Ecuador: El reino de los Malls

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Los ciclos se repiten en la cadena de eventos implantados por el reino del capital.

Cuenca ha crecido al ritmo del capital inyectado por la migración, que de alguna manera es quien ha permito la dinámica moderna en una ciudad pequeña, que llegó al siglo XXI mostrando ya los perfiles de una ciudad desarrollada al ritmo de las demandas del modelo. No podía ser de otra manera para el tiempo que vivimos.

Lo que queremos mostrar es algo de los engranajes que sostienen esta dinámica.
Actualmente, en medio de la crisis sanitaria, el tema del abastecimiento de alimentos de primera necesidad fue una de las pruebas de cómo el capital basa sus logros sobre la profundización de las desigualdades. Cadenas de comercialización llamadas y pronunciadas con facilidad por todos como Malls, son quienes, al mejor estilo de la mafia, explotan a las trabajadoras, a los trabajadores; explotación sobre la cual levantan emporios empresariales que repiten el ciclo de violencia laboral.

Las catedrales del consumo nunca cerraron en los días de mayor restricción de circulación. Al contrario, subieron sus precios, comenzaron a cobrar el valor de las fundas plásticas, sobrexplotaron y sobrexpusieron a los trabajadores. Nada, ni nadie, detiene su voracidad capitalista.

Mujeres y hombres que trabajan en estos centros de explotación laboral, son en su mayoría, jóvenes sin preparación académica; muchas trabajadoras son madres de familia, que con el sueldo que reciben, apenas cubren su alimentación y vivienda.

Los dueños de las catedrales del consumo, tipo Grupo Ortíz, han triplicado sus ganancias en la crisis sanitaria, lo cual no ha sido una motivación para reconocer el trabajo de sus asalariados en este tiempo extraordinario, muy al contrario, ejercen presión sobre los trabajadores, bajo la amenaza de despidos.

Nadie los regula. Por una simple razón: son los que pagan las campañas millonarias de los presidenciables, así aseguran sus métodos de robo y explotación. Hacen una exquisita dupla con los seudo políticos corruptos. Químicamente, son exactos.

Al otro lado, mujeres y hombres condenados a cumplir largas jornadas de trabajo por miseros sueldos, maltrato laboral, constante amenaza de desempleo; así se mantienen estos métodos de extorsión, mal llamados trabajo.

Lo peor de la situación de los trabajadores es su estado de completa desorganización, y falta de conciencia sobre su situación, lo que los mantiene adormilados, repitiendo, voluntariamente, su auto aniquilación.

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