Ecuador: La ruta de Moreno

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Al señor Mangas ex funcionario de confianza del gobierno del actual presidente le filtraron una grabación donde señalaba claramente que habían perdido la elección, entonces se podría inferir que hubo fraude electoral cuestión que el candidato opositor no pudo probar, lo que si hubo fue una fuerte intervención electoral del gobierno del Presidente Correa en favor de Moreno. Estos datos y otros configuraron un cuadro que dio como resultado la pérdida de legitimidad del nuevo gobierno. Partía con un muy bajo nivel de credibilidad. El punto de partida del gobierno de Moreno no podía ser peor, avalado solo por un estrecho margen y con serias presunciones de fraude y una sensación de hartazgo de las políticas correístas lo hacían un gobierno extremadamente débil, al parecer el equipo que asumía el nuevo gobierno percibió que la mayoría de la gente ya no soportaba un día más de las mismas políticas y prácticas del gobierno anterior, esto motivó una especie de reacción de sobrevivencia y se decidieron a dar un golpe de timón, romper con el correísmo y legitimarse con un sector de la oposición derechista y los movimientos sociales opositores a Correa.

Esta política de legitimación fue llevada a cabo convocando a una política de diálogo con todos, cuestión que se llevó a cabo con bastante éxito, junto a eso nombró un dirigente indígena como Secretario Nacional de Aguas con rango de ministro. Resumiendo se abrió a un acuerdo con los socialcristianos, un cierto núcleo empresarial y así mismo logró un cierto apoyo pasivo de los sectores sociales Indígenas y de trabajadores (CONAIE-FUT).

Como para abrochar este proceso de legitimación convocó a una consulta popular para derrotar a la beligerante oposición correísta y consolidar a su gobierno. Junto a esto se desarrolló una política anticorrupción que tiene a su primer vicepresidente Jorge Glas condenado en la cárcel y al presidente Correa con varios juicios por irregularidades y abusos.

La crisis de Alianza País puso en evidencia la debilidad estructural del movimiento político gobernante, es evidente que no se trataba de un partido político, sino una agrupación de organizaciones atadas a un líder, sin un corpus teórico ideológico, sin una estructura orgánica coherente con un proyecto, sino más bien lo que se estructuró fue la típica estructura clientelar populista.

Esto ha marcado el carácter de la oposición correísta al gobierno de Moreno, que tiene tremendas debilidades orgánicas, políticas y ni digamos teórico-ideológicas y se sostiene en una escuálida defensa de la acción y las obras del gobierno anterior que se ve mermada a cada rato por la aparición constante de nuevos escándalos de corrupción sobre todo por el sobreprecio de las obras, la disminución de la pobreza es uno de sus principales caballitos de batalla, que desde luego, no es una diminución estructural que haya implicado un cambio de relaciones sociales sino una disminución coyuntural motivada por políticas distributivas del excedente petrolero debido al alto precio del petróleo que se produjo por coyunturas internacionales durante la primera parte del gobierno de Correa, lo cual es un logro magro frente a la revolución que prometieron, Rafael Correa hablaba en sus discursos de cambio de época, del nuevo país frente al viejo país, lo cual sin duda a la luz de cualquier esfuerzo de objetividad resultaba una exageración.

Pero lo que más preocupa es que no se ve en el horizonte ni en la agenda en general de las organizaciones políticas y en particular del correísmo una visión de futuro, un proyecto, propuestas que vayan allá de un pragmatismo estrecho, es aquí donde se ve el efecto devastador de la revolución ciudadana que aplastó con su estado de propaganda la utopía y la esperanza que son componentes indispensables para la movilización de energías y fuerzas en procura de cambios. El autoritarismo, la represión y la “verdad” oficialista hicieron desaparecer la discusión ideológica profunda y reina hoy en el escenario una ambiente plano y gris. Esa contraposición entre la esperanza que se despertó y lo que realmente fue es francamente desoladora.

La transición de Moreno puede caracterizarse como el paso del autoritarismo populista a una democracia burguesa conservadora, en lo político y del populismo desarrollista al regreso a las políticas neoliberales en lo económico. Esto último ya había comenzado a manifestarse en el propio gobierno de Correa y Moreno ha retomado y profundizado. Tendrán que ser las futuras movilizaciones populares las que remuevan el agua estancada de las políticas dominantes.

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