Diálogo del presidente Traufe y el filósofo Pirrón

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Por Iñaki Urdanibia

Günther Anders centro su atención y crítica en la carrera descabellada de la técnica que hacía que el empeño prometeíco desembocase en la creación de desobedientes frankensteines, suponiendo ello que la creatividad humana no quedase correspondida por el real conocimiento de lo que se construía, como si estos últimos productos cobrasen vida propia más allá de los iniciales propósitos de los humanos que los habían creado, del mismo modo que se da un décalage entre lo creado y la conciencia de las catástrofes que ello provoca ( 1 ). Este grito de alarma que lanzaba el combativo alemán, se dejaba ver además de en su obras y en sus célebres cartas al hijo de Eichmann y al piloto que bombardeó Hiroshima, en su compromiso anti-nuclear y su participación en el tribunal , encabezado por Bertrand Russell, contra los crímenes de guerra en Vietnam, amén de en otras peleas ( 2 ).

Ahora ve la luz « La obsolescencia del odio» ( Pre-Textos, 2019), texto que pretendía incluir en su obra mayor sobre la obsolescencia ( véase la nota 1), pero que por uno u otro motivo no llegó a hacerse; tampoco la obra señalada llegó a ver la luz en vida de su autor ya que en 1992 le llegó la muerte. En el ensayo la metáfora del hámster, que en la medida en que más vueltas da a la rueda, más alimenta el movimiento, « metáfora que es quizá una de las que mejor retrata la vorágine de la civilización industrial contemporánea» ( cita tomada del magistral prólogo de una de las traductoras de la obra, María Carolina Maomez Parraguez); esto sucede también con el odio, que puede sustituir al cogito cartesiano por un odio luego soy, y en la medida en que el odio aumenta, éste se retroalimenta, y más refuerzo mi postura ( el ejemplo que Anders incluye en los Pensamientos preliminares, sobre la relación del torturador y su víctima, en un juego entre el gato y el ratón, que hace que se postergue el final que no supone la aniquilación sino en que la víctima adopte la postura querida por el victimario) . A esto se ha de añadir , en este caso, la visión romántica de la guerra a pesar de que los cambios técnicos han variado de manera absoluta las condiciones bélicas, pues la desigual lucha se da a distancia, haciendo que desaparezca el campo de batalla como tal y el contacto entre los contendientes, lo que supone que se dé una extensión del campo de batalla ya que en cierta medida cualquier lugar puede ser objetivo de los artefactos disparados a distancia con el mero pulsar un botón, como quien realiza cualquier tipo de labor productiva, la situación supone al mismo tiempo el nulo conocimiento del supuesto enemigo, con el que no se roza y al que no se conoce más que por haber sido construido como tal; es decir, el enemigo ha sido creado otorgándoles todo tipo de maldades, ellos son los responsables de todos los males que padecemos: así sucedió con los judíos, con los vietnamitas, y hoy en día con los migrantes que vienen a robar el trabajo, y que son delincuentes per se. Diseñado el enemigo, sin conocerlo para nada, ya es posible verter sobre él todo el odio, estimulado por los fabricantes de enemigos y del consiguiente odio que se les ha de profesar; y haciendo que aquellos que muestren comprensión o apoyo con respecto al designado enemigo, pasen a convertirse en enemigos ( como sucedió- y así queda señalado- en la persecución de los judíos por los nazis, que los declarados cómplices del enemigo judío, pasaba a ser considerado también como judío, a pesar de ser protestante, ateo…dejando de lado las monserga arias y demás fabulaciones : « salvadores de judíos son traidores de arios»).

En la segunda y tercera parte del ensayo vemos en acción al presidente Traufe y al filósofo Pirrón; el primero crédulo absoluto y convencido de que el odio que él induce en sus soldados s lo debido, mientras que el segundo, escéptico radical, va desmontando los argumentos del primero, en un recorrido similar a la que se presentan en los diálogos platónicos en los que la voz de Sócrates siempre pone luz en medio de la oscuridad. El presidente parece titubear y hasta rendirse ante la contundencia de los argumentos empleados por el filósofo: así asoman muchos de los puntos apuntados en el párrafo anterior…hasta el punto de que queda subrayada la inconsistencia de llamar soldados a los empleaos en ejercer una labor , pulsar un botón, sin asumir los riesgos propio de los heroicos soldados implicados en le cuerpo a cuerpo; desvelando , con la habilidad interrogadora, lo no-dicho como grito explícito. En estos tiempos de domino de la técnica, la distancia y el desconocimiento van a la par de la carencia del sentimientos de culpa, de piedad, etc. Y aquéllos que dicen que las máquinas piensan ( cuando así evitan pensar ellos), no parecen ser conscientes de que a las máquinas habría de enseñárseles a sentir, aunque difícil resultaría que unos humanos sin sentimientos debido a la ya mentada distancia e indiscriminación de los objetivos ( de los daños colaterales, mejor no hablar) enseñen tales valores a las máquinas dedicadas a la fabricación de cadáveres.

Quien fuera primer marido de Hannah Arendt ( 3 ) completa la travesía con una parte final en la que asoman ejemplos de su actualidad, con respecto a los que él estuvo plenamente implicado ( Vietnam, Hiroshima…), sin obviar el desinflamiento del odio en la primera y segunda guerras mundiales. Y las ideas, ya nombradas, de distancia ( « cuanto más alejado esté el enemigo, tanto más difícil e improbable será el surgimiento “natural” del odio»), de fabricación del enemigo ( « suministro de imágenes de enemigos imaginarios»), el derecho de todos los civiles , no solo los militares, a ser asesinados , la muerte sometida una esquizopraxia ( aquí se lanza el golpe y allá tiene lugar la muerte), y el cumplimiento del deber ( de matar) sin odio ( amor cristiano imperando)…teniendo en cuenta además de que « para los ejecutores todo es lo mismo, todo tiene idéntico valor, todo es indiferente, todo es idéntico y sin valor: su acción significa la total indiferencia, el nihilismo en acción».

Y un horizonte sombrío, apocalíptico podría decirse, el marcado por Anders al subrayar que « el final del odio podría presagiar el fin de la humanidad, porque ya no somos más nosotros, humanos, los que combatimos seres humanos ( acusativo); y porque ya no son más seres humanos aquellos por quienes nosotros, seres humanos, somos combatidos »…y se continua impulsando el deber de odiar, señalando enemigos , con el más inri de que «los computadores no pueden abandonar la lucha porque no habita en ellos un odio que pudieran desactivar. Para qué hablar del amor».

Notas:

( 1 ) En este terreno su obra fundamental fue L obsolescencia del hombre, obra publicaca en dos tomos: http://gara.naiz.eus/paperezkoa/20110309/252642/es/La-obsolescencia-hombre

( 2 ) Para una visión más amplia del compromiso de Anders y el conocimiento de algunas de sus obras más señeras: https://kaosenlared.net/gunther-anders-otra-manera-filosofar/

http://2014.kaosenlared.net/america-latina/27134-g%C3%BCnther-anders-filosof%C3%ADa-contra-hiroshima

http://gara.naiz.eus/paperezkoa/20130113/382315/es/Un-pensamiento-irreductible

( 3 ) Adjunto un artículo en el que se da cuenta de un libro de Anders sobre su relación amorosa con Arendt:

Günther y Hannah

+ Günther Anders

<< La batalla de las cerezas. Mi historia de amor con Hannah Arendt>>

Paidós, 2013.

157 págs. / 18,90 €.

Cantaba Brassens, tomando unos versos de Louis Aragon, que no hay amor feliz ( il n´y a pas d´amour heureux), sin llegar a tanto en la presente ocasión podría decirse que estuvo bien mientras duró, al menos para una de las partes, la de quien escribe sus recuerdos amorosos. La relación que se dio entre dos de las voces de la conciencia del siglo XX, Anders y Arendt, es narrada por el primero. La convivencia de ambos, que se inició en 1929, duró ocho años, recordados por Anders que consideraba a Hannah el amor , la mujer de su vida; no parece que se diese reciprocidad por parte de ella que parecía cubrir el hueco afectivo que le había dejado su amorío clandestino con su maestro Martín Heidegger.

El autor relata los momentos que en torno a una mesa en la que deshuesaban cerezas para luego hacer dulce charlaban sobre lo divino y lo humano, más de lo segundo que de lo primero; la diferencia de edad hace que él esté más bregado, y maleado, que ella. Ambos con una sólida formación filosófica usaban una jerga ininteligible contagiados por el espíritu de la época que habían mamado en maestros como Husserl, Heidegger, Jaspers, Gadamer o Cassirer. Asistimos a sus conversaciones, francamente animadas, en las que a veces se deja ver el carácter fuerte de los contertulios, en especial de la mujer que luego se convertiría en una de las pocas filósofas que aparecen en la historia de dicha disciplina. Puede verse en el intercambio de opiniones la tendencia de ambos de escapar de la nebulosa metafísica y de la palabrería cuasi-mistérica al uso, para bajar a tierra y mostrar unas tendencias inequívocas hacia la filosofía práctica, alejada de la verborrea heideggeriana, tendencia que luego se vería confirmada por las trayectorias de ambos: él, volcado en la lucha contra la energía atómica y posicionándose contra la guerra y contra la tecnificación y el despilfarro; ella preocupada por la filosofía política y, más en concreto, con el fenómeno “totalitario” . Somos invitados a unas sesiones de rica symphilosophieren, de filosofar con otro o filosofar entre dos, lo que hace que veamos un filosofar conjuntamente, en una continua lucha, un constante diálogo que sirve para puntualizar las afirmaciones de uno u otra, sobre los humanos y el papel que ocupan en el mundo( todavía en presencia de sentimientos pe-copernicanos y pre-darwinistas), con el fondo de la filosofía leibniziana y sus mónadas que sin ventanas al exterior se complementan, comunicándose, para formar el todo en el que vivimos, mas no un todo armónico. Tampoco está ausente el retrato, dialógico del ambiente académico que vivía ambos amantes La sombra de la lucha de clases, introducida por Anders planea a lo largo de la conversación y el tono desmitificador de algunos universales monoándricos y platónicos que en su abstracción escamotean las diferencias entre unos y otros humanos.

El hermoso libro responde al género de tres en uno, ya que además del relato mencionado de Anders, que es el que da título al libro, y su debida contextualización, contiene un par de capítulos más que nos sitúan a los dos personajes en sus trayectorias vitales e intelectuales. No deben obviarse las ilustraciones(fotos, dibujos y facsímiles) que completan la primorosa edición.

Anders mantuvo guardado el original de su escrito hasta la muerte de Hannah Arendt, en 1975; conmovido por el fallecimiento de quien fuese su esposa decidió sacar sus apuntes berlineses a la luz y aquí los tenemos, en una mezcla de amor(filo) y sabiduría (sofía).

Un magnífico acercamiento a dos grandes pensadores que se movieron au milieu de la mêlée. huyendo del modo de pensar escolástico , que habían rozado en sus años de aprendizaje, y super-especializado que no hacía sino espantar al común de los mortales de esa disciplina que en principio debía servir para el bienestar de éstos y no para un mero ejercicio logorreíco y narcisista .

Abre el libro, y…<<la batalla puede comenzar>> entre dos seres más preocupados por el mundo que por la filosofía propiamente dicha.

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