Diario de una auxiliar en una Hospital Públiko 42

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Cuaderno de Bitácora 2 de mayo.

Tuvimos una tranquila noche hospitalaria. Han vuelto las abuelas nonagenarias que a mí me encantan, que a través de sus incipientes demencias mantienen conversaciones de lo más elocuentes del tipo: “Yo soy de Écija, pero vine a Madrid en el 49, así que soy más madrileña que tú […]. Mi marido murió hace muchos años, no creas que le echo de menos, bien tranquila me dejó… Bonita, dile a mi madre que venga a buscarme que yo ya me quiero ir”. Ay, las pobres hablan a unas sanitarias que parecen extraterrestres, pero después de haber vivido otras calamidades en su vida, no parece que les afecte. Esto me reconcilia con la vida, esos ratitos de “normalidad”. Pero ni a mí ni a nadie se le escapa que tenemos un porvenir muy incierto y se me coge un pellizco grande.
Quienes quedemos en pie, ¿cómo haremos frente a la debacle económica?
¿Cómo hacer entender a especuladores o pequeños inversores de viviendas y locales, que estos meses de miseria ellos también deben darlo por perdido, si el mismo BCE ya nos está preparando la “13-14” con el préstamo a la banca privada de lo que pidan, y dándoles encima un 0,25%, para que estos compren deuda pública y nos cobren el 1%? Es demencial y de nuevo un robo a las víctimas de la crisis, esta vez la del Covid-19. Vamos, que fondos económicos haberlos haylos, pero no van a ir a parar a asalariadas, autónomos, desempleadas, estudiantes… Querrán que nos pongamos de rodillas, una vez más.

Una compañera a la que no conocía con la que trabajé anoche, me decía algo que yo misma había sufrido, y que es común al estado de precariedad laboral que hemos naturalizado, decía que hacía años que no veraneaba porque llevaba encadenando contratos cuatro años seguidos. Lo peor es que mientras hablaba ojeaba una revista del corazón, donde aparecía algunos de sus sinvergüenzas habituales, y la muchacha terminó su discurso de Derecho Laboral, diciendo que ojalá ella tuviera una casa como las de la revista, y así podría reírse del mundo entero.
Si Goya tuviera que dibujar la situación del 2 de mayo de 2020, pintaría masas inermes de pobres [email protected] besándole los pies a Felipe VI, Abascal y Casado, y sin mascarillas puestas. Y pidiendo, eso sí, ser fusilados con honores por estos prohombres con sentido de Estado (lo cual nunca he sabido qué es).

Mi gente y yo, y todas las que se vayan sumando, seguiremos implacables en este camino de DIGNIDAD y LUCHA, que al final es lo que nos va a quedar.
¡Venceremos!

Tania Pasca Parrilla
#MasSanidad 🏥
#MenosCorona 👑🦠

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