Diario de una auxiliar en un Hospital Públiko 22

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Cuaderno de Bitácora 11 de abril

En estos días de confinamiento (para los demás), me acuerdo mucho de las personas que no tiene edad o capacidad para entender este mundo de locos que les condena a estar encarcelados. Me pregunto cómo estarán los miles de niños y niñas que ven pasar sus días sin carreras ni juegos, sin relación con sus iguales, sin haber visto físicamente ese monstruo asesino del que tanto hablan, sin embargo, ahí está la gente menuda, soportando la condena o tal vez haciendo partícipes de esa condena a sus abnegados progenitores, quién sabe qué condena es peor.
Me pregunto cómo estarán llevando la reclusión las personas con problemas de salud mental, en quienes es con toda seguridad difícil sobrellevar una vida “normal”, más aún cuando es obligado vivir de manera aislada y por tiempo indefinido.
Me pregunto cómo estarán esas extensas familias que viven en pocos metros cuadrados por razones económicas, como es el caso de muchos barrios pobres de Madrid, donde debe ser complicado no contagiarse si un solo de sus miembros llega a estar enfermo.
Cuánto por hacer a la vuelta, cuántos descosidos por arreglar. Ojalá que lo que dejemos para siempre en estado de reclusión sea el individualismo, el egoísmo habitual de la vida de las ciudades, y empecemos a preocuparnos por la salud y bienestar de [email protected], y a poder ser desde una perspectiva feminista, ecologista y multiétnica.
¡Venceremos!

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