Lo que quieras que te hagan a ti hazlo tú primero a otros” .Dicho de otro modo: “No hagas a otro lo que no quieres que se te haga”. Mientras esta conducta no sea cotidiana en la mayor parte de la humanidad viviremos esta pasividad que mata en tantas partes, seguirá el manejo de las amplias mayorías por minorías organizadas opuestas al bien común, y el general tendrá en su tanque un hombre dispuesto a disparar. ¿Es eso lo que queremos?

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