Despues del 7-J, ¿Qué hacer?

De estos resultados se harán muchas interpretaciones, ojala que al final de esos análisis nos sirva para avanzar en la unidad de la izquierda antisistema.

Por donde empezar para un qué hacer realista. Si analizamos la realidad política con objetividad veremos que la clase social en el poder a través de sus organizaciones políticas administradores de sus intereses dominan el espacio político. Gracias a su poder económico, financiador de los partidos integrados en el sistema y sus medios manipuladores de las conciencias obreras, consiguen, a pesar del alto grado de abstención, que la mayoría social trabajadora confundida y alienada se mantenga sumisa al dictado manipulador, consigan que unos voten al PP y otros al PSOE o incluso a gentes como Willy Meyer, ese personaje ganador que nos dice que vivimos en un Estado de Derecho porque la explotación del hombre por el hombre se hace democráticamente, y por esa razón de derecho, por cierto muy derechista, avalaba la decisión judicial de excluir a II-SP.

También resultó triste leer en el diario Público el “Manifiesto de la Cultura”, donde personas que admiro, firman ese manifiesto a favor de una candidatura integrada y respetuosa con el orden estatal-democrático capitalista, que encabeza Willy Meyer.

Alguno de esos firmantes, al analizar los resultados electorales, le lleva a decir: “La izquierda radical ha vivido una fascinación electoralista, cuando precisamente es II-SP la que se ha diferenciado de esa fascinación electoralista, centrando su acción en la lucha alternativa, instrumentalizando la democracia burguesa para generar democracia alternativa desde abajo, intentando la unidad de varias sensibilidades antisistema que componen la “España grande y libre”. Los que nos “fascinan” electoralmente son los partidos pretendidamente de izquierdas integrados en el respeto al Estado de Derecho capitalista. Tal vez desconozca u olvide la resolución aprobada en el XV Congreso del PCE (pero que nunca se puso en práctica) sobre los cargos electos de IU, donde se planteaba la necesidad de instrumentalizar revolucionariamente las instituciones burguesas y desde abajo, desde los movimientos sociales generar democracia y poder alternativo.

Cuando no existe una comprensión con base científica sobre la función histórica del Estado, cómo se estructura la clase social minoritaria para poder imponer sus intereses a través de la democracia delegada en la clase política; con la falsa división de poderes, y cómo, desde la realidad que nos toca vivir, debería estructurarse el poder de la mayoría social explotada y alienada, la confusión llega hasta personas que idealizan otro mundo posible solidario.

Muchos de los integrados en el “Estado de Derecho” consideran izquierdistas a los que les critican por su supeditación a esas normas de juego político, y también algunos izquierdistas, desde su radicalismo, se niegan a reconocer la realidad política y renuncian a la instrumentalización revolucionaria de los resquicios legales de la democracia burguesa. Tal vez, estos últimos, si leyeran y llegaran a comprender a Lenin en su obra “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, dejarían su infantilismo y serían más objetivos con la realidad política a combatir.

Es de confiar que esta experiencia histórica, que en un principio obligó a rectificar al Estado burgués su decisión sobre II-SP, y por la repercusión durante la corta campaña electoral, sirva por lo menos para suscitar el interés en seguir avanzando en la unidad de la dispersa izquierda antisistema. Que desde las dirigencias de los diferentes grupos y desde las bases se planteen la necesidad de un debate en profundidad donde abordar lo primordial a conseguir en este momento histórico. Qué entendemos debe ser la responsabilidad del partido dirigente y cual debe ser el protagonismo de los trabajadores explotados por muy alienados y confundidos que en este momento puedan estar. Cómo contribuir a despertar la conciencia, cómo ir a donde están los explotados en vez de pedir que vengan a donde creemos estar.

Cómo contribuir a que se configure un programa antioligárquico y antimonopolita que rompa con la hegemonía oligárquica que ejerce en el bloque burgués y por ende en el conjunto de la sociedad. Enfrentar no solo a los explotados con el gran capital, sino a los capitalistas, de menor cuantía, que están sufriendo la crisis provocada por el capital financiero y monopolista.

Sin cohesión ideológica es imposible acabar con la dispersión organizativa.

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