EAJ-PNV : Remichelinización anunciada o vuelta al pasado oscuro

Finalmente ha caído el velo y, sin resquicio ya para la duda, se hace visible y audible el giro del Partido Nacionalista Vasco hacia un "sano regionalismo", perfectamente compatible con la "Constitución" española vigente. Ya lo venía insinuendo en esta entrada de esta misma bitácora y en esta otra.

Urkullu lo ha dejado claro cara al futuro de los jeltzales: Acuerdo con los socialistas que podría llegar hasta a un apoyo estable a Zapatero en Madrid a lo largo de toda la legislatura a cambio de, fundamentalmente, blindaje del Concierto, una revisión constitucionalista –a la baja- del Estatuto de Gernika y, de ser necesario, un acuerdo de Gobierno tras las próximas elecciones autonómicas. Lo previsto.

Toda una declaración de intenciones de volver a los tiempos de Ardanza, del colaboracionsmo con quienes impulsaron el GAL (¿Recuerdan, sres. jeltzales la "cartera de Amedo"?), del apoyo jeltzale a la criminalización del independentismo (que el propio Arana promulgaba), y de la españolización progresiva de la sociedad vasca.

La revisión y el "análisis" que han hecho los jeltzales de los pésimos resultados electorales del 9-M se ha basado en su perenne miedo a perder poder y, consecuentemente, en su afán de consolidar su papel central en la gobernabilidad española (no olvidemos que llegaron a pactar hasta con el mismo PP de Aznar). En otras palabras, la cúpula directiva del PNV se ha entregado en cuerpo y alma a las tesis de unidad dentro de la diversidad proclamada por los partidos españolistas y ha dejado, ya sin complejos, lo del derecho a decidir en la cuneta, dejando al propio Lehendakari en una situación difícilmente sostenible.

Urkullu, animado por su corifeo Azkuna, lo dijo bien claro: "El Partido es una cosa y el Lehendakari otra". Todo cuanto Patxi López deseaba oir para poder "correveidilearlo" a Madrid y responder a la pregunta : "¿Toda la Galia está conquistada, Patxi?. Toda, José Luis, toda".

Ni qué decir tiene que todo el espectro españolista está encantado con estas declaraciones de Urkullu, dignas de aquel otro "michelín" mayor de las Euskadis y que, algo ya se intuía, seguía dirigiendo a los jeltzales desde la sombra.

No sé yo si quienes seguimos unidos por el cada vez más débil lazo de un antiguo sentimiento merecemos a quienes nos representan, enterradores de todo aquello que amenace a su bolsillo. Pues no, no los merecemos. No obstante, corren malos tiempos para los quienes tenemos un objetivo político y social en una Euskal Herria libre, democrática, reunificada y soberana.

Divididos y enfrentados, nos aproximamos más al flolklorismo de los coros y danzas de aquellas demostraciones sindicales del Santiago Bernabeu que a un movimiento fuerte, arraigado que reivindique, también sin complejos, ese derecho a decidir que tanto asusta en Madrid… y en Bilbao.

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