Dos días de Borón en Panamá

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Los días 14 y 15 de noviembre de 2016 pasó por Panamá Atilio Borón, conocido sociólogo marxista argentino. En esos dos días atendió una apretada agenda que le prepararon los equipos de trabajo del decanato de Humanidades, dirigido por el Prof. Olmedo García, y el CELA encabezado por el Prof. Marco Gandásegui, en el contexto de la edición número 150 de la revista Tareas.

Las actividades incluyeron dos conferencias magistrales en la Universidad de Panamá, a las que asistió todo el espectro de la izquierda panameña.  Además, tuvo reuniones bilaterales con diversas organizaciones y grupos, incluyendo al Frente Amplio por la Democracia (FAD), el MIREN, Polo Ciudadano y otros.

Las conferencias abordaron temas relacionados pero con énfasis diferentes. La primera «Cuba, EE UU y su impacto mundial». La segunda, «América Latina y los retos del siglo XXI». Al margen de las diferencias y distintas apreciaciones que puedan haber, las conferencias de Borón y las conversaciones bilaterales fueron como una bocanada de aire fresco en un medio cultural como el panameño, al que los debates académicos y políticos internacionales siempre llegan tarde e incompletos, si es que llegan.

La importancia de los temas que abordó, así como lo ameno de sus disertaciones, agradaron al público estimulando la reflexión, el debate y la acción política. Para sacarle más jugo a estos eventos, estamos a la espera del material audiovisual grabado por la Universidad de Panamá, que se nos ha prometido que estará disponible próximamente a través de Youtube (UPTV).

A la espera de los videos y de un texto del propio Borón, arriesgamos aqui algunos comentarios, para rescatar lo aportado por las conferencias y los debates posteriores, desde la memoria siempre subjetiva y sometida a olvidos o errores. Por lo que se piden disculpas e indulgencia por anticipado.

Cuba, EE UU y su impacto mundial

La primera conferencia, centrada en Cuba y Estados Unidos, partió por un enfoque histórico en que se destacó la importancia geoestratégica que la isla tuvo para el imperio del norte desde sus inicios a fines del siglo XVIII. En el mismo sentido se hizo una evaluación de la Revolución Cubana y su impacto sobre América Latina, así como su aporte a la consolidación del proceso de los llamados «gobiernos progresistas» a inicios del siglo XXI.

A nuestro juicio, lo más novedoso fueron las consideraciones finales de Atilio Borón sobre las repercusiones de la victoria del republicano Donald Trump sobre los avances en el proceso de normalización de las relaciones Cuba – EE UU. En su opinión, Trump no va a romper las relaciones diplomáticas con Cuba. Tampoco puede desarmar los avanzado por Obama en relaciones comerciales porque éste no ha avanzado mucho, no solo porque el bloqueo continúa, sino por no tomar un conjunto de medidas que puede hacer sin necesidad de tener autorización del Congreso.

Un tema colateral que salió a relucir en esta conferencia es la relación entre academia e intelectualidad orgánica, como lo definiera Gramsci. Atilio Borón denunció el proceso de elitización y ruptura con los pueblos que están produciendo los nuevos sistemas de acreditación universitarios, dirigidos desde el Banco Mundial. Llamó a los jóvenes estudiantes a descreer del sistema artículos y publicaciones indexadas, y a asumir el compromiso de escribir y hablar para los pueblos y de manera que les puedan entender, dejando de lado los crípticos lenguajes académicos.

América Latina y los retos del siglo XXI

La segunda conferencia, sobre América Latina, fue más profunda y la dinámica permitió mayor participación del público, lo que ayudó a profundizar y precisar los temas en debate. Borón partió por destacar que no comparte la categoría de «gobiernos progresistas» porque engloba procesos distintos, de los que diferenció al menos dos tipos: el bloque bolivariano, más radical, de Venezuela, Ecuador y Bolivia; y el del Cono Sur con los gobiernos del PT en Brasil, del Frente por la Victoria en Argentina y del Frente Amplio de Uruguay, más moderados.

También rechazó Borón el concepto de «fin de ciclo», aplicado a los gobiernos «progresistas» porque, por un lado, no se ha cerrado ningún ciclo, ya que los gobiernos, al menos los tres del primer bloque, siguen en pie y actuando; por otro, porque esa categoría es derrotista y conlleva una actitud de dar por cerrado un esfuerzo político de masas por cambiar el modelo neoliberal. El llamado «fin de ciclo» es un error como caracterización y un desarme como categoría política para la acción transformadora.

Realizó un recuento de los innegables avances sociales de los gobiernos «progresistas», desde el Plan Hambre Cero de Lula hasta el millón doscientas mil viviendas completas construidas por el gobierno bolivariano de Venezuela para las familias pobres que no pueden adquirir una por la vía del mercado inmobiliario. En el mismo sentido ponderó los avances en Ecuador y Bolivia, y que Nicaragua es el país menos desigual y violento del triángulo  norte de Centroamérica.

Dijo que estos gobiernos, al ser fruto de procesos electorales y no de revoluciones sociales, no cambiaron la «matriz económica» de sus países, en el sentido de ser mono exportadores. Lo cual ha sido criticado desde sectores de la izquierda. Pero que no ha sido posible cambiarla por la división internacional del trabajo que dificulta ese objetivo. Que el único país que ha podido cambiar su «matriz económica» en las últimas décadas fue Corea del Sur, que pasó de un país agrario a uno industrial, pero con el aval de EE UU.

Borón atribuyó la ofensiva derechista y golpista actual, apoyada por Estados Unidos en todo el continente, a que el imperialismo yanqui no tolera en América Latina, su «patio trasero», reformas mínimas que estaría dispuesto a pasar por alto en otros continentes.  Borón realizó un recuento que empezó por la invasión a la isla de Granada, pasando por la Panamá, hasta los intentos golpistas fracasados contra Chávez, maduro, Correa y Evo, y los que cuajaron contra Zelaya, Lugo y Dilma.

Reflexiones para el debate

Las excelentes disertaciones del profesor Borón dejaron un cúmulo de temas para el debate, la mayoría de las cuales no hubo tiempo para abordarlos en el marco de las conferencias, pero que han sido el centro de conversaciones y tertulias los días subsiguientes. Pasamos a plasmar algunas de las opiniones para el debate que nos ha motivado Borón, las que aportamos a ese proceso de reflexión colectivo.

Sobre el tema de la “matriz económica”, en nuestra opinión,  Borón se desvía del cuestionamiento central a los gobiernos progresistas desde la izquierda, porque el debate en la izquierda latinoamericana no es solo o principalmente el papel asignado a nuestros países en la división internacional del trabajo, sino la relación entre propiedad capitalista y propiedad estatal o socializada.

La crítica a estos gobiernos progresistas se centra en que no puede haber ningún camino de salida del neoliberalismo que no conduzca a una confrontación con la propiedad burguesa. Esa es la matriz principal que no se ha cambiado y que explica, a nuestro juicio la profunda crisis venezolana. Si la burguesía controla más del 70% de la economía, entre ellas las importaciones de alimentos y medicinas, por más que se hable de socialismo, se está a merced de su política de desabastecimiento y sabotaje.

La clave de cualquier proceso revolucionario esta en si avanza o no la movilización independiente de las masas, el poder de los trabajadores y el control de la industria nacionalizada por los obreros, no por funcionarios y burócratas. No se trata solo de estatización, sino de poder obrero. Ese es el limite en que se detienen las direcciones políticas de los gobiernos progresistas que alegan que “no hay condicones” para ir más allá de la popiedad capitalista. Así no hay proceso revolucionario que sobreviva.

A nuestro juicio, la parte más floja de la argumentación de Atilio Borón estuvo en su explicación acerca de la crisis política que se abate sobre algunos gobiernos «progresistas», es centralmente una «crisis ideológica», de conciencia, dado que los planes sociales aplicados por los gobiernos progresistas sacaron a millones de personas de la pobreza extrema y, al elevarlas socialmente, éstas adoptaron una especie de conciencia pequeño burguesa o de clase media volcada hacia la derecha.

Al respecto,  el profesor José Garrido interpeló a Borón en el sentido de que la victoria,  hace más de una década, de los partidos y frentes progresistas había implicado un avance de la conciencia que se construyó durante años luchando contra el sistema capitalista y el neoliberalismo. ¿Cómo se perdió ese avance, por qué? ¿No se requiere autocrítica? ¿No ha habido corrupción y promesas incumplidas?

Respondiendo a la interpelación, fue que entonces Borón aceptó que existen inconsistencias y «errores», e incluso corrupción, en esos gobierno progresistas que han permitido ese retroceso de la conciencia política hacia la derecha.

Otro tema que nos pareció interesante, entre las varias intervenciones que se hicieron, fue la pregunta del compañero Marco Quintanar sobre la obra de Ernesto Laclau, a la que respondió Atilio Borón explicando que este autor se aleja del marxismo, entre otras cosas, al sostener que es posible la profundización progresiva de la democracia burguesa sin necesidad de revolución social. Es una variante teórica que se coloca en el llamado “posmarxismo”, pero que en realidad rompe epistemológicamente con el materialismo histórico.

La obra de Laclau es importante porque, para muchos sectores del “progresismo” latinoamericano, en particular en Argentina, este autor se ha convertido en el teórico de estos procesos políticos. Por  lo cual es bueno que Borón, aún coincidiendo en la defensa de los gobierno progresistas, señale que las teorizaciones de Laclau se elejan del método marxista.

Finalmente, Borón nos invitó a no pasar por alto importantes conmemoraciones que tendremos en 2017 que se prestan para reflexiones que nos ayuden a preparar las luchas del siglo XXI: los 50 años del asesinato del Che Guevara en Bolivia, los 100 años de la Revolución Rusa y los 150 años de la edición de El Capital de Carlos Marx.

Panamá, 18 de noviembre de 2016.

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