Dialogo en torno a Chthuluceno

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En el feminismo actual, se podría hablar de posfeminismo, se puede nombrar a tres mujeres que resultan interesantes de cara a pensar el sujeto de la emancipación: Judith Butler despliega sus teorías recurriendo a los conceptos de Foucault, Derrida y Lacan; Gayatri Spivak que entrevera las teorías postcoloniales y el feminismo y Donna Haraway que une el feminismo con la filosofía de las ciencias y las técnicas.

Haraway mantiene una destacada presencia muy en especial en el mundo anglosajón, y su obra, debido a la amplitud de los campos abordados ( feminismo, tecnociencia, ciencia ficción, primatología) concita un gran interés tanto en los ámbitos académicos, es profesora emérita del Departamento de Historia de la Conciencia y Estudios Feministas de la universidad de California, Santa Cruz, como populares, a partir, en especial, de la publicación de su manifiesto cyborg.

Su formación en el campo de la biología se deja ver en sus concepciones, que se reclaman del ecofeminismo. Desde esta visión hace un llamamiento a las mujeres para que luchen por la salvación del planeta. Su postura está muy ligada a la reflexión sobre la tecnología , estando lejos de rechazar los avances de la ciencia y la tecnología y el sueño de un tiempo pasado mejor e impoluto. Ahí, en lo que se refiere a la figura emancipadora es en donde saca a la palestra el cyborg ( cybernetic organism), figura a la vez real y utópica. Tal noción supone un cruce entre hombre y máquina, cuyos componentes son naturales y artificiales, término utilizado en el campo de la robótica y con una amplia presencia en la literatura de ciencia-ficción. Para ella todos somos, en cierta medida, cyborgs , ya que siendo seres vivos también estamos compuestos, o recurrimos, a prótesis que nos sirve para cumplir ciertas funciones vitales ( ordenadores, vehículos, telecomunicaciones, etc.), que nos relacionan con el exterior que también está constituido de objetos técnicos. Su visión es holista ( podría decirse mística no en el sentido religioso sino en la tendencia a lograr una fusión con el mundo, con todos sus pobladores…en la obra que provoca estas líneas emplea el término de holobioma, prefiriendo no obstante la noción de holoente, ya que esta última expresión incluye no sólo a los seres vivos) y artefactualista ya que la realidad toda está formada, en mayor o menor medida, por artefactos…por este camino es en donde su postura se acerca, marcando ciertas distancias, con las posturas animalistas, en la medida en que la movilización social está compuesta – según su visión – por actores humanos y no humanos; así, por ejemplo, la lucha por la conservación de la Amazonia hace que coincidan los humanos, no humanos ( animales y vegetales) y objetos técnicos representada por las civilizaciones materiales indígenas.

Pues bien, una manera de acercarse a sus puntos de vista es presentada por la editorial Icaria, con la publicación de « El mundo que necesitamos» que recoge un diálogo entre ella y Marta Segarra. La conversación recoge el acto con el que clausuró el ciclo de debates de pensamiento del CCCB de 2018, Después del fin del mundo, y se centra en la aclaración de algunas de las ideas expuestas por Haraway en su libro Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. A pesar de las escasas setenta paginas del volumen, la lectura ha de ser, no queda otra, pausada ya que la amplitud de temas tratados y la relación que entre ellos se establece teje una red que , utilizando las metáforas tan caras a las contertulias, es la propia de las arañas o la de los cabellos de Medusa. El lema que podría encabezar el diálogo es: « en el amor y en la rabia, debemos pensar por un planeta habitable», frase que usa Haraway recurriendo a Emma Goldman y Virginia Woolf. Como señalo no es tarea fácil exponer todo el vaivén de ideas intercambiadas acerca del dominio del hombre blanco, adoptando un acercamiento epistemológico feminista, en la senda de Isabelle Stengers, y teniendo en cuenta los mitos indígenas, frente a las visiones impuestas por una racionalidad hegemónica y exterior a los problemas de la base, si hacer ascos a la necesidad de « arriesgarnos en el pensamiento político, intelectual, emocional y religioso[ lo que es] más urgente que nunca»…hasta llega a reivindicar la atención que se debe prestar a las posturas animistas postuladas por los indígenas. No se oculta el gusto de la pensadora por el uso de las metáforas ( araña, Medusa, compost…) y por el recurso a la etnología. Su sapere aude, no se limita a la razón normalizadora sino que se abre a otras razones, otras visiones, a las que se ha de prestar atención, sin considerarlas de segunda y descartarlas como suele ser lo habitual. Sus dardos, al pasar, hacia la hegemonía evangélica neorracista y neocolonial, representada por Trump ( aunque no es desde luego, señala Haraway, modelo de cristiano evangélico). Su respeto hacia las distintas voces y hacia la reclamación de los derechos de las minorías le hace no esquivar, de pasada, algunas opiniones con respecto a Catalunya subrayando que se ha de « tener en cuenta que el Estado español se ha consolidado alrededor de una monarquía católica y sus usos lingüísticos y administrativos, lo cual ha hecho que las diversidades lingüísticas y culturales de cada pueblo deban ser deudoras de un único Estado nacional…». Muestra su temor ante el uso de la violencia ante la tarea de hacer y rehacer mundos, subrayándose la importancia en su obra del término hacer; y se extiende en el imperativo de no matar, lo que no quita para que aún matando hay situaciones en las que sea necesario el hacerlo ( se refiere, en concreto, al caso de los abortos, o de las necesidades alimentarias).

La reivindicación de su cyborg como feminista antirracista , alejada la palabra de su inicial uso militar, le lleva establecer una concepción ampliada de los parentescos, más allá del ámbito familiar, para unir a humanos, no humanos, orgánicos como no orgánicos…en una concepción que unifica a todos los seres que pueblan la Tierra, llamando para ello a una respons-habilidad que supone « una declaración sobre la capacidad de responder, respecto a algunos límites y no a otros, sobre el cuidar y preocuparse los unos de los otros, fructificar entre sí tanto lo humano como lo no humano, y crear fronteras determinadas para excluir a algunos y no a otros», poniendo el ejemplo de la discriminación que se da en California con los migrantes. Reclamando para ello una especie de simpoiesis « para hacer frente a los problemas con los que vivimos de verdad», lo que supone una ética del Chthuluceno, no como una lista de deberes sino como una práctica que se desarrolle en sintonía con los demás. Las aclaraciones sobre el origen del nombre propio recién nombrado y que consta igualmente en el título de este artículo , no faltan desde el inicio: inspiración en una araña , Pimoa cthulhu que se convirtió en una especie de tótem , en un ser que ayuda a pensar, en parte, porque su hábitat natural son los bosques de secuoya roja, árboles cercanos a donde vivo; y en parte porque tiene estos dos nombres tan contradictorios e interesantes, que son, si me dejas expresarlo así, indígenas, pero no de una manera inocente», no eludiendo la referencia a Lovecraft, aunque en este Chtulu es patriarcal, y Haraway busca apoyo en Medusa que petrifica las miradas patriarcales…

En fin, estamos ante unas densas páginas en las que se presenta la lucha de las mujeres, mostrando la influencia de los feminismos no sólo en lo que hace a la distinción entre sexo / genero, sino en la honda huella que han dejado, y dejan, en la lucha por el planeta y en su mayor habitabilidad.

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