Diario de una auxiliar en un Hospital Públiko 49

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Cuaderno de Bitácora 9 de mayo.

Ninguna experiencia anteriormente vivida es tan intensa como esta en la que estamos suspendid@s. A lo largo de mi carrera profesional he visto situaciones muy duras, pero eran de una en una, y repartidas en el tiempo. De hecho hay personas y circunstancias que nunca he olvidado y que se han quedado anecdóticamente en mi memoria para siempre. Pero esta vez, desde el comienzo de la Era Coronavirus me lo llevo puesto veinticuatro horas al día. A veces me despierto por la noche y recuerdo a tanta gente anónima que atendí y que ahora ya no está… En esas estresantes circunstancias nos encontramos muchas de las trabajadoras que un día nos tocó enfrentarnos ante esta situación. Y pongo mi voz de alarma ante quienes desafían al enemigo intentando saltarse el confinamiento, las fases, la higiene de manos, las mascarillas… Porque de la actuación individual depende la salud del colectivo, y de la paciencia de hoy el porvenir de mañana.

Ayer supe que Celia, una paciente de la que hablé con optimismo en este mismo Cuaderno, había fallecido en la UCI hacía varios días, tenía 68 años. Yo le había dicho que en cuanto estuviera mejor le lavaría el pelo y peinaría bien guapa… Me dolió saber que no había conseguido superar la enfermedad que arrasó sus pulmones.
Para ganar al COVID-19 lo primero es temerle, porque el miedo nos lleva a la prudencia y ésta al respeto. Por eso hoy hablo de Celia, porque cualquiera podíamos haber sido ella.
Por el otro lado, dos pacientes de la planta sospechosas de Coronavirus dieron negativo en la PCR, y creo que esa empieza a ser la tendencia. Pero como dijo el otro día con ironía mi amiga Sara Marx, “si no hacemos bien los deberes ahora, nos quedará para septiembre”.

Saquemos lecturas positivas al después, a la modificación de vida que ha de venir. Hace precisamente ocho años ahora de las movilizaciones de las Mareas, y recuerdo que una de las protestas de la Verde era por el aumento de la ratio que nos trajo la LOMCE, porque para los legisladores de la Ley, hacinar al alumnado era algo perfectamente viable. Hoy está fuera de toda discusión que lo que hace falta es dignificar la Escuela Pública con aumento de espacio, aumento de maestr@s y profesor@s, así como una modificación de los contenidos, formas y materias para educar a la crianza en primer lugar en hábitos saludables, respeto a la Tierra y a los Derechos Humanos.

En todas sus intervenciones Julio Anguita siempre apela a la Carta de la Tierra y a la solemne declaración de los Derechos Humanos.
Él es maestro de profesión y vocación, pues pongámonos a estudiar, nos va la vida en ello.
¡Anguita, resista!
¡Venceremos!

Tania Pasca Parrilla
#MasSanidad 🏥
#MenosCorona 👑🦠

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