Publicado en: 6 junio, 2018

Ecuador. Alfarismo, referente del proyecto popular por la liberación social y nacional

Por ABP ecuador

Entre 1895 y 1912 Ecuador vive la época de los cambios más profundos protagonizados por las montoneras alfaristas. Una gesta heroica que fue también la causa de su inmolación.

Juan Francisco Torres / ABP Ecuador

La Revolución Alfarista se desarrolló a finales de 1890 donde el comercio cacaotero de la economía primario exportadora ecuatoriana se disolvió en medio del torbellino del mercado mundial. La expansión del capital se presentó mediante la exportación, dinamizando el sector agroexportador, claramente definido en el mapa regional costeño del país.

En este escenario, la consolidación de una oligarquía costeña  sirvió para la conformación de la naciente burguesía plutocrática. La penetración de capital extranjero aumentó la dinámica de las fuerzas productivas y de los diferentes sectores sociales y económicos.

Las contradicciones de poder político con el desarrollo de las nuevas relaciones económicas desembocó en una salida superadora frente a las nuevas modalidades de acumulación; el campesinado nativo de la costa, sumado al campesinado de la sierra se vio obligado a migrar a los centros de retención de capital como Guayaquil ya que “en el agro costeño se desarrolló una economía mucho más dinámica que la de la Sierra, con características inéditas (…), como el pago de salarios, las inversiones de capital y la producción generalizada para el mercado. Y expandióse tanto el comercio exterior como el interno, lo que determinó a su vez, la conformación de un importante sector financiero”[1]. Posteriormente estos mismos sectores se convirtieron en las masas revolucionarias que darán forma, en la práctica, a las ideas radicales del liberalismo.

El 5 de junio de 1895 se efectuó la proclamación de Alfaro como Jefe Supremo en medio de la insurgencia popular, sin embargo, también se proclamaron los “liberales de paso corto que se acomodaron en el poder y no estaban dispuestos a ir más allá de las reformas”.

En el primer periodo del Gobierno Revolucionario, Alfaro desarrolló una política basada en la unidad nacional, además de ejecutar una política internacional ampliamente diplomática con el fin de bajar ciertas tensiones, sobre todo en el ámbito religioso.

En una carta de diciembre de 1895 dirigida al Papa León XIII, Alfaro expresaba: “Durante el ejercicio del alto cargo con que he sido honrado y esperando justa y benéficas concesiones a favor de esta República, procuraré conservar la buena armonía que existe entre el Ecuador y el Vaticano”. A pesar de ello existieron hechos bochornosos de la Iglesia como la “rebelión” eclesiástica en Cuenca en 1896 en contra de la Revolución Alfarista.

A pesar de la aguda correlación de fuerzas, el pueblo ecuatoriano se vio representado con las políticas Alfarista, las cuales inauguraron un nuevo periodo de construcción nacional.

La Asamblea Constituyente de 1896 dio luces al laicismo, la libertad de conciencia y de culto; el quiebre epistemológico entre el dogma religioso y la libertad de pensamiento; la separación definitiva entre la Iglesia con el Estado.

En “La carta Liberal al Pueblo” dio por resuelto la separación Iglesia – Estado. La religión y la Iglesia como institución, perdió su condición y persona jurídica de derecho público en el Estado. Se emitieron las leyes de Matrimonio Civil y Divorcio. Así mismo a inicios de 1900 se generó la Ley de Cultos, cuya función era la regulación de la Iglesia y las comunidades religiosas mediante el manejo y control estatal.

La Educación fue uno de los sectores más atendidos durante el alfarismo, sector que desde la fundación republicana en 1830 fue de los más olvidados. Recién en la década de 1860, la figura de García Moreno dio mayor importancia a la atención educativa así como lo narra Alfredo Pareja Diezcanseco en su libro “Breve Historia del Ecuador” “…mejoró los métodos de enseñanza y trajo del exterior buenos maestros para diferentes niveles de educación si bien se le criticaba el haber sometido toda enseñanza a una tiranía confesional…” La educación ecuatoriana, transitó desde su inicio por el dogma religioso para ser desarrollada sin embargo, el tiempo demostró que la educación religiosa era también la encargada de subyugar y oprimir al pueblo.

La lucha de la mujer ocupó un sitial importante, los alfaristas conocían la injusta realidad, frente a esto, generaron todas las viabilidades para resolverlo; Alfaro en el discurso de la Asamblea Constituyente del 2 de junio de 1897 se refirió sobre el tema: “Nada hay más doloroso como la situación de la mujer en nuestra patria, donde, relegada a los oficios domésticos, es limitadísima la esfera de su actitud intelectual y más estrecho aun el círculo donde pueda ganarse el sustento independiente y honradamente. Abrirle nuevos horizontes, hacerla partícipe en las manifestaciones del trabajo compatible con su sexo, llamarla a colaborar en los concursos de las ciencias y de las artes: ampliarle en una palabra su acción, mejorando su porvenir es asunto que no debemos olvidar… Pero como no es posible quedarse en el principio, corresponde a la Asamblea de 1897 perfeccionar la protección iniciada dictando leyes que emancipen a la mujer ecuatoriana de ese estrechísimo círculo en que vive”

Las reivindicaciones de la mujer, no fue voluntad simple del Alfarismo sino el reconocimiento ganado en la lucha de las combatientes revolucionarias como: la bolivarense Joaquina Galarza de Larrea, las coronelas manabitas como Filomena Chávez de Duque, o la esmeraldeña Delfina Torres de Concha con cuyo compañero de vida combatió por el alfarismo; las guayasenses Rosa Villafuerte de Castillo, Cruz Lucía Infante y Delia Montero Maridueña, integrantes de las montoneras de Los Chapulos, las conocidas Juanas de Arco.

El plan alfarista de unidad nacional se reflejó en la construcción vial a través del ferrocarril, obra iniciada por García Moreno, cuyo convenio se realizó en 1897 con el ingeniero estadounidense Archer Harman. La inauguración del ferrocarril trasandino fue el 25 de julio de 1908. Para dicha inversión social (vial, educativa, etc) Alfaro personalmente se encargó de destinar los fondos fiscales a dichas inversiones; lo que condujo a un enfrentamiento y renegociación de la deuda externa.

Uno de los aspectos más importantes en el campo popular -a más del apoyo a la lucha obrera y sindical- fue el sector indígena, tal como narra Albornoz Peralta en su libro “Luces y Sombras del Liberalismo” donde describe que en el alfarismo “el indio fue aliviado de algunas cargas como los diezmos, las primicias, los derechos parroquiales y el trabajo gratuito en las carreteras, la famosa contribución solidaria. Se le fijó un salario mínimo y se trató de frenar en algo los abusos del concertaje.”

La revolución Alfarista contó además con luchas de fundamental importancia como la del Gatazo y Guamote donde los ejércitos indígenas eran dirigidos por los mismos indígenas y  de la talla del Gral. Alejo Sáes ó Manuel Guamán; además con las Montoneras de la Costa al mando de Pedro J. Montero y Flavio Alfaro.

“Cuando el ejército alfarista llegó a la Sierra, baluarte principal del latifundismo, allí se le unió otro gran contingente de nuestras masas populares: el pueblo indio, la víctima más escarnecida por la explotación terrateniente. Diez mil indígenas del Chimborazo, comandados por Alejo Saes y Manuel Guarnan ─ascendidos a general y coronel de la República respectivamente─ se presentaron en Guamote, llevando en sus sombreros la roja cinta liberal, para ofrecer sus servicios al Viejo Luchador. La multitud gritaba enardecida: Ñucanchic libertad ta apamuy amu Alfaro, tucuyrunacuna, guañushun pay ladupi (Nuestra libertad tras Alfaro vamos a encontrarla y todos los runas debemos morir a su lado).

Su ayuda fue decisiva. Un testigo de la época, el comandante Martínez Dávalos ─Los indios del Chimborazo en la transformación liberal de 1895─ dice, que “sin ellos no hubiera triunfado en Gatazo ni en ningún otro lugar de esa provincia”, es decir, que la marcha a Quito hubiera sido lenta y muy difícil. El general Alfaro, en el decreto que antes mencionamos, también reconoció los “relevantes servicios prestados a la causa de la libertad y de la raza”.

Y luego, cumpliendo una promesa y una obligación moral, el Alfarismo, mediante el Decreto del 18 de agosto de 1895, se exoneró a los indios de la contribución territorial y del trabajo subsidiario, terribles cargas que pesaban sobre sus espaldas”[3]

Con los avances y desarrollo social, parecía que el Alfarismo se iba a consolidar y con ello el avance de la revolución; sin embargo, en la primera década de siglo XX, el liberalismo se encontró ampliamente fragmentado. Para el gusto de muchos liberales “reaccionarios”, se había ido demasiado lejos y ellos no están dispuestos a correr el riesgo de que se afecte a sus sagrados intereses, sobre todo la propiedad de la tierra, único camino para la redención de miles de campesinos e indígenas, parias en su propia patria .

A inicios de 1900 el placismo encaminó su estrategia y para 1912, los Alfaro y principales alfaristas tuvieron un lamentable desenlace conocido por todos y aún sin el juzgamiento de los culpables.

El Alfarismo continua vigente por el mismo hecho de ser un proyecto revolucionario inconcluso pero que brindó los cimientos de una institucionalidad democrática, soberana y de unidad latinoamericana; y que se prolonga en la perspectiva histórica como referente del proyecto popular por la liberación social y nacional.

[1] Cueva, Agustín El proceso de dominación política en el Ecuador, Editorial Planeta, 1990

[2] Albornoz, Oswaldo Ecuador: Luces y sombras del Liberalismo, Editorial El Duende, Quito, 1989

[3] Albornoz, Oswaldo Ecuador: Luces y sombras del Liberalismo, Editorial El Duende, Quito, 1989

[4] https://kaosenlared.net/americalatina/item/45137-los-responsables-de-la-muertede-eloyalfaro.html?tmpl=component&print=1

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