Diario de una auxiliar en un Hospital Públiko

Cuaderno de Bitácora 5 de abril

Me gusta llegar por la mañana a mi planta, entrar en el cuarto de estar, desear los buenos días, soltar el bolso y sacar un café de la máquina que ahora con la crisis Covid19 son gratis. Enseguida entramos en materia de recuento. Cada vez es más habitual que no falte nadie de la jornada anterior. Que todxs sigan vivxs, o encontraran cama en la UCI. Eso me llena y tranquiliza. Y entonces escucho atentamente y con escepticismo los comentarios y opiniones de compas sobre el estado general del país…
En estos tiempos tan extraños a los que nos hemos visto sometidas, no era suficiente tener la soga al cuello, literalmente, viviendo en estado de reclusión permanente de manera indefinida como garantía de vida, sino que además vemos como nuestras calles poco a poco se han uniformado, y no de pijamas blancos.
No me gustan nada, nunca me han gustado las medidas represivas para que la gente cumpla la ley. No encuentro gracioso que en algunas localidades los cuerpos de seguridad y protección civil estén improvisando a las 20 h un desfile diario de luces y sirenas para sentir el caluroso aplauso del fervor popular. Las reponedoras y cajeras del supermercado no salen tras el cierre ondeando bolsas de plástico, ni desfilando con el toro mecánico de mover palets cantando por megafonía las ofertas con la pegadiza sintonía de Mercadona de fondo para ser aplaudidas por la plebe. Mucho me temo que en este país existe aún y cada vez más, ese inclinar de cabeza, ese rendir pleitesía a la autoridad armada.
Aquí cada palo que aguante su vela, y si la UME tiene que fumigar, desinfectar o recoger cadáveres pues que lo haga, va en su nómina. Después pueden replegar sus botas, como yo me pongo los vaqueros al regresar a casa y el médico guarda el fonendo.
A estas alturas debemos conocer las normas, y pienso que las conocemos todas. No creo por tanto que una persona con TEA, deba llevar una insignia azul para que los espías de balcón se queden tranquilos sabiendo que la criatura puede salir sin tener que avisar a las fuerzas de asalto.
Por eso es deber de la sociedad civil hacer el esfuerzo de revertir el sistema, para que los cuerpos y fuerzas (y es que ya lo de “fuerzas” suena violento) de seguridad del Estado estén al servicio de la población y a su mismo nivel, no por encima de ÉL, ni al servicio de… Ya me entendéis, no quiero ser más explícita que en estos tiempos está la cosa muy mala…
Otra vez.
Salud y Libertad para todas.
¡Venceremos!

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