Ecuador: Nuevas hegemonías, mismas prácticas

La realidad política del Ecuador se desenvuelve en una lucha mediática entre sectores que se autoproclaman como defensores de los derechos ciudadanos. En este espacio los medios de comunicación son la tribuna desde la cual estos sectores, haciendo gala de un despilfarro de recursos, supuestamente contraponen diferentes visiones de desarrollo que se anularían mutuamente. Lo que no explicitan estos mensajes es que en el fondo los planteamientos no distan mucho entre sí, y las prácticas políticas son idénticas, cuando se considera al pueblo como un receptor pasivo de sus estrategias comunicativas.
Este maremágnum se completa cuando los medios de comunicación hacen parte del juego, y se hace más evidente cuando los sectores sociales no tienen participación alguna sobre los asuntos de los que supuestamente serían los protagonistas directos.
La historia política del Ecuador está llena de lugares comunes en los que las relaciones del poder con los pueblos se ha construido sobre la base de una hegemonía, que a su vez, está sustentada sobre distintas variables sociales que van desde lo económico, pasando por la más particulares, hasta desembocar en lo racial; es esta la estratagema que sirve a la burguesía para mantener el control y la explotación sobre las clases populares, que a pesar se su larga resistencia y combatividad, no logra arrebatar y destruir la citada hegemonía.
Con los sucesivos triunfos electorales del movimiento de Gobierno AP, se constituyeron nuevas hegemonías sustentadas en la necesidad de cambio de las estructuras político-sociales del país, nacidas del aprovechamiento del legado de la lucha popular por un sector de tecnócratas de la clase media que se sumaron, más por arribismo que por convicción política, al proyecto de AP que nació bajo el sello de movimiento de izquierda. El tiempo se encargó pronto de mostrar la naturaleza verdadera de estos sectores, que en última instancia responden a un proyecto desarrollista, que está lejos de querer terminar con el control de las estructuras sociales por parte de la burguesía ecuatoriana.
De esta manera han consolidado nuevas hegemonías que no responden a las demandas populares, que se han encarnado en una lucha contra la «vieja burguesía» en la que parece no primar el interés por mejorar la deteriorada democracia, y más bien dan luces para afirmar que se trata de un enfrentamiento por consolidarse como la «nueva» burguesía.
Lo anterior queda evidenciado en las prácticas políticas de los tecnócratas, en la que derrochan su desprecio y desinterés por consolidar la organización y la lucha contra la burguesía. Su práctica política es la misma, igual que de la derecha más rancia, sus discursos, actuaciones en la institucionalidad burguesa son fiel copia de lo practicado por sus antecesores.
En definitiva estamos ante nuevos patronos con las mismas practicas de los explotadores mayores.

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