Despedida en pleno Estado de Alarma: el calvario de una limpiadora de Liberbank

Alejandra López trabaja como limpiadora en las sucursales de Ribadeo y Castropol y, sin previo aviso por parte de la empresa, la seguridad social le confirmó su baja

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El siete de enero comenzó una nueva etapa en la vida laboral de Alejandra López. Desde hace cuatro años se encarga de la limpieza de las oficinas de Liberbank de Ribadeo y Castropol, repartidos en dos días diferentes. Para ella, madre separada y con varios trabajos, este en concreto le supone un plus económico con el que sacar adelante a su familia, pero desde ese siete de enero, lo que era un trabajo rentable se ha transformado en una pesadilla.

Con esta nueva empresa a la que tanto ella como sus compañeras llegaron por subrogación, los problemas aparecen en cada esquina. Todo comenzó con una reducción de jornada de la que se enteró por WhatsApp, una reducción no negociada ni con las empleadas ni con los sindicatos. Por su parte Grupo Net, quien se encarga ahora de la limpieza de las oficinas Liberbank, no solo recortó las jornadas, sino que también lo hizo con los salarios y las cotizaciones de una gran parte de la plantilla, y decidió prorratear las tres pagas extras que las mujeres tenían pactadas en  convenio con Acciona, su antigua empresa.

Desde ese momento Alejandra López comenzó a luchar por sus derechos, ya que veía como todo comenzaba a desmoronarse. Lo primero a lo que tuvo que enfrentarse fue a que le retirasen el plus por desplazamientos. «En mi antiguo contrato figuraba que se me pagaban 40€ en condición de desplazamientos, pero ellos decían que no era así, que le mandase las nóminas donde figuraba ese dato. Y así comenzó todo, ya han podido comprobarlo pero siguen sin pagarme ese plus, y me sale caro ir a trabajar. Ahora cada día estoy mandando correos, mandando mensajes, documentación…. Terminaron por decirme que se solucionaría todo el día uno de abril, y lo que me encontré fue que me habían despedido sin ningún tipo de explicación previa o carta de despido», explica López.

Crónica de un despido injustificado

Fue precisamente con la llegada del Estado de Alarma cuando llegó la gota que colmó el vaso. «Se nos ofreció limpiar todos los días las oficinas y cajeros durante este confinamiento, pero claro, algunos días estarían cerrados y su forma de trabajar es que las empleadas llevemos la bayeta para casa y el desinfectante para el cajero, pero yo me niego. Una porque tengo otro trabajo que me impide hacer ese horario, y otra porque me parece poco profesional limpiar y desinfectar de esa manera tan sencilla y con una alarma sanitaria tan grave un cajero por el cual pasa tanta gente», cuenta López. Se añade esta situación que López se negó también a ofrecer a la empresa un documento a través del cual debían solicitar sus vacaciones, ya que se le pedía que añadiese el contacto de una posible candidata a cubrir su puesto durante las mismas. «Yo no voy a meter a nadie en este lío para que luego no nos paguen a ninguna de las dos», explica.

Fue a raíz de negarse a firmar ese contrato cuando, el tres de abril, llega un mensaje de la seguridad social anunciando su baja. «Nadie me informó previamente de ello, pero aun así llamo para solicitar la vida laboral y el paro, y en el INEM me dicen que les cuesta entender mi situación porque lo que se ha hecho es darme de baja en la oficina de Asturias, pero no en la de Galicia, algo que aún nos cuesta comprender, es surrealista», explica la limpiadora. Conociendo su nueva situación, el siete de abril, siguiente día en que debía acudir a su puesto de trabajo en Castropol, ya que le habían dicho que aún estaba dada de alta para esa localización, se encuentra con que ya ha acudido otra persona a limpiar la oficina.

La gallega afirma que no le temblará el pulso a la hora de llegar hasta donde sea necesario para solucionar este problema y que se le pague lo que se le debe. «Solo pido, y he enviado un texto a la empresa solicitándolo formalmente, que se me dé una explicación del porqué de este despido sin habérmelo justificado previamente o haber recibido una carta informativa. Quiero saber cuál es realmente mi situación en la empresa, si estoy o no estoy de alta, con qué duración de jornada, y en qué centro de trabajo. Creo que no es mucho pedir», explica López.

Un 2020 en declive

En apenas unos meses sus condiciones laborales dan un giro de 180 grados. «Paso de tener los riesgos laborales cubiertos a renunciar a la revisión médica, a que se me prorrateen las extras, algo que no estaba estipulado en el convenio anterior, me retiran el plus de transporte…No voy a dejar de pelearlo, pero solo me estoy encontrando trabas y más trabas», cuenta López. Y es que desde enero lleva luchando por mejorar sus condiciones laborales, ya no solo económicas, sino sobre sus condiciones de trabajo y de protección en el mismo. Tuvo que pasar un mes y medio hasta que llegó a Castropol el primer mandil de trabajo, y a Ribadeo llegó ya en pleno Estado de Alarma.

Esta bata y unos guantes de latex son la única protección con la que cuenta para realizar su trabajo, a pesar de haber solicitado en contadas ocasiones un equipo de protección individual (EPI) con zapatos y pantalón, para poder dejar de acudir al trabajo en tenis y vaqueros. «Ahora tengo que llegar a casa y lavar la ropa en caliente y con el desinfectante para el covid, que contiene lejía y la estropea», explica la gallega.

Decenas de correos electrónicos y mensajes cruzados después, Alejandra López continúa sin cobrar los meses de enero y febrero, y habiendo cobrado en dos ocasiones por parte de la empresa correspondientes al mes de marzo: un pago de 57€ y otro de 39€. «Tengo que pensar que ya es algo personal, que al no haber claudicado y no hacer lo que ellos pretendían que hiciese, van a por mí. Pero yo no me quiero ir, tengo cuatro años de antigüedad y un hijo que tiene que comer, si quieren que me echen, pero yo no me voy», afirma rotunda la gallega.

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