Ecuador: La sacralización del poder tecnócrata

Nuevamente hay que insistir en lo nefasto que resulta, para la concreción de nuevas realidades sociales, el desarrollo actual de ese monstruo de mil cabezas, que representa la aparición de la burocracia tecnócrata, que hace de base del proceso político en el Ecuador.
Y cuando decimos que hace de base del proceso político, no nos referimos únicamente a la presencia de esta distorsión en el ámbito del Gobierno, sino que hacemos referencia al trabajo encubierto que realiza esta burocracia burguesa tecnócrata, en el seno de todas la organizaciones sociales, sean estas públicas o privadas. En conclusión se trata de la presencia de un clase social heterogénea en la que se funden varias, que apuntan hacia el común objetivo de vivir de mantener las condiciones de las relaciones sociales dentro del Estado social de derecho, asentado sobre la dinámica de las reglas del mercado y economía capitalista.
Estas condiciones son las más propicias para que la burguesía y pequeña burguesía tecnócrata, usando un discurso y accionar desconectado completamente de la realidad, se presenten como los precursores de una nueva democracia, en la que solamente ellos son los encargados de las propuestas, propuestas que además son parte de ese cargamento de falsedades vendidas por el modelo anglosajón o europeo que propugna por el Estado benefactor, dadivoso que marca la línea de frontera sobre el terreno de las conquistas de los pueblos explotados. De esta manera, para estos apologistas del desarrollismo, del reformismo, existe un límite para las aspiraciones de las clases populares, este límite está determinado por el miedo de que sus reformas afecten sus intereses, de esta manera tienen secuestrada la posibilidad de caminar hacia la construcción de la sociedad de poder comunal.
Todas las acciones de esta clase están aupadas por la indefinición de sus inclinaciones ideológicas, de sus principios políticos; de esta manera aseguran su constante movimiento desde o hacia posiciones contradictorias, en las que la constante es la falsa identificación con la causa de justicia social por la que luchan los sectores explotados. Esto dentro del marco de un intencional mantenimiento de carencia de identidad social, de una identidad social-política; y de la reproducción de imaginaros sociales en los que aparecen como naturales sus conductas aberrantes.
De esta manera, el supuesto enfrentamiento que mantienen estos sectores, con las oligarquías y la burguesía de extrema derecha, se transforma en un mito, en el que los actores sociales enfrentados reproducen por doble vía el sistema que los amamanta, y terminan caminando juntos en la reproducción del modelo del que arranan privilegios diferentes, pero similares cuando de tener réditos materiales se trata.
¡Listo entonces!… simplemente, para ellos, hay que perennizar el falso mito que venden: que su práctica social enfrenta al podrido Estado burgués; aunque los acuerdos con los dueños del capital y los medios de producción, sean la piedra angular sobre la que se levanta el híbrido monstruo de mil cabezas que es la contrarevolución.

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