Dime con quién andas y te diré que tan “ciudadano” eres

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A menudo, en distintos lugares en los que nos ha tocado realizar nuestra cotidiana labor política nos hemos encontrado con gente a la que no le gusta que las organizaciones o partidos se involucren en los distintos movimientos de protesta, pueden ser contra las alzas en las tarifas eléctricas o contra la represión sufrida por los estudiantes de las Normales Rurales, la cantaleta siempre es la misma: “Aquí no queremos partidos, nuestro movimiento es ciudadano”, “somos independientes, aquí no entran organizaciones, porque descomponen el movimiento”. En fin, pareciera que a estas personas les perturbara ver un poco de organización permanente y cabría preguntarse, ¿acaso quienes pertenecemos a organizaciones políticas no somos ciudadanos, acaso no nos aquejan las mismas problemáticas que al resto del pueblo?Volver a línea automática

Uno podría pensar que este rechazo a que las organizaciones participen en ciertos movimientos responde a una lógica de tratar de mantener las demandas lo más “puras” posibles, a que no se “politicen” tales o cuales demandas, sin embargo, las cosas están lejos de ser tan simples. Usualmente quienes encabezan este rechazo de alguna manera son quienes juegan el papel de dirigentes en los movimientos, aquellos que proponen las acciones, quienes dan la cara ante los medios o ante las autoridades en una negociación. Sin embargo, ante el señalamiento de que son ellos quienes encabezan el movimiento, invariablemente se escudarán en la democracia supuestamente “horizontal”, en el asambleísmo hueco, en la comunidad desorganizada y rechazarán la responsabilidad que conlleva dirigir a cualquier grupo de personas, después de todo si no hay “jefes”, nadie podrá hacerlos responsables por los errores cometidos, la responsabilidad se descarga en la masa y ésta sirve como parapeto para estos “líderes ciudadanos”, aunque entre ellos estén aventureros y oportunistas de todo tipo.

Detrás de tales argumentos más bien lo que se mueve es cierto miedo, miedo a perder las riendas políticas de los movimientos, pero también cierto miedo de algunas personas a perder una posición relativamente acomodada. No los mueve un espíritu de purismo político, sino una tendencia conservadora, en ese sentido es natural que se le tema a todo lo que huela a revolución, a socialismo, a cambio auténtico. Pero para nosotros, los trabajadores, no hay nada que temer en la organización, es sólo a través de ésta que podemos alcanzar nuestras aspiraciones más profundas.

Cualquier organización responde a intereses de clase bien definidos, es decir, una organización política o social representa y defiende los intereses de cierta clase, así las organizaciones socialistas y comunistas defendemos y aspiramos a representar los intereses de los trabajadores, las organizaciones electorales representan a otras clases, aquéllas que pueden verse beneficiadas en las elecciones, incluso (parafraseando al comunista italiano Antonio Gramsci), quienes se reclaman anti-partido son gente de partido que aspiran a ser jefes de su propio partido, por gracia divina o por la candidez de quienes los siguen.

Los supuestos líderes ciudadanos (apolíticos, anti-partidos) buscan imponer sus decisiones personales al resto de la gente, auto erigiéndose como dirigentes de sus propios compañeros, aunque se escondan en un discurso supuestamente democrático. Luego veremos incluso a quienes en algún momento se reclamaban anti-electorales, participando con candidaturas “independientes”, haciéndose pasar por gente no-organizada, a pesar de que responden a cierto programa, estrategia y táctica política. Lo que debemos responder en todo momento es ¿a qué clase representan?, ¿sus acciones y sus discursos fortalecen o debilitan a los trabajadores?

Preguntémonos ahora ¿qué pasará cuando termine la movilización?, ¿qué quedará de estos movimientos “ciudadanos”? En números anteriores de FRAGUA hemos insistido muchas veces en que debemos impulsar la organización permanente, amplia y de carácter clasista. Es con esa intención que participamos en los distintos movimientos de protesta, no buscamos ningún beneficio personal, buscamos que el pueblo trabajador se organice en torno a sus propios intereses y que eventualmente funde su propio partido, que no será una multitud que sigue acríticamente a sus dirigentes, sino la punta de lanza del proletariado, la parte más avanzada, más organizada, más valerosa y decidida, lo mejor de nuestra clase, que sea capaz de llevar la lucha política y económica siempre un paso adelante.

Para la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP) es claro que las demandas reivindicativas deben ser acompañadas por una perspectiva política de lucha, de lo contrario únicamente se estarían poniendo parches a una situación sin salida. No podemos aspirar a una vida más digna, si no luchamos contra la explotación de todos los trabajadores; no podemos aspirar a defender “nuestro territorio”, si no luchamos por defender el territorio de todos los trabajadores del campo y la ciudad; no podemos aspirar a que las mujeres se liberen de todo yugo y violencia, sino luchamos porque todo el pueblo esté libre de la violencia política y económica, de esta violencia cotidiana del capitalismo, no podemos finalmente aspirar a un mundo nuevo, a una sociedad sin clases, sin explotación y sin hambre si no nos organizamos y luchamos por nuestros propios intereses, si no formamos nuestras propias organizaciones, dotando a la política con el contenido de nuestras aspiraciones de clase, impulsando la construcción del partido de todos los trabajadores, un partido socialista, un partido obrero, un partido revolucionario que luche con dignidad, codo a codo con el pueblo organizado hasta vencer.

¡Luchar con dignidad,
con el pueblo organizado, 
luchar hasta vencer!

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección DEBATEdel No. 21 de FRAGUA , órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Noviembre-Diciembre 2016.

Contacto: 
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Facebook: /olep.fragua

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