Despistes y escollos que han socavado nuestra lucha de clases

Por J. Estrada Cruz

A falta de correcciones, una parte de este artículo ya lo tenía para publicar antes del 1º de Mayo. Por falta de tiempo y de agilidad mental no pudo ser. Lo he reanudado a partir de recibir un documento publicado por Nef (centro ingles de investigación, acción independiente) “que busca el bienestar económico real”. Este escrito está basado en un artículo que firma Nicholas Georgescu-Roegen en 1971. El enfoque que Nef trata de imprimirle es a modo de movimiento hacia las 21 horas de jornada semanal para la próxima década. Tratan de promover grupos de estudio aunándolos en debates y en expansión  informativa, con la finalidad de que prenda en las masas. Es un proyecto de bases, con buenas intenciones, que centra su actividad en la lucha contra el “capitalismo salvaje”. Sin embargo las orientaciones que se exponen no pueden sofocar su salvajismo. La única solución es su extinción.

En mi condición de asalariado desde muy temprana edad y, de estudios ni siquiera primarios, el desarrollo de mi formación política y revolucionaria, ha sido ardua. 48 años y estos cinco meses, que llevamos de este, es el tiempo que ha pasado desde que yo decidí implicarme, organizarme y luchar por mi clase. Lo poco que he ido leyendo desde entonces, unido a mi vasta experiencia, que emana de una intensa y permanente híper-actividad en la lucha, es lo que me ha ayudado a comprender la lucha de clases y el marxismo. Con serios lastres de lectura y de comprensión de los textos (de lo poco que cayó en mis manos y delante mis ojos) en mis primeros diez años, de movimiento obrero y sindical, me llamó poderosamente la atención (al final de los 70) el libro Historia del 1º de Mayo, del historiador francés Maurice Dogmanger.

Unos años después, en 1986, sorprendido y convencido de que, como la “sopa de ajos”, (la lucha de clases y sus métodos eficaces ya estaban inventados), me atreví a escribir, de prisa y corriendo, un “librillo”, (animado por algunos camaradas que leyeron el borrador) sin que nadie lo corrigiera y, por tanto, con bastantes ingenuidades y defectos. En este, replanteaba similar método de lucha empleada en el mayo de 1886 en los EE UU; del que se aplicó para el mayo de 1890 en Europa, y del que utilizaron los franceses para el mayo de 1906. En aquel modesto documento yo proponía un plan de lucha de agitación y concienciación, de carácter nacional e internacional, que habría de culminar para el año 2001. (15 años por delante, convencido de que el éxito de la culminación dependía de una extensa y profunda  preparación). De aquí, se habrían de desprender grandes movilizaciones con las que había que conseguir la jornada laboral de cuatro horas y dejar tiritando la explotación capitalista.

También por aquel entonces, leí breves textos y entrevistas de Herber Marcuse y de algún que otro, menos conocido, que reforzaron mis convicciones sobre la alienación de las masas y la teoría revolucionaria. Marcuse, de los más importantes de la “escuela de Frankfurt”, el crítico del “marxismo soviético”, en su “exilio” estadounidense, (consciente de los adelantos y capacidad productiva), aseguraba que ya no existía problema alguno de producción sino, simplemente, de distribución del bienestar que ya se podía lograr. Este; me ayudó  a reforzar inquietudes y conclusiones que saqué del libro referido (Historia del 1º de Mayo).

Y, hace sólo unos meses, me sorprendió gratamente este texto sobre Walter Benjamín, lamentando no haberlo podido leer antes.  …Walter Benjamín propone que el cambio verdadero necesita una manera particular de hacer historia. A esta la llama el materialismo histórico, que en vez de narrar el pasado como los historicistas tradicionales, Benjamín propone intervenir el presente con una imagen que reta e interrumpe mentalidades. A esta la llama una imagen dialéctica, que siempre es una imagen del pasado “razonada” del presente. La idea es que el cambio no se logra simplemente fantaseando con un futuro mejor, sino que con lo que ya existe puede servir para una sociedad justa.

Una vez más quería asegurarme de haber comprendido bien el significado de materialismo histórico, según el marxismo y, buscando he encontrado este párrafo de Engels que leo, ahora, por primera vez:

La concepción materialista de la historia parte de que la tesis de producción, y tras ella el cambio de sus productos, es la base de todo orden social; de que en todas las sociedades que desfilan por la historia, la distribución de los productos, y junto a ella la división social de los hombres en clases o estamentos, es determinada por lo que la sociedad produce y cómo lo produce y por el modo de cambiar sus productos. Según eso, las últimas causas de todos los cambios sociales y de todas las revoluciones políticas no deben buscarse en las cabezas de los hombres ni en la idea de que ellos se forjen de la verdad eterna  ni de la eterna justicia, sino en las transformaciones operadas en el modo de producción y de cambio; han de buscarse no en la filosofía sino en la economía de la época de que se trata. Cuando nace en los hombres la conciencia de que las instituciones sociales vigentes son irracionales e injustas,  de que la razón se ha tornado en sinrazón. y la bendición en plaga, esto no es más que un indicio de que en los métodos de producción y en las formas de cambio se han producido calladamente transformaciones con las que ya no concuerda el orden social, cortado por el patrón de condiciones económicas anteriores. Con ello queda que en las nuevas relaciones de producción han de contenerse ya (más o menos desarrollados) los medios necesarios para poner término a los males descubiertos. Y esos medios no han de sacarse de la cabeza de nadie, sino que es la cabeza la que tiene que descubrirlos en los hechos materiales de la producción, tal y como los ofrece la realidad. La negrita es mía.

Y en las dos líneas de negritas de la cita de Engels, considero, que desde hace tiempo y en estos momentos, si se han de buscar (también) en la filosofía. Por ejemplo, en la filosofía de lo estructural, de lo superestructural y de la hegemonía, según Gramsci…

Pero he aquí que una vez más, se me plantean ciertos inconvenientes a la hora de opinar y decir lo que pienso, en base a la lucha de clases. Sobre todo cuando he de partir de críticas de las que me aborda cierta inseguridad en si estoy haciendo uso correcto de los conceptos y las palabras que aplico al razonar; más, cuando se trata de “acusar” a dirigentes obreros e intelectuales comunistas, de haber cometido y de seguir cometiendo errores, que se amontonan en un gran desfase, respecto a lo que debería ser el marxismo “actualizado”. No obstante, cuando parto de estudios y análisis que considero correctos, concluyo que sería peor no hacerlo.

De modo que, una vez más, insisto en afirmar que hoy, tras de 140 años de las primeras movilizaciones del 1º de Mayo, se ha de comprender que existe un desfase teórico reivindicativo, de exigencia de clase, en el seno de las organizaciones obreras, lo que nos debilita y desorganiza al no confrontar (según la realidad) con razones y verdades irrefutables. Hace falta situar, nuestro interés de clase, en el contexto actual para que las masas puedan concienciarse de la realidad que hoy les confunde y comprender la necesidad de arrinconar  y acabar con el sistema capitalista.

A estas alturas de avances científicos y técnicos, y de teorías capitalistas demenciales, (en determinados sectores de explotación laboral), continúan existiendo jornadas de trabajo del siglo XIX. Ahora bien, (al mismo tiempo) con el ineludible desempleo y la imposibilidad de generar trabajo de nuevo, el estado capitalista ha encontrado e impuesto salidas sobre fórmulas reduccionistas de la jornada de trabajo convirtiéndola en “precariedad”, (en tanto trabajas tanto te pago) y aplicando el sistema llamado uberización o, “economía colaborativa”, consistente en la explotación de falsos autónomos.

Sabemos que ya en el siglo XIX, incluso en él XVIII, pensadores y revolucionarios expresaban razones, asegurando que las máquinas y los avances “maravillosos” e inimaginables que se habían inventado y, estaban por inventar, libraría a los trabajadores de la esclavitud del trabajo. Intelectuales de izquierdas auguraban una vida satisfactoria para todos.

Así mismo, Marx y Engels, se desvelaron en defensa de l@s trabajador@s y de la justicia social y dejaron en “pelotas” la aberración capitalista, facilitando a la clase obrera el arma poderosa del materialismo histórico y dialéctico. Eran métodos infalibles de razonar, de ciencia, para que los trabajadores acabaran con la explotación a la que eran sometidos bajo normas de producción esclavistas. En la clase obrera (que por aquel entonces, se confiaba en dirigentes con ideas claras en la lucha teórica y práctica) había conciencia en base a las propuestas de lucha, de su unidad y fuerza, para ir arrancando a los empresarios mejoras laborales y económicas. Se basaban en la lógica, simple, pero profunda, de las capacidades que facilitaban, las nuevas máquinas y los nuevos métodos, en producir más con menos esfuerzo. Estaban convencidos que el progreso les permitiría trabajar menos tiempo y vivir mejor.

En aquella dinámica de avances, científicos y técnicos, disputados entre capitalista (y de luchas solidarias de los obreros para no ser despedidos) tratando de beneficiarse de los mismos; el capitalismo (encasillado en  insoslayables contradicciones) no podía tener escapatoria. Marx y Engels tenían razón. A estas alturas, el capitalismo, ya tendría que hacer mucho tiempo  que debía haber sucumbido. (Hoy el mundo estaría libre de los execrables problemas humanos y planetarios).

En este sentido, las aportaciones que Gramsci hace, en lo relacionado con la superestructura capitalista y su hegemonía, abrieron ventanas para haber podido dilucidar la presencia del extravío; a pesar de que por entonces, aún no fuera tan acusada su evidencia. Lo cierto es que hoy, la izquierda radical se encuentra  fuera “del terreno de juego”, sin teoría adecuada para este momento, ni de perspectiva, que otorgue confianza a los trabajadores y a los estudiantes en sus luchas y les genere subjetividad, cara a un mundo socializado.

Y es por eso que, si desde entonces el capitalismo se ha venido escapando, ha sido porque esa lógica de la clase obrera (de, avanzamos luego todos hemos de vivir mejor) se dejó de actualizar y de luchar. Así, paso a paso, en el transcurso del tiempo, se fue abandonando hasta perderla de vista y de mente. Este hecho tan simple y tan de verdad, es el que más ha determinado que multitud de “intelectuales marxistas” comenzaran a hacerse “pajas mentales”, tratando de enmendar a los “barbudos”, en vez de resituar correctamente el marxismo. Es decir, de saber abordar la praxis del materialismo histórico y dialéctico, en su momento. En mi opinión; reconocer, asumir y resolver este añejo error, es determinante para poder blandir el arma ideológica en el corazón de la “bestia” y avanzar con éxito en la tarea revolucionaria de transformación social.

Es cierto que la clase capitalista siempre ha estado “enchufadísima” en esta lucha,  y que ha sabido (además de reprimir) “sembrar un enorme y espeso bosque para que, (invirtiendo el proverbio) la clase obrera, no atine a ver el árbol”. En ese bosque nos hemos perdido como en un gran laberinto, donde nos topamos con todos los señuelos y falsos espejos que el capitalismo nos ha ido colocando para que nos choquemos unos con otros y no podamos pensar y ver con claridad el árbol y su fruta. Es ese marco selvático, un paradigma, en el que todas las rutas, senderos y caminos, están trucados llenos de maleza y cenagales, (una superestructura aún más compleja que la que observó Gramsci) donde vamos de un lado para otro sin que nos demos cuenta que estamos atascados donde siempre, indefensos, sin encontrar la salida y a merced de los depredadores.

Todo y que, en más de un siglo transcurrido, siempre hubo marxistas que, como “franco-tiradores”,  apuntaron errores cometidos y pistas para corregirlos. Sin embargo, las organizaciones comunistas, ni supieron prestarle atención, ni fueron capaces de verlos. Por eso, a pesar de que la lucha de clases siempre ha estado activa internacionalmente, por todas partes, sus resultados por lo general, (salvo excepciones) han venido trascurriendo en persistentes derrotas.

Constatamos que desde la gran crisis de 1929, se agudiza el funcionamiento económico-productivo, aberrante. Los capitalistas comienzan a ponerse de acuerdo en bajar la calidad de los productos para que se deterioren lo antes posible (obsolescencia programada). Un  delito (según P. Lafargue, en “El Derecho a la pereza”) que ya se venía ejerciendo en el siglo 19. Este disparate, contra natura, el capitalismo lo incrementa también con subterfugios propagandistas por los que se fomenta el “beneficioso consumo” como generador de empleo. Paulatinamente van desviando, despistando y logrando que la “importancia” del empleo, camufle el sentido racional de la necesidad o no del mismo. Y tenían que seguir produciendo aunque sobrase, e inventando artilugios aunque la humanidad no los necesitase.

Hoy, sabemos y explicamos muy bien cómo nos explotan; como nos están quitando derechos que habíamos conquistado; como saquean y oprimen a los pueblos, incluso como crujen al mismísimo planeta. Sin embargo a esta crítica, sobre los aspectos magnos de capitalismo, (para que sea más comprensible) se le ha de unir, en lo concreto, lo que debe de ser ya hoy, una sociedad socializada.

Como he dicho, en estos momentos, la superestructura capitalista (lo económico, jurídico, político, mediático, cultural,  etc.) viene condicionando y obstruyendo nuestra capacidad en la interpretación de la lucha de clases. Y es que, los dirigentes obreros e intelectuales, no estamos al margen de cuanto nos rodea y nos prende. Nuestra conciencia (la de los “conscientes”) también está determinada por nuestro ser social. Y posiblemente, más de lo que podemos imaginarnos. Venimos de un largo recorrido que nos ha impregnado más, de experiencias lamentables y negativas, que de ejemplos dignos y positivos. Al menos, esto es lo que realmente vence en la balanza. Miles de marxistas del pasado se fueron des-actualizando y acoplándose a praxis desajustadas del marxismo. Un defecto que pudo devenir de los “escollos” que se iban acumulando en la lucha de clases. De estos, hay que destacar  el miedo a la confrontación, las fragilidades en los sacrificios que plantea la dedicación a la lucha, la proliferación de la burocratización, la colaboración de clases y tras de todas estas huellas, la incubación de la corrupción.

A estas adversidades hay que sumarles las lacras personalistas, que suelen ser las que intervienen en las divisiones de las organizaciones comunistas, entre las que hay destacar, la división histórica que tiene fraccionad@s a trotskistas y no trotskistas desde hace cien años.

De modo que, si no salimos de aquí, si esta embarazosa realidad no es modificada; no podremos nunca llevar a cabo  un gran trabajo ideológico en profundidad, que plantee la verdad, de verdad, (valga la redundancia) en base a cómo, históricamente viene funcionando y aguantando el capitalismo, para conseguir hacer tomar conciencia a la mayoría de la humanidad, convenciéndola, de que él socialismo es la única alternativa para la comprensión y colaboración entre las personas.

Lograr la conciencia en amplias masas es posible, en la medida que configuremos una gran organización comunista revolucionaria, que llegue a ellas con las mejores “sustancias” del materialismo histórico y dialectico. No podemos permitirnos estar siempre partiendo de cero y de obsoletas y erróneas premisas del pasado ancestral.

…“intervenir ahora con una imagen dialéctica, que siempre es una imagen del pasado “razonada” del presente”. Es decir, avanzamos luego hemos de exigir vivir mejor. Hemos dado saltos inimaginables en escasos espacios de tiempo y hemos conseguido de sobra de todo de lo que precisa la humanidad. En consecuencia, la vida debe transcurrir placenteramente ya, para todas las personas, en consonancia y respecto con la naturaleza. Esto es lo que vino a decir Walter Benjamín hace 90 años.

Se le ha de hacer tomar conciencia a la gente de que ya, y desde hace mucho tiempo, es posible dedicar al trabajo muy pocas horas empleándolas, mayormente, en los servicios públicos y en aquellos productos que de verdad ofrezcan calidad de  vida. Es tarea fundamental y principal (mientras se van abordando multitud de problemas inmediatos) lograr que las personas asuman y luchen por profundas modificaciones en los modos de producir y servir. Es decir, se tiene que dejar de producir lo innecesario y construir con calidad cuanto se necesita, procurando que sea durable y reparable. Se tiene acabar con los servicios privados cuyo objetivo no es el de dar satisfacción y hacer fácil la vida de las personas, sino el de obtener beneficios de todo,  incluido las cuestiones más vitales como la Seguridad social y la salud.

Convencer, en que todo el mundo ya puede saborear el tiempo que vivimos, con una alimentación imprescindible, sana y, con amplios conocimientos que permiten el cuidado de la naturaleza, lo que a su vez, facilitará que las personas tengan tiempo para contemplarla y disfrutarla. Y cómo olvidarnos, de poder practicar unas relaciones gozosas de amistad, de amor, de cultura y de solidaridad recíproca entre las mismas.

Expliquemos esto (con interminables razones que tenemos) en los centros de trabajo, en los centros de estudio, en la calle, en todas partes y, el capitalismo y sus aberraciones durarán lo que aquel “pastel en la puerta del colegio”.

Los marxistas sabemos que las inquietudes masivas de la juventud, por salvar la salud del planeta, precisa del conocimiento de la historia de la lucha de clases. Los jóvenes han de saber, que desde hace mucho tiempo y sobre todo en los actuales, no existe ningún problema de producción, ni de insuficiencias, sino sólo de distribución; de reparto de lo muchísimo que hay.

Es cierto, que ha aumentado la claridad y conciencia entre las masas (principalmente entre la juventud) para asumir que el culpable, de todo el desastre medio ambiental, es el capitalismo, es su sistema de libre mercado competitivo. El inconveniente de esta toma de conciencia de la juventud es, que está influenciada, mayormente, a través de esas alternativas modernas “quincemista” y de “medias tintas”. En este sentido, tampoco Nef explica verdades, radicales y científicas, para que se pueda comprender que los problemas económicos, sociales y medio ambientales son intrínsecos al sistema de producción capitalista y de la lucha de clases y, que por tanto, son dependientes de la necesidad urgente de acabar con el capitalismo transformándolo en socialismo. Única manera de poder construir una sociedad verdaderamente humanizada y culta, capaz de salvar la salud y belleza del planeta que aún podemos contemplar. Y, lograda esta conquista, en adelante, recuperar cuanto se pueda.

10/6/2019

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