Diamantino: creador de espacios

La invitación de Antonio Manuel para "escribir algo sobre Diamantino" cuando se cumplen cuarenta años desde que, junto con cuatro curas más, llegó a la Sierra Sur de Sevilla, una de las zonas más deprimidas entonces de Andalucía, me ha provocado no solo una búsqueda de aquellos recuerdos más significativos, de aquellos momentos que tuve la suerte de compartir con él, sino también una relectura de sus escritos. Escritos, entrevistas, documentos que son muchos más fieles que una memoria tamizada por las emociones de una evocación. Estas palabras no pretenden, por tanto, rendir un homenaje al amigo que se fue sino la plasmación de la actualidad de un pensamiento, de una apuesta de vida, de las aportaciones de un luchador que sin ser un teórico fue capaz de impregnar de valores las organizaciones y colectivos en los que participó. Diamantino fue un activista, es cierto, pero ese activismo no estuvo reñido con el análisis y con la apuesta por fórmulas organizativas nuevas, nuevos métodos organizativos basados en principios radicalmente democráticos, ajenos a jerarquías y a las profesionalizaciones y que apuestan claramente por el encuentro en la diversidad. Profundamente anticapitalista, el pensamiento de Diamantino va paralelo al conocimiento de las desigualdades, de las injusticias generadas por un sistema que no contempla desde la distancia sino que sufre en carne propia. Sus apuestas organizativas, por tanto, van parejas a sus propias experiencias vitales.

En la presentación del libro "Como un Diamante" donde se recogen gran parte de los escritos de Diamantino, su amigo y compañero, Esteban Tabares relata el encuentro del joven sacerdote con la realidad sangrante de la emigración a la que se ven sometidos los vecinos de Los Corrales. "Donde van", pregunta Diamantino, viendo los autobuses repletos de personas que se marchan. "A los espárragos, a Navarra", le contestan, "Aquí solo se quedan los maestros, los guardias, el médico, los viejos y el cura". A partir de ese día, Diamantino fue un jornalero más. El cura dejó de ser un profesional para ser un jornalero más que vivió solo de su trabajo. No es extraño pues que Diamantino luchara contra la profesionalización de la actividad política en todos los foros donde participó.

En un escrito publicado en Pastoral Misionera en 1987, Diamantino hace una defensa sin matices de uno de los valores que presidirán su actuación pública. La apuesta por la "auto-organización" como uno de los instrumentos indispensables para la consecución de la vieja aspiración de "un hombre nuevo en una sociedad más justa". Él es uno más que aporta al colectivo, no es ni un salvador ni un sabio, uno más.

Recuerdo que en el viaje de Martin de la Jara a Antequera, donde nos dirigíamos para participar en la creación del SOC en el verano de 1976, Diamantino reitera la necesidad, manifestada en las reuniones preparatorias, de que el Sindicato que naciera de aquel encuentro debería ser, fundamentalmente, plural y unitario. Diamantino apuesta por el carácter unitario del nuevo sindicalismo en contraposición a las tendencias homegenizadoras que intentan convertir el nuevo Sindicato que nacía en aquel momento en el terreno abonado para la propagación de unas determinadas siglas. El viejo esquema de sindicato como correa de transmisión del partido.

Desde antes de su creación, con la puesta en marcha de las Comisiones de Jornaleros, propugna un lugar de encuentro de comunistas, andalucistas, cristianos o anarcosindicalistas. En este espacio de encuentro, las diferentes culturas políticas no sólo no deben ser un obstáculo para el trabajo común sino que eran "la garantía del carácter unitario del SOC".

"Todos somos necesarios", repetido por él hasta la saciedad, se contrapone así a maniqueísmos, al pensamiento único, a la uniformidad con la que identifica con el propio sistema capitalista.

Con estas premisas, no es extraño que el Sindicato de Obreros del Campo que él ayudó a construir, la Asociación Pro Derechos Humanos que fundó junto a otros compañeros, el colectivo "Entre Pueblos", en el que participó en tareas de dirección, o las propias Candidaturas Unitarias de Trabajadores mantuvieran una característica común: TODOS ERAN ESPACIOS donde convergen personas con ideas o culturas políticas diversas desde planteamientos radicalmente anticapitalistas. Interlocutores que, en pie de igualdad disfrutan y a la vez potencian la intercomunicación. Espacios, cada uno de ellos, con distintos fines y objetivos, pero con ese eje de actuación común: la defensa radical de los más débiles sean estos jornaleros, desfavorecidos o países empobrecidos por las prácticas del sistema.

Tal y como resalta su amigo y compañero Rafael Montes, de los Corrales, en la creación de la APDHA destaca sobre todo el compromiso con los marginados, con los más débiles, con los sin derechos. "Hablar desde las gentes más empobrecidas", ese es el objetivo de una Asociación que debe ser "no lucrativa, laica, independiente y pluralista", tal y como señala en el artículo "Defender los derechos humanos", publicado el 23 de Abril en el Correo de Andalucía, Su idea de defensa de los derechos humanos, señala Rafael, no es abstracta, genérica. Es la defensa concreta de las personas y de los colectivos sociales más desfavorecidos.

En el citado artículo, Diamantino señala que si bien se están adhiriendo a la Asociación personas de diversos sectores sociales, profesionales o creencias, en todas ellas existe un denominador común, "conciencia crítica de la realidad que vivimos, esfuerzo por no integrarnos en el sistema y una gran inquietud por colaborar en la defensa de una sociedad donde todo ser humano sea respetado"

Otro de los espacios en los que Diamantino aportó su compromiso fue la Asociación "Entre Pueblos". Concebida como una asociación que trabaja "en la búsqueda de una justicia que permita la satisfacción igualitaria para cualquier persona y en cualquier lugar del mundo de los Derechos Humanos", nace en Marzo de 1.988 impulsada por los Comités de Solidaridad con América Latina que desde la década de los 70 constituían un movimiento de solidaridad que ha venido acompañando y apoyando a los procesos de lucha popular en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, y posteriormente contra el bloqueo de Cuba, y contra las violaciones a los derechos humanos en México, Colombia, Perú…

Entendiendo la cooperación como la elaboración de una alternativa al llamado pensamiento único, considera "de gran valor la pluralidad de culturas, costumbres y pueblos, imprescindible para nuestra supervivencia como seres humanos en toda su diversidad".

Diamantino fue consciente también de la importancia del municipalismo en el desarrollo de Andalucía. Las "Candidaturas Unitarias de Trabajadores" a las que apoyó se gestaron en la necesidad de la autoorganización de los pueblos. Los cargos electos de la CUT serían dinamizadores de las comisiones o grupos de trabajo que se crearían desde las distintas concejalías. La participación seria el eje de toda acción política municipalista. El alcalde sería el coordinador de estas comisiones y el interlocutor ante las instituciones de las inquietudes y necesidades del pueblo.

Como una de esas extrañas casualidades que a veces se presentan en la vida, hoy se cumplen 40 años desde que Diamantino llegó a Los Corrales. También se cumple el 73 aniversario del asesinato de Blas Infante. Pero, sinceramente creo que no es la única casualidad que se produce en las vidas de estos dos andaluces que fueron ejemplos de compromiso por su tierra y sus gentes. No puedo constatar que Diamantino fuera un estudioso de la obra de Infante. Sé que tenía conocimiento de ella a través de la amistad que le unía con los hermanos De los Santos, Diego y José María, y con el biógrafo Enrique Iniesta. Sin embargo, resultan ilustrativas las coincidencias de la apuesta organizativa de Diamantino por los espacios de encuentro con la concepción de Blas Infante de las Juntas Liberalistas de Andalucía como espacios desde los que los andaluces pensaran y diseñaran su propio futuro.

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