Diego Fusaro, por un rearme filosófico

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Por Iñaki Urdanibia

En el panorama de la filosofía contemporánea no son escasos los nombres de pensadores italianos: ahí esta´, y los nombro en orden alfabético, para evitar posibles interpretaciones jerárquicas: Giorgio Agamben, Norberto Bobbio, Remo Bodei, Massimo Cacciari, Lucio Colletti, Giorgio Colli , Domenico Losurdo, Antonio Negri, Emmanuel Severino, Mario Tronti, Gianni Vattimo , Mario Vegetti, Franco Volpi…y al nombrarlos de memoria me dejaré unos cuantos, además de evitar la presencia en la enumeración en algunos que se han movido por diferentes aguas de la creación…como Umberto Eco o Nuccio Ordine; variedad de ópticas, algunos con el punto de mira puesto sobre los temas relacionados con el cambio social, con la emancipación. Pues bien, de un tiempo a esta parte, un nombre asoma con fuerza entre los jóvenes filósofos italianos: Diego Fusaro, cuya presencia se amplía más allá de las aulas académicas a diferentes revistas y apoyo a diferentes luchas …); de él se acaba de publicar « Idealismo o barbarie. Por una filosofía de la acción » ( Trotta, 2018); anteriormente ya habían visto la luz en el mercado hispano algunas obras suyas centradas en Marx o en Gramsci, dos de sus polos de interés, junto a Giovanni Gentile, y los filósofos idealistas alemanes ( Hegel y Fitche, en especial; y con la curiosa inclusión de Marx en tal corriente del pensamiento).

Parte el profesor de filosofía en el Instituto Alti Studi Strategici e Politici de Milán, de una reivindicación abierta de la metáfora de la caverna de Platón, como imagen de liberación a reivindicar, frente a la pasividad conformista que parece dominar estos tiempos presentes, reflejados en otra metáfora: la de la jaula de hierro de Max Weber. El texto platónico es tomado como ejemplo de la alienación en la que están sumidos los humanos, y el papel emancipador que adopta quien sale de la oscuridad para ascender hacia la luz, allá en donde las Ideas son el mundo perfecto frente al engaño urdido en el interior de la cueva; quien asciende al exterior, no sin dificultades, está llamado a volver al interior para ofrecer la buena nueva ( el de la realidad que une saber con libertad), la que se ha de convertir en instrumento para liberar a los humanos de los engaños. El portador de las noticias exteriores se ve expuesto a peligros ( que se lo pregunten al bueno de Sócrates) al resultar sus planteamientos increíbles y poco respetuosos con lo que parece que es la realidad pura y dura para los abajo encerrados [ se ignoran en el planteamiento de la metáfora que Fusaro propone otros aspectos interpretativos que , sin necesidad de ser seguidor de Karl Popper en sus análisis acerca de la sociedad abierta y sus enemigos, muestran indudable pertinencia. La división tajante entre los diferentes capas de la sociedad: los trabajadores a trabajar, los guardianes a su tarea, y los filósofos a gobernar; estas diferencias estancas ha llevado a más de uno – véanse las posiciones de Jacques Rancière, por ejemplo- a hacer hincapié en las diferencias de status que tal división supone. Diferente roles asignados con el privilegio de unos a la hora de dirigir la polis…algunas tonalidades aristocráticas han solido ser subrayadas, que hacen que la igualdad entre ciudadanos brille por su ausencia]. Según el autor abandonado el recurso a la metáfora platónica como camino de emancipación, en estos tiempos la sociedad ha caído en el conformismo, y en la aceptación de la jaula de hierro como si ésta fuese de oro, en el mejor de los mundos posibles. Su reivindicación es neta y clara: se ha de recuperar el mordiente utópico del mito platónico contra las posturas desencantadas , plasmadas en el nihilismo actual, fruto del neoliberalismo rampante, que castra la esperanza en cualquier futuro luminoso…Frente al esto-es-lo-que-hay, la tarea de luchar por la emancipación, y con tal fin, Fusaro toma como compañeros de ruta a Marx – el que mantenía que él no era marxista- , a Fitche, Hegel, Gramsci, Gentile o Bloch y su principio-esperanza.

La travesía del autor está bien hilvanada, con unas paginas en las que se expone de manera primorosa la fusión del sujeto con el objeto, y la interrelación que entre ellos se establece creando una especie de fusión transformadora, y la conformación del hombre a través de la historia y las relaciones sociales, implicado en un praxismo trascendental ( con la compañía de los autores anteriormente nombrados); destacan igualmente sus pormenorizados análisis del cuerpo anestesiado por las redes poderosas del capitalismo y la implantación de su pensamiento dominante, y frente a ello Fusaro alza la voz en pos de un idealismo que se enfrente a la realismo romo que se traduce en un materialismo – no filosófico- acomodaticio en el leibniziano mejor de los mundos. Recuperar el espíritu idealista, en el sentido de guiarse por una blochiana docta spe, y una gramsciana fantasía concreta, que supere los límites marcados por los cánones impuestos por los poderes estatales al servicio del poder económico que todo lo invade. Su propuesta va en el sentido de elaborar, tomando como base a los pensadores ya nombrados, una filosofía de la praxis, que desborde las normas de funcionamiento social que se toman como si de leyes de la naturaleza se trataran; para ello se trata de abrir la mirada a otras posibilidades más amplias y abiertas al horizonte. Su propuesta se traduce en la reivindicación de una ontología de la praxis y una ontología de la libertad, la primera que nos conduzca más allá de la fatalidad de los social, que parece abocar a los humanos a no poder avanzar hacia futuros más armoniosos. En este orden de cosas, y completando el sapere aude kantiano e ilustrado, propone un facere aude, un atreverse a luchar, ya que siempre hay motivos para rebelarse. Por ese camino , se abre paso a la libertad, a la marcha hacia ella, a la conquista del futuro, y al protagonismo recuperado del sujeto, como protagonista de la historia, y la necesidad – según señala – de la alteridad como condición sine qua non del prometedor horizonte, y en ves de quedarse plegado ante la realidad, alimentar la pasión de la realización de lo ideal. La tarea con el fin de hacer factible esta senda ha de ir acompañada de una labor de desbroce de algunos mitos hoy reinantes, admitidos como si de una segunda piel se tratasen, de la divinización de la ciencia y el fanatismo de la economía…y en esta sociedad del espectáculo, que teorizaba Guy Debord, el ser humano se convierte en homo videns, la única salida indicada por Fusaro es la resimbolización del ser humano , animal utopicum como consecuencia de su naturaleza de animal symbolicum.

1) Si Marx en su última tesis de Feuerbach afirmaba que los filósofos no habían hecho más que interpretar el mundo y de lo que se trataba ahora es de transformarlo, Fusaro parece tomarse absolutamente en serio, y al pie de la letra, la afirmación marxiana. Otorgando, a mi modo de ver, excesiva fe en la potencia de la filosofía como actividad, teórica, transformadora; 2) Para el que esto escribe las críticas que el autor realiza del estado actual de cosas, con el dominio de la explotación y la opresión capitalistas, resultan difícilmente discutibles, del mismo modo que esta llamada a la recuperación del idealismo utópico y, en este sentido, subrayar la ineludible presencia y actualidad de un cierto Marx, pasado por el tamiz de los otros pensadores visitados, mientras haya injusticias, materializada en la lucha de clases y la imposición de los poderosos, que se empeñan por vender el carácter benefactor de su economía, como techo alcanzado del caminar humano, y el recurso al arsenal propuesto por Gramsci, pueden resultar pertinentes ( en otras referencias podría apoyarse para reivindicar la lucha por otro mundo mejor, claro); 3) más discutible puede resultar la necesidad que él plantea de una alteridad como condición necesaria para lucha emancipatoria, si en cuenta se tiene que en este terreno podrían establecerse, en el plano metafórico, diferencias entre bricolaje y arquitectura: suponiendo el primero una lucha por la justicia, o contra la injusticia, mientras que el segundo se basase en propuestas más detalladas, tanto de presente como de futuro, asunto mucho más discutible en especial después de lo que ha llovido tras algunos intentos de hacer pisables las impisables u-topías, y sus fatales derivas.

En línea directa con las cuestiones planteadas, sí que me parece reseñable incidir en ciertas simplificaciones que a mi modo de ver se cuelan en el libro de Diego Fusaro, lo que juzgo que conduce a la presunta propuesta de cierta nueva ortodoxia, que va acompañada de un ciertos resabios de ritorno all’ordine. Con esta última expresión quede claro que no me refiero al orden establecido, pues nada más lejos del joven filósofo turinés que defender el statu quo; así pues, me refiero a que su postura apuesta por una filosofía fuerte, lejos de pensamientos débiles y otras veleidades, aspecto en el que Diego Fusaro se muestra de una intrasigencia radical. En este orden de cosas, su postura es la vuelta a algunos pensadores que pueden servir en el camino de la emancipación. Es como si, y que se me perdone la comparación , entonase aquella copla de se acabó la diversión…a modo de ejemplo, puede leerse en su obra : « si volver al sistema tolemáico después del copernicano es científicamente imposible, volver al pensamiento filosófico de Fitche, Hegel, Gentile y Marx después del posmoderno y el nuevo realismo, después del nomadismo deleuziano y las reflexiones de Rawls, Habermas y Arendt, no solo es posible, sino deseable» . En su fogosidad por volver a los pensamientos subrayados, en contigüidad de ciertos espíritu de ortodoxia, Fusaro recurre a una amalgama que para sí quisieran los alquimistas: 1) no es necesario volver a ellos – a los que él trata de que se recuperen-, ya que hay algunos que se han quedado en tales pensadores y similares, y 2) los nombres que mete en el mismo saco resultan chocantes, cuando menos, por no recurrir a algún epíteto de mayor contundencia como contradictorios; unir al nuevo realismo ( de Maurizio Ferraris), con John Rawls o Jürgen Habermas resulta harto discutible, ahora bien, unir a éstos con Gilles Deleuze, y a éste con Hannah Arendt, o el posmoderno… es de no creer, de sal gruesa, y lo digo ya que si Rawls y Habermas podrían ser ubicados en posturas liberales – ya sean de derecha o de pretendida izquierda- , el filósofo francés y las corrientes del posmoderno ( hay corrientes resistentes dentro de tal etiqueta, que se lo pegunte a su compatriota Gianni Vattimo, del mismo modo que ha quienes en vez de recurrir a la descalificación inquisitorial, no han hecho ascos a la pertinencia de recurrir a tal etiqueta como llamada de alerta ante los impasses de nuestros tiempo…ahí están Negri, Jameson i tutti quanti) que sin forzar las cosas pueden ser encasilladas en el conjunto de posturas libertarias, como han mantenido ciertas corrientes suranarquistas o neo-ácratas . Llama más la atención si cabe, cuando precisamente Habermas ha incluido en su lista de conservadores tanto a los últimos nombrados ( los denominados post, junto a Foucault, Derrida – jóvenes- como a Hannah Arendt-viejos-, precisamente) Sin extenderme más en el asunto que merecería hilar más fino y no solucionarlo con una sumaria descalificación basada en una amalgama de enciclopedia que es lo que hace Fusaro en su labor de limpieza ideológica , encranada en un totuum revolutum…No hace falta ni decirlo, y por ahí no continuaré, que entre los nombrados hay abismales diferencias…a no ser que se recurra a un simplificador tribunal de posturas plausibles o rechazables, no se sostiene la coherencia del listado. Si he comenzado, no obstante, por la cita transcrita es debido a que resulta significativa de cara a cercarse a cierto modo de ortodoxia o doctrina, dejando asomar ciertos tics de estilo luckacsiano – el del asalto a la razón– que es la que parece guiar a Fusario, como lo deja ver en otros lugares de la obra que he leído como cuando afirma que « la microfísica del poder promueve la difusión de manifiestos de realismo», refiriéndose a Maurizio Ferraris como deja ver en la nota a pie de página,…anonadado me deja, y no es por defender a Ferraris, pero si soy asaltado por la sorpresa es debido a que precisamente el autor del Manifiesto del nuevo realismo ( Biblioteca Nueva, 2013) tras algunos devaneos por los pagos post, tanto en esta como en algunas de sus últimas obras se enfrenta sin ambages con tales posturas, en un giro en dirección a la Ilustración siguiendo el viraje que también habían dado algunos de los considerados posmodernos ( Derrida, Foucault o Lyotard, por ejemplo) ante los desfases frivolizadores que se cometían en nombre del posmo…sin obviar, naturalmente, que la realidad en sí no puede ser aprehendida tal cual sino que se hace a través de la razón ¡ faltaría más! Pero de esto…hoy no toca.

Si concluyo con este aspecto excluyente que observo en la obra de Diego Fusario es debido que las tendencias unificadoras tienden a impedir las distintas colaboraciones, haciendo que la pluralidad en la acción pueda ser entorpecida…ya que – por tomar las palabras de Véronique Bergen en su breve como acertado Résistances philosophiques ( PUF, 2009): « hay resistencia de los oprimidos ( Sartre), de los explotados (Marx), de lo minoritario ( Gilles Deleuze, Félix Guattari), de los “inexistentes” ( Alain Badiou), de los perdedores, de los vencidos ( Walter Benjamin, Françoise Proust), de los excluidos ( Toni Negri), de los colectivos minoritarios ( Isabelle Stenders), de los no-contados, de los sin-parte ( Jacques Rancière), de los marginados ( Daniel Bensaïd)», y todas ellas pueden abrir brechas en el marco del orden establecido.

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