Después de Irlanda, ¿qué pasa con España?: Alemania inicia el debate español

Alemania se plantea estos días la pregunta filosófica; después de Irlanda, ¿qué pasa con España? La impresión general, tanto sobre esta pregunta concreta como sobre las preguntas más generales sobre la crisis del euro, es la de una gran incertidumbre sobre la evolución de la situación. En ese escenario amplio, caben todas las apuestas. Los medios de comunicación tienden, por vocación de titular, al dramatismo. En el mundo político, hay dos discursos, uno oficial y conforme, y otro más minoritario que es crítico sobre cómo se están haciendo las cosas.

En la prensa, el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el diario que en junio peor trató a España, divulgando maliciosos rumores sobre un inminente rescate español que costaron bastante dinero, se mostró el miércoles moderado. Comparada con otros, España "no está muy endeudada", hay problemas en sus cajas de ahorro, pero no en sus grandes bancos, presenta "claros avances" en recorte de gastos y reducción del déficit, decía su comentario editorial. El gobierno español, "ha comprendido que hay que cultivar la confianza de los mercados" e incluso se propone una impopular reforma de las pensiones copiando el modelo alemán. Por todo ello, decía, la quiebra de España es "improbable", y, "no es justo meterla en el mismo cajón que los demás países problemáticos".

Sin entrar demasiado en detalles, el semanario Der Spiegel sentencia hoy que, por el tamaño de la economía española, "si cae España, cae el euro". El mismo pronóstico lo refleja el Financial Times Deutchland: "si una economía tan grande como la española tuviera que recurrir a los bomberos financieros, el futuro del euro estaría en serio peligro", dice. Thomas Straubhaar, director del Instituto de Economía mundial de Hamburgo, citado por Die Welt -que titula, "¡Ay si cae España!"- considera que, "seguramente España no cabría bajo la cobertura del escudo de rescate" previsto en Bruselas. El semanario Die Zeit observa que después de Irlanda, "nadie sabe si va a ser posible contener la reacción en cadena"…Los responsables, naturalmente, echan el freno: "la posibilidad de que la euro zona se rompa es igual a cero", dice Klaus Regling, responsable del Fondo de Estabilidad Financiera.

Nacionalismo o interrelación Respecto a la visión general de la situación, hay una Alemania crítica con la política europea de Berlín, pero la Alemania que manda y que cuenta está, fundamentalmente, satisfecha de si misma. La situación económica "es de película", ha dicho hoy ante el Bundestag el Ministro de Economía, Rainer Brüderle. Es verdad que Alemania exporta mucho menos a Portugal, Grecia, España, Irlanda y otros países de Europa, lista a la que se sumará ahora Estados Unidos, si estabiliza su dólar barato, pero eso se compensa con China, Brasil y otros, gracias a un euro bajo y a unos salarios estancados desde hace diez años. El estancamiento salarial fue el precio pactado con los sindicatos a cambio de una tasa de paro moderada, pero no ha impedido que la degradación social, en forma de un incremento de la desigualdad y de un notable aumento del trabajo temporal, precario y mal pagado, se abra paso por la trastienda.

Esa Alemania oficial contenta, está, de momento, muy lejos de cualquier idea de golpe de timón en Bruselas. Lleva el piñón fijo, y sólo un segundo batacazo que afectara a sus exportaciones, podría alterar ese estado. Markus Ferber, presidente del grupo de la CSU bávara en el parlamento europeo, resume todo un sentir nacional: "El contribuyente alemán asume la responsabilidad por unas deudas que no han surgido en Alemania y tiene que pagar por los errores y la mala gestión de otros países de la UE", dice. El diario Bild continua preguntándose sobre Irlanda, lo que en su día ya se planteaba sobre Grecia, "¿Por qué tienen que pagar los contribuyentes alemanes por la crisis irlandesa?.

Esas inocentes preguntas olvidan la cruda realidad de una economía interrelacionada, con centros y periferias, donde cuanto más lejos del centro te encuentras menos pintas en las decisiones que diseñan el modelo que rige para todos. Son preguntas que intentan convertir en problemas "nacionales" -entre "contribuyentes" de distintos países- realidades que afectan a todos los ciudadanos europeos, aunque los periféricos y más pobres reciban siempre mucho más. La analogía entre lo geográfico y lo social es aquí meridiana.

La banca alemana financió con más de 400.000 millones (183.000 millones en España) gran parte de los errores citados por Ferber, en Grecia, España, Irlanda y Portugal, que con menos capital habrían sido de inferior cuantía. La exposición de la banca europea en España es de 602.000 millones de euros. En otros tres países, Irlanda, Portugal y Grecia, los bancos de la euro zona se juegan 705.000 millones, según cifras del Banco Internacional de Pagos (BIS). Así, con tanto dinero expuesto, es normal que el capital financiero alemán y el sector exportador beneficiado por la caída del euro, presionen por reducir el programa anticrisis europeo a salvar deuda con dinero público e imponer austeridad. Importantes jefes bancarios alemanes como Josef Ackermann, del Deutsche Bank, y su homólogo de Goldman Sachs se cuentan entre los consejeros económicos de la Canciller Angela Merkel. Lo mismo sucede en otras capitales. Este es el "sucio secreto" que mencionaba el pasado día 16 el Financial Times, en una inusitada, por lo franca, editorial de esta tradicional biblia neoliberal londinense: "los tesoros públicos de los estados harán cualquier cosa en beneficio de la deuda de la banca privada", decía.

Resentidos y escépticos "El éxito alemán genera resentimiento en el mundo", señala un comentario del diario berlinés Der Tagespiegel. "En lugar de aplaudir el éxito de su socio europeo, el Secretario del Tesoro Timothy Geithner sugiere que el superávit alemán se contenga: en otras palabras que se prohíban las exportaciones si superan determinado nivel. En su apoyo surgen voces en Bruselas y en la izquierda. Es una extraña coalición de adversarios del libre comercio, pero están todos unidos por lo mismo: la envidia", dice. En el mismo periódico se leen también dudas sobre el mal ambiente que se está creando en Europa.

"Irlandeses, griegos, portugueses, y próximamente los españoles, considerarán a los alemanes, como mínimo corresponsables de su situación, por imponer a la Unión Europea su política de ahorro en lugar de hacer de locomotora coyuntural. Consumir, invertir, todo eso se espera de la nación económicamente más fuerte de Europa", señala hoy su editorial.

Entre los analistas, hay un grupo que denuncia desde hace meses como error garrafal y mera sumisión política a los bancos, la línea general alemana y europea en esta crisis. Son pocos y proponen un discurso keynesiano y nivelador de desequilibrios internos en la eurozona como primera prioridad, en lugar de la austeridad para todos. Heiner Flassbeck, ex secretario de Estado en los noventa y actualmente destacado en Ginebra, es su representante más claro y notable. Augura que la "arrogancia" alemana se va a cargar la Unión Europea. Entre los escépticos sobre los efectos de la actual medicina en la prensa destaca Wolfgang Münchau, un comentarista del Financial Times Deutschland.

"Antes de comenzar, el programa de ayuda a Grecia se hunde, Irlanda es insolvente y tampoco veo como Portugal y España pueden mantenerse a largo plazo en el euro. Sin unión política la caja reventará", dice. "En lugar de aceptar esa necesidad, los políticos europeos se dejan llevar por ilusiones".

http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20101125/54075236134/alemania-inicia-el-debate-espanol.html

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