Diario de una auxiliar en un Hospital Públiko 30

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Cuaderno de Bitácora 19 de abril.
Relato y dibujo número 30.

Después de trabajar todo el fin de semana en otra planta que no es la mía habitual, donde me he sentido muy bien acogida por el personal, puedo decir que no sé cómo a lo largo de estos últimos cinco años de currar en la misma planta, descubro que hay ciertas bases que he asentado entre la tropa sanitaria, y que ahora me asombra descubrir que en esta planta que no es la mía, la gente tiene normalizadas cosas que no tolero (aunque me he mantenido prudentemente callada, salvo para decir que necesitamos una huelga en la Sanidad cuando rescindan los nuevos contratos firmados para frenar el Covid, porque a ver cómo nos ponemos a mejorar la calidad y las listas de espera inmensas generadas por el parón de la guerra contra el virus, si vamos a ser l@ mism@s de antes…).
Por ejemplo, en esta planta de hospitalización la sala de estar de enfermería, se haya presidida por un crucifijo y un gran póster de una virgen que igual es la patrona de Madrid y todo, pero en absoluto me parece aceptable que en la era de las tecnologías y mucho menos en la del Covid-19, ese tipo de elementos religiosos puedan tener cabida en una institución pública consagrada a las ciencias de la salud. Mis compas de fatigas diarias, profesionales de la sanidad del 12 de Octubre lo saben muy bien, ya me conocen: que la “procesión” se lleva por dentro y la “profesión” por fuera.
Así como tampoco tolero que en mi presencia, se hagan comentarios racistas, clasistas o estigmatizantes del tipo: “la Panchi de la cama 2…”, “…ahora mucho quejarse el de la 9, que se lo hubiera pensado mejor antes tirarse por la terraza” o ya el colmo y más en tiempos del Coronavirus la expresión que me fascina: “¡Cuidado, tiene VIH!”. Desde supervisión a pinche de cocina saben de mi discurso de clase. Es lo bueno de la coherencia.
Me preocupa mucho que se estén relajando algunas medidas de seguridad hospitalaria, como declarar y abrir “Plantas limpias” sin haberse asegurado de que quienes estamos trabajando ahí, también estemos limpias de Covid. Yo no he usado ningún EPI este fin de semana, porque no nos los han distribuido, directamente. Solo he usado mascarilla quirúrgica, bata y guantes, y he de decir que he tratado con pacientes trasplantados. O viceversa; tratar a pacientes presuntamente sin la enfermedad, pero que finalmente han sido trasladados por neumonía bilateral.
Disminuyen los ingresos por Covid, disminuye la cifra de fallecidos y se va a marchas forzadas hacia la “normalidad”. Este virus, nos tiene desconcertadas.
No me rindo, en ningún sentido.
¡Venceremos!

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