Eduardo Tato Pavlovsky, la ética del cuerpo

Por Néstor Kohan

Por Néstor Kohan La dictadura militar argentina (1976-1983) fue genocida. No es un secreto. Miles de secuestros, asesinatos, torturas, robos de bebes y muchos otros robos de gran calibre (no una campera, ni un teléfono celular ni un par de zapatillas, sino los miles de millones de dólares de la eterna deuda externa). Eso se […]

Por Néstor Kohan

La dictadura militar argentina (1976-1983) fue genocida. No es un secreto. Miles de secuestros, asesinatos, torturas, robos de bebes y muchos otros robos de gran calibre (no una campera, ni un teléfono celular ni un par de zapatillas, sino los miles de millones de dólares de la eterna deuda externa). Eso se sabe y con detalles. Se conoce mucho menos el apoyo-complicidad civil activa con el genocidio. En primer lugar, obviamente, por parte de empresarios, industriales, terratenientes y banqueros, multinacionales y otra gentuza del mismo talante que se beneficiaron directamente con la tragedia, la represión y la miseria de nuestro pueblo. Pero también hubo apoyo entusiasta hacia los genocidas por parte de gente “menos esperable”, proveniente de los ámbitos más variados, incluyendo la cultura y la educación.

El 25 de noviembre de 1977 la Universidad jesuita del Salvador (USAL), privada, confesional y perteneciente en forma directa a los ámbitos de la Iglesia Católica Vaticana, le otorga el doctorado “honoris causa” al almirante Emilio Eduardo Massera, jefe del campo de concentración ESMA y cabecilla de los principales torturadores y violadores militares. (El actual Papa Bergoglio-Francisco era entonces una de las máximas autoridades de dicha Universidad, que nunca retiró aquella distinción académica ni se arrepintió del premio otorgado al perverso dictador de la Marina). Massera pronuncia entonces un discurso de agradecimiento con pretensiones “filosóficas” [Véase Almirante Emilio Eduardo Massera: El camino a la democracia. Buenos Aires, El Cid Editor, 1979. El discurso de Massera está reproducido en pp. 83-91].

Dos años después del premio a Massera, a fines de 1979 se organizaron en Córdoba las III Jornadas Nacionales de Filosofía, impulsadas desde la Universidad Nacional  de Córdoba. Apoyo total a la dictadura. Finalmente, al año siguiente, más precisamente entre el 13 y el 18 de octubre de 1980 la dictadura militar cuenta con su principal evento de apoyo “intelectual” de repercusiones internacionales: el Congreso Nacional de Filosofía. Lo abre el brigadier Cacciatore y lo clausura, con otro discurso de pretensiones “filosóficas”, el general Jorge Rafael Videla, cabecilla máximo del genocidio. Los asistentes….. muchos más de lo que uno podría imaginar.

En los años ’90, un variado grupo de estudiantes marxistas (por entonces, a pesar de nuestras diferencias de enfoque, agrupados en una revista de título DIALEKTICA, luego nos dispersamos) publicamos en el número 3/4 las actas oficiales-institucionales del congreso dictatorial de 1980 y reproducimos el discurso de Videla. ¡Se armó un lío tremendo y una cantidad enorme de polémicas! Escándalo, denuncias, amenazas de juicio (no contra los colaboradores de Videla sino contra los estudiantes que apelaban al recuerdo y la memoria…) y mucha gente “ofendida” que hoy predica lecciones de republicanismo institucional, discursos progres de género, recetas electorales como único método de cambio social y cátedras de democracia parlamentaria, mientras pocos años antes habían llenado sus copas brindando con Videla y sus secuaces.

El dossier (con una introducción actualizada, además de  recoger esos materiales poco conocidos de la dictadura) se puede consultar completo en el siguiente link:

http://www.lahaine.org/?s=revista+dialektica&Image.x=0&Image.y=0

Como las represalias no se hicieron esperar, les pedimos solidaridad a un arco significativo de nuestro campo intelectual y de derechos humanos.

Propuse ir a hablar con Eduardo Tato Pavlovsky (también lo hice con León Rozitchner, entre otros).

En el caso particular de Pavlovsky me citó en el bar que se ubica frente al Museo Nacional de Bellas Artes. Escucharlo y conversar con Pavlovsky en persona fue un privilegio. Era muy expresivo, no sólo con las palabras, con los gestos, con las manos. Había visto algunas de sus obras de teatro. Conocía sus actividades disruptivas a través del grupo psicoanalítico “Plataforma” y, por el relato que en su época me transmitió mi padre, había escuchado de las influencias que sobre él y muchxs de sus compañerxs ejerció Marie Langer, la discípula marxista de Sigmund Freud que vivió en Uruguay y Argentina. La charla con Tato fue amena, ágil, variada. Pavlovsky escuchó atentamente, indignado, serio, con bronca. No dudó un segundo. Nos apoyó sin reservas. Me pidió unos días para escribir un texto que publicamos en el número siguiente (año III, Nº5/6. pp.41-42). Lo reproduzco a continuación en su memoria y en su recuerdo, como un testimonio más de su compromiso inclaudicable:


NO HAY INGENUOS O DISTRAÍDOS

Eduardo Tato Pavlovsky

DIALEKTICA 3/4 abre un viejo debate. La responsabilidad de los intelectuales frente al poder. Legitimación del poder o pensamiento crítico. No hay ingenuos o distraídos. O se colabora o se corre peligro.

El cuerpo de los intelectuales en nuestro continente de hambre siempre corre riesgos. Nuestra función crítica siempre es develar, desde todos los campos posibles, toda forma de explotación o autoritarismo. O lo contrario, mimetizarnos con el enemigo. No hay dictadura sin un alto grado de complicidad civil de la población. Y no hay dictadura sin un conglomerado de intelectuales cómplices.

Existe una ETICA del cuerpo. La palabra dicha compromete el cuerpo. El discurso de Videla que clausura el Congreso de Filosofía no es una simple anécdota. Es un acontecimiento, un desvío de la historia donde “entre” sus palabras estallan muertos,  cuerpos amputados. Subjetividad del terror y de la infamia. Subjetividad cómplice de los intelectuales.

Los felicito. No es sólo un problema de los filósofos. Abre un gran debate que nos merecemos. Las represalias por la publicación  constituyen el sello inconfundible de la eficacia, contundencia del debate: subjetividad de la crítica o subjetividad de la complicidad. DIALEKTICA abre un espacio que forma nuevas subjetividades. Nuevas identidades existenciales. Nuevos territorios. Nuevos “ritornellos” diría Guattari.

Eduardo Tato Pavlovsky

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