Publicado en: 16 enero, 2019

Donde dije digo, digo Santiago

Por Bolchevique

Andalucía cambia de gobierno tras casi 40 años.

La frase “nadie te ha votado” recorría las redes (y lo sigue haciendo) tras la moción de censura que hizo presidente a Sánchez. Como si Sánchez hubiera llegado a la presidencia de España al estilo de Soraya Sáenz de Santamaría a la de Catalunya.

Les parecía injusto que con tan pocos escaños y con tanta distancia con el partido más votado pudiera gobernar. Ya que si se miraba el mapa de la península, casi todas las provincias eran de color azul Pepero. Pero quién injustamente gobernaba España era el color rojo del PSOE.

Les parecía aberrante que pactaran con partidos independentistas. “Separatistas”, para utilizar su jerga. Partidos que quieren romper la sagrada unidad de la nación. Y que se pasan por el forro la Constitución Española.

Les parecía antidemocrático que la agenda del gobierno fuera marcada por partidos con 8 escaños (o menos) en el Congreso, como ERC, PdCat, Bildu o el PNV.

Pero entonces llegaron las elecciones andaluzas. Y de un plumazo cambiaron de opinión.

La lista más votada no era la que tendría que gobernar.
La diferencia enorme de escaños entre el segundo partido más votado (que va a gobernar) y el que gana las elecciones ya no era un problema.
El color rojo de 7 de las 8 provincias tampoco importaba.
Hacerse cariñitos con un partido como Vox, con propuestas anticonstitucionales y antiestatutarias era más decente que hacerlo con partidos independentistas.

Y que la agenda del gobierno la marque ese mismo partido con solo 12 escaños dejó de ser un problema importante.

Andalucía les ha hecho verse en el espejo. Y ese espejo les ha mostrado que todo lo que criticaban, era muchísimo menos que lo que ahora hacen.

Donde dije digo, digo Diego. O mejor dicho, Santiago.

Porque tras las propuestas de Vox – algunas inasumibles y otras repugnantes-, el PP ha matizado su discurso para acercarse a sus posturas.

Cs mientras, no deja de repetirse que en el acuerdo del PP con Vox, no tienen nada que ver. Nos toman por tontos. Primero Arrimadas exagerando su acento andaluz en la campaña. Y ahora Rivera superando aquel finiquito simulado en diferido con su pacto indirecto simulado. Albert, el voyeur no participa en el trío. Solo mira. El enésimo giro ideológico de su partido. Que ya por habitual no sorprende.

Vox ha tenido que ceder en alguna de las barbaridades incluidas en su primer borrador de propuestas. No merece la pena ni nombrarlas. Basta con decir que han asustado hasta al PP.  Pero sigue habiendo líneas rojas que los de Génova quieren hacernos creer que son de otro color.

En Andalucía, por primera vez desde que Europa es la nueva Europa, dos partidos llegan al poder pactando con la extrema derecha.
Los andaluces cambian a un PSOE insoportable por un tripartito aberrante.

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