Deseamos otro socialismo

Entrevista de Michel Suárez a Ramón García (sin edición).
(Publicada en Cubaencuentro.com)

La actitud decente y profesional del señor Michel Suárez, redactor de Encuentro, ha facilitado este «diálogo entre opuestos». («Diálogo sin odios», diría Víctor Fowler.) Suárez ha publicado dicha entrevista en el sitio Cubaencuentro.com en fecha reciente. Los rigores de aquel espacio periodístico le han obligado a editar la entrevista de 14 a 8 páginas. Ofrezco ahora el texto integro. Desde luego, espero y agradezco su opinión
(e-mail: ramon0260@mail.com ).

Hablo en esta entrevista a título personal. Por tanto, libero de débitos a toda persona o institución que nombro en este diálogo.

Los que opinan que me he entregado fácil al «enemigo» les digo: Los únicos peligros que hoy advierto están en la antipatía y los dogmas. La única manera de tender puentes sobre ese inmenso océano de discordias que nos separan sería abrirnos al diálogo. Propongo escapar del absurdo Castillo (kaftkiano) en que nos hallamos todos los cubanos. Sea hecho esto sin renunciar a nuestros ideales y en el más absoluto respeto por la opinión ajena.

Finalmente, la revista Encuentro ha hecho más por la Cultura Cubana –desde la 'esquina de enfrente': agencia de la CIA, etcétera–, en mi opinión, que aquello que muchas otras revistas en Cuba han podido hacer por la misma. Puede molestar que el «enemigo» sea en algo superior a nosotros. Pero… Peor sería la actitud insolente de ciertos políticos en Cuba–«ignorantes insensibles», según Armando Hart– que, con posturas así, viene para ofender la inteligencia a los cubanos y obstruir, además, una auténtica reconciliación nacional. La revista Encuentro, esta vez, debate una 'alternativa socialista' en Cuba. En tal sentido les invito a estudiar la reacción de los lectores.

Desde luego, nadie debe esperar en principio otras actitudes de respuesta que aquellas que han resultado del metódico adocenamiento de nuestras conciencias en ambos lados del 'muro'. Pero la alfombra se corre.

«Deseamos otro socialismo»
Por: Michel Suárez
(Madrid)

Ramón García Guerra. Nace en Cárdenas, Matanzas, el 5 de febrero de 1960. Participa en la Guerra de Angola entre 1978 y 1980. Graduado de Derecho (1989) en la Universidad de La Habana. Fundador de la Asociación de Percusionistas de Cuba (1991) y de la Cátedra Haydee Santamaría (1998). En la década de 1980 fue miembro de los Consejos de Dirección de Casa de las Américas y del Instituto Superior de Arte. Obtuvo una mención en el Premio 'Andrés Bello' 2006 con el ensayo: Escritura y oralidad. Las clases sociales en Cuba (1959-2001). Profesor de Sociología y de Comunicación en la Universidad de La Habana (desde 2003).

***
MS: ¿Puede explicarnos qué sucedió en junio pasado con cuatro integrantes de la Cátedra Haydee Santamaría de la Asociación Hermanos Saiz (AHS)?

RG: Simplemente nos echaron a la calle. La razón de Estado –según Chomsky– se impuso en esto. La postura que luego adoptamos no fue de llorones. Esto lo vemos como un signo de debilidad del poder ante jóvenes que se juegan el pellejo por sus ideales. Y esto no ocurre por primera vez en Cuba…

MS: ¿Ha sido una especie de 'caso CEA' (Centro de Estudios de América) silencioso?

RG: No, no. Déjame dar detalles del asunto. La cosa sucede así: Esta fue una decisión que afectó a miembros de la Cátedra Haydee Santamaría cuya ocupación era la de ser especialistas en instituciones adscriptas al Comité Central del PC cubano: Instituto de Historia de Cuba (Mario Castillo y yo), OSPAAL y Centro de Estudios de América (Yeniela Cedeña). Claro está, hallas a quien se resiste a noticiar su nombre en la Web. Se en-tiende ¿no? En cambio, otros han cedido ante el poder. Algo menos digno. Luego, esto nos ocurrió en junio. Ellos se molestaron y nos echaron. Ya ves. Roque Dalton decía que todo sería mejor si los políticos en el socialismo de Estado apenas tuvieran algo de sentido del humor. Ahora bien, ¿ellos quiénes son? Porque los directivos de estas instituciones han sido «hombres de paja». Decantemos hasta hallar fondo:
1) Los oficiales de la Inteligencia cubana nos aseguraron no tener participación en este incidente.
2) Fuera de control de la AHS –nuestra institución sombrilla– hemos estado desde los orígenes de la Cátedra.
3) Instituciones de la cultura, incluso, han sido nuestras «cómplices» durante una década: UNEAC, Casa de las Amé-ricas, Biblioteca Rubén Martínez Villena, Centro Juan Marinello… No, la Cultura no. ¿Entonces quién?La cosa está en el Comité Central: en el área Ideológica, para más señas. Así nos lo dijeron los jefes. Y no cuesta creer.

Los miembros de la Cátedra que integran otras instituciones no fueron molestados pues di-chas entidades no se encuentran adscriptas al Comité Central del PC cubano. Pero, ¿qué pudo molestarle tanto al PC? Somos una joven intelectualidad de artistas, profesores, etcétera que, como pasa al principio con todas ellas, grita no para ser escuchada sino para oírse a sí misma. Desde luego, ésta es expresión de una sensibilidad de época en particular. Si esto les fastidia tanto, entonces, tal vez hallen la solución con dosis de PPG.

Ahora… Falta aún por considerar el dilema del CEA.

MS: Adelante.

RG: La nuestra no es la bronca del CEA. Esto no significa que la consideremos mejor o peor a la nuestra. Ante todo, no imaginas cuánto admiramos nosotros a Aurelio, Valdés Paz… Fernando es otra cosa. En mi caso me resulta algo difícil hablar de Fernando. ¡Suelo estar de acuerdo con él hasta cuando se equivoca, bróder! Confieso mi amistad con Dilla, incluso. Pero esto es afecto y nada más. Entonces si hablo de diferencias se arma la «guerra». Desde luego, en este mundo todavía el cariño y el respeto sirven de mucho. Por ejemplo, pienso ahora en aquel artículo de Freud que publica en defensa de un alumno: «El malestar de la cultura». Quizá lo afectivo logre explicarnos la actitud de Fernando, que invitado por la Cátedra, soportó dos días de polémicas sobre Los Mayo del 68 –francés, mejicano y checo– apenas con refrescos y panes. (Incluida una lección sobre La filosofía de Castoriadis a cargo de Dimitri.) Sin duda, ha sido la broma más brutal que hemos hecho contra un amigo nuestro. Sin dar «muela» te digo: La gente del CEA se enfrentó al poder en bloque. Nosotros, en cambio, somos una «guerrilla semiótica» –según Humberto Eco–. Ellos estaban dentro. Nosotros en outsider. Sobre ellos, gente cuerda, caería la fuerza del Estado policial y sus tácticas del miedo. Nosotros somos más anarquistas y menos cuerdos.

La discusión de los intelectuales del CEA fue por una profundización del proyecto socialista en Cuba. La nuestra es por una actualización de dicho proyecto. Socialismo igualitario, no. Socialismo libertario, sí. Mira… Somos iconoclastas, radicales. Porque el ancie regime –según Marx—no merece otra crítica. ¿Entiende?

MS: ¿Cómo funcionaba la Cátedra? ¿Les permitían actos en lugares oficiales?

RG: Sobre lo primero te digo: de puro milagro se vive. Somos totalmente plurales. ¡Imagínate tú eso! Déjame ver cómo te explico luego el caso. Intentaré ahora contesta ambas preguntas en una respuesta… que sea breve. Detestamos la «metatranca». Evitamos hacer una publicidad de tipo excéntrica. Eduardo Galeano alertaba sobre lo «importante (que) es no ser importante».
La biografía de la Cátedra se distingue (R)por etapas precisas:
Primero fue el foro. Escogíamos un tema y todos nos preparábamos para enfrentar el debate. Estaba aquel que provocaba la discusión. Algo así como una «esquina caliente», que nunca se está seguro cuándo puede a acabar. Pero estos debates nos dejan la conciencia alerta sobre los peligros que nos acechan.
En una segunda etapa nos abrimos a la ciudad. Fueron los eventos «académicos» que realizamos contra el fascismo y por el humanismo en la Biblioteca Martínez Villena y la UNEAC.

Hacemos cada año impar un Observatorio Crítico en San José de la Lajas. En 2005 nos enfrentamos a una crisis. Te cuento. Le hacen una entrevista a Celia Hart que aparece en La jornada. (Preciso un detalle: Celia era nuestra amiga, pero no miembro de la Cátedra.) Ella ofrece esa entrevista en los jardines de la UNEAC.

Todavía está bajo los efectos del debate antifascista que sucede ante sí en la Sala Villena. En el titular La Jornada lo presenta así: «Jóvenes cubanos debaten el futuro del socialismo en Cuba» (18/03/05). En el texto se decía algo así como: «Una joven intelectualidad de izquierda en Cuba se está nucleando alrededor de la Cátedra Haydee Santamaría y está haciendo nuevas lecturas de viejos marxista olvidados». Y ahí Celia, que era troskista, hace lo suyo: Trosky, Rosa Luxemburgo, etcétera. Esto fue motivo para que La Jauría se nos echara encima. (Quizá sería peor si supieran que aquel listado era otro: Bakunin, Castoriadis, Foucault…)

¿Entonces qué ocurre? Como en la selva, ante el ruido, huyen las gacelas primero por miedo al peligro; para luego regresar al «lugar de los hechos».

Esta fue una prueba de fuego para todos. Fidel Castro habla en la Universidad a finales de 2005. (Tiempo antes el socialismo era irreversible (2002). Ahora es vulnerable –dice Fidel–) La actitud que adopta tiene un parecido de familia con la nuestra. Y eso ayuda ¿no? La gente se siente ahora más segura de sí misma. Mira tú, ganan premios y hacen maestrías que resulta una extensión de estos debates. Siempre en los parques. Porque «la cabra tira al monte» –dice el refrán–. La cosas es que esto embelesa a algunos que, por ahí, juntan méritos ajenos, trepan a editoriales al chance y adoptan poses ridículas.

En una tercera etapa le dimos continuidad a la Escuelita de los orígenes. Ahora se reunían más de doce proyectos en El Vedado (H y 19) cada semana. Evitamos entrar en instituciones que nos tuerzan. Esta es una acción que ha movilizado a mucha gente en esta ciudad.

MS: ¿Qué ha pasado después de esto?

RG: Perdona la extensión de mi respuesta anterior.

MS: No, continúa.

RG: ¿Qué ha pasado después de esto?
Bueno… Lo que en principio fue una táctica de intervención en los debates intelectuales en toda la ciudad, como asistir a Último Jueves de la revista Temas, ahora se convirtió en una estrategia de inserción en instituciones clave del proceso de reproducción ideológica de la sociedad: centros de investigación y docentes.

Este tipo de estrategias te obliga a reconsiderar las alianzas. Campos fue un compañero de viaje, por ejemplo. Pedro Campos forma parte de la «izquierda pijama» que tú dices… Bueno, sobre esto hablaremos más adelante. Regreso al asunto. La cosa es que tenemos una asignatura aún pendiente entre nosotros: se refiere al carácter habanero centrista de nuestro proyecto. La defensa del subalterno nos disculpa. Entre los miembros de la Cátedra dos amigos: Tato Quiñones y Mario Castillo, en tal sentido, han hecho el trabajo más arduo y serio. En calidad de miembros de la Cátedra, Tato Quiñones y Mario Castillo han realizado, ¡junto al Instituto de Historia de Cuba! –es decir, de donde fuimos echados Mario y yo–, un evento de homenaje a los esclavos lucumíes que se rebelaron en el siglo XIX mientras construían el Pala-cio de Aldama. Entonces ¿cómo entender esto? El mensaje parece estar clarísimo para la Cátedra. Después de nuestra salida fue sometido en cuarentena el Instituto. Desde luego, negarse a colaborar en un homenaje así sería calificarse de racista. ¿Quién desea ser considerado de tal forma?

Esta es la fuerza de las ideas –diría Fidel Castro.

***

MS: ¿Cuál ha sido el papel del ex diplomático Pedro Campos Santos en las actividades de la Cátedra?

RG: Asistir a la Escuelita, empujar los temas económicos que hemos olvidado; en fin, hacer del debate una cagástrofe que huelle bien. Nos obliga a pensar lo no pensado en estos debates.

MS: ¿Compartes el llamado de Campos y de la denominada «izquierda del pijama» para reformar el socialismo cubano?

RG: Déjame precisar ese concepto de «izquierda pijama». En la década de 1980 –es decir, bajo el Estado obrerista en Cuba– surge esa categoría de cuadros: «Plan pijama». Dirigentes que eran sacados de sus cargos y enviados a sus casas. Incluidos sus altos salarios y otras dádivas más. El método era neo estalinista en esencia. Ahora tú lo empleas en una definición de cierto segmento de la izquierda en Cuba. Imposible, Michel. Sería un contrasentido esto.

Imagínate una guerra de lunes a viernes con fines de semana feriados. No. Que va. Existe en nuestro espectro político un segmento así, que no sabría si calificar de izquierda en tal caso. Lo que sí podría decirte es que estamos ante un dilema que cumple casi 80 años. Porque el dilema que enfrenta la revolución en Cuba se refiere a su conflicto con una ortodoxia estalinista que batalla aquí desde 1930. Los que tú incluyes en tal categoría serían una facción disidente de aquel dogma.

Precisemos este asunto. (Porque, ante todo, esto haría justicia con la integridad de los órganos de control en Cuba.)

Este sector de la 'izquierda' en Cuba –no toda ella, pero sí parte de esta– estaría integrada por ex oficiales de la Inteligencia cubana. Oficiales que ingresan al Ministerio del Interior en la década de 1960. (Sabemos de la influencia del PSP entonces.) Incluso un debate sobre Stalin con estos compatriotas puede resultar algo difícil. Ahora están de regreso del más-allá. Poseen la convicción del converso. En cambio, la retórica estalinista se conserva: 'base-superestructura', 'fuerzas productivas-relaciones de producción', etcétera. Todo lo dejan resuelto con el capítulo 51 del tomo 3 de El Capital. Confunden metáforas con realidades. Parecen olvidar, además, que»Carlos Marx no conoció el motor eléctrico» –según Darcy Ribeiro (revista Casa, 1990)–. Constituían una clase intermedia de oficiales, que nada tuvieron que ver con la elite burguesa del MININT de la década de 1980. Después de la Causa 1 de 1989 fueron desactivados como piezas de un automóvil. Los oficiales del MINFAR que ocuparon el MININT los «jubilaron». Entonces ellos se fueron a la calle. Como taxistas, fotógrafos, etcétera. Pusieron a Pepito Stalin a rumbear en La Habana.

Parece un chiste. Pero no. Esto le ha dañado la autoestima a un montón de gentes. Personas decentes. Personas que han devenido en delincuentes casi por accidente y sin alternativa. Entonces esa gente se rebela y dice: No. ¡Quevá! Liberen a Willy. Entonces cada quien se empeña en hallar una salida. También así le sucede a esa 'izquierda' que tú asocias con Campos. Pero tú me preguntas otra cosa. Preguntabas sobre el llamado para reformar el socialismo de Pedro Campos y la «izquierda pijama». (Que estaría por ratificar esa asociación entre Campos y aquellos otros soldados.) ¿Eso es?

Bueno, antes de contestar te diría: Sugiero le preguntes a Pedro Campos sobre su 'militancia' –o no– en esa «izquierda pijama». Luego mi respuesta es negativa. Sea o no miembro Campos de tal grupo. Distingo entre esa 'izquierda' y Pedro Campos y sus amigos. Esta es la imagen que tengo. Por tanto, hablaré de las propuestas de Campos y sus amigos.

Entiendo estas como una reforma cosmética del ancie regime. La crítica de Narciso Isa Conde (Kaos-Cuba), por ejemplo, sería correcta: no sólo socializar lo estatal. También lo priva-do. Pero mi objeción es de fondo. Teórica y práctica: 1) Los cambios que sugieren abren puertas al socialismo de mercado y repiten el error proudhoniano de retorno al pasado; 2) La sociedad que imaginan sería incompatible con un proceso reproducción ampliada del socialismo liberta-rio en Cuba. Lo cual evidencia un conflicto entre la forma (estalinista) y el contenido (libertario) en tal soflama. Incluso, han dejado clara la intensión de mejorar ese texto. Pedro Campos ha vuelto a El Capital. Y así le hace recordar viejas lecciones de economía política a más de uno en Cuba.

Luego, usted puede discrepar con Pedro Campos sobre el campo de realización de una efectiva contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción en la sociedad, porque esta desborda hoy el ámbito nacional; puede tomar distancia de cierto «economicismo» en sus análisis sobre la realidad, porque tal «determinismo» es algo simplón; puede, incluso, advertir una aceptación acrítica de la experiencia del «período especial», porque no todo lo ocurrido en esa etapa de repliegue fue algo positivo, etcétera. Pero no podría negar que Pedro Campos crece a saltos, que resulta ser valiente al defender sus ideales, que le mueve la alfombra a 'los malos'.

MS: Algunos apuntan a la mano de Carlos Aldana en el grupo de la «izquierda pijama». ¿Es cierto?

RG: La gente se construye amores falsos a falta de amores reales. Sería mejor que preguntaras esto a Aldana. Contacté hace meses atrás con Carlos Aldana. Lo veo como un hombre leal a sus ideales. Le dieron un 'sablazo' y se mantuvo aquí, en Cuba, entre nosotros. Carlos me ofreció su correo personal. Le envié mis artículos por e-mail. No me contestó. Quizá los marcó con spam. Las lecturas que mantengo sobre la historia de la Revolución cubana son «antagonistas» frente aquellas otras posiciones que les fueron próximas a las del 'aparato ideológico' que dirigía Carlos entonces. Entiendo su silencio. Quiere hacer una vida personal más íntima y serena. Suelo no pedirle a mis amigos más que cuánto me ofrecen ellos mismos.

Estoy por «un diálogo sin odios» –como Fowler–. Confieso mi admiración por Carlos. Que no estemos de acuerdo sería lo de menos –diría Che Guevara–. En virtud de estas razones, Michel, te pediría algo: ¿Pudiéramos dejar a un hombre digno en su lugar?

MS: ¿Hasta qué punto es reformable el socialismo cubano?

RG: Mira tú, éstos de ahora sí serían una continuación de aquel fatídico 'caso CEA'. Unos al inicio del «período especial» y otros al final del mismo. Todos ellos creyeron que un socialismo igualitario podía ser mejor. Pero nosotros no. Esto huele mal y sería la cloaca su lugar. ¡Deseamos otro socialismo, bróder! ¿Qué puedo decir? Mira, incluso uno puede agradecer que cierta manera de hacer el socialismo nos haya traído hasta acá. Pero dar por definitivo este infierno…

Lo difícil es la situación que se presenta hoy en Cuba. Existen tres Cuba en una. ¿Cuál se impondrá de ellas? Esta debe ser una decisión muy personal en cada cubano. Mientras se está dentro del ciclo histórico de un modelo de sociedad, usted puede aspirar a mejorar la realidad según los cánones del mismo. Cuando este modelo se ha agotado es absurdo insistir. Sería difícil prever cómo se producirá la estafeta entre el régimen actual y su sucesor. Esto lo advertía Che Guevara cuando nos alertaba sobre cómo enfrentar los nuevos problemas con nuevos métodos. Che Guevara habla de cómo las armas melladas del capitalismo entre nosotros hacen su labor de zapa. Las piezas clave del cambio son estas: nuevos métodos contra armas melladas. Michel…

Escribiré un artículo. Permíteme solo esto.

MS: Explícame tus tesis personales en este sentido…

RG: Entonces agarro el micrófono y no termino nunca.
(Es una broma lo dicho.)
Discutir este asunto llevaría algún tiempo. En mi opinión, Michel, cierto modelo de sociedad ha cerrado un ciclo histórico que comenzó en 1959. Estamos, por tanto, en medio de una sociedad en transición desde 2001. ¿A dónde va? No sé. Imagino algo. Pero apenas eso. En un libro de ensayos míos: La otra Cuba: entre dos aguas (2005), inédito, discuto sobre la biografía y el destino de la Revolución cubana, así como realizo un análisis histórico y político sobre los cambios actuales. Planteamos allí, sobre su presente y destino, que dentro de la actual sociedad cubana (real) cohabitan tres modelos de sociedad posibles. Las cuales pugnan por imponerse sobre las demás.

Podría ser esta la explicación de por qué, en la década de 1970, los obreristas logran una hegemonía sin disputa. Luego nos imponen un Estado burocrático policial que mantienen aún vigente. Ellos eran la fuerza política que menos potencial le ofrecía a la nación cubana. Sin embargo, pudo desalojar a nacionalistas y guevaristas del juego político nacional. El cambio de la coyuntura se lo facilitó. Confieso mis temores pues esta historia puede repetirse hoy frente a una izquierda sin unidad, programa e ideales. Entonces te digo: Estamos ante un modelo de sociedad que se agotó y hemos de refundar la misma. Quién busca las evidencias del caso, debe antes constatar con qué frecuencia las crisis migratorias externas (1966, 1980, 1994), los ciclos del mercado negro (cada ocho años desde 1962) y las reformas a la Constitución (tres en total) han sucedido en Cuba. Desde el sentido común esto se advierte en el agotamiento de medidas de igualdad que no fomentan ya la justicia. Por ejemplo, la libreta de racionamiento de productos. El actual dilema cubano es resultado del proceso de negociación política que se realizara en la década de 1960.

Lo que ahora importa no sería averiguar cómo el populismo se metió inadvertido en el socialismo que conocimos por debajo de las sábanas, sino, cómo impedir que aquel igualitarismo cruce la frontera; además, sin requerir de las formas de individuación que la filosofía del egoísmo nos impone. Después se podría discutir el proceso de reconversión del aparato de producción que esto exigiría, las formas más pertinentes de sociedad política, los modos de entretejer la vida cotidiana con las acciones de cambios en la misma, etcétera. En un afanoso esfuerzo mis compatriotas no logran –como diría Jean Bertrán Aristide– «subvertir las estructuras de pecado». Los mejores solo han logrado articular un socialismo de mercado en sus mentes.

Enfrente están los estatistas. Lo cual significa echar combustible al fuego de la rebelión. Los muertos que la demora cause los pagará el pueblo. Sólo los cínicos son capaces de mirar indolentes la tragedia que se avecina. Pienso que tenemos un programa mínimo en las actuales reformas de Raúl Castro.

MS: Evidentemente, ustedes no quieren saber nada de socialdemocracia. Derrumbado el muro de Berlín, y este año el «muro de Wall Street» (neoliberalismo), muchos reivindican la social democracia como modelo que garantiza justicia social, sanidad y educación universales, Estado de bienestar, libertad (individual y de mercado) y al mismo tiempo una fuerte regulación por parte del Estado. ¿Qué opina?

RG: Levantemos una estatua a Bismarck. El estado social aparece a finales del siglo XIX en Europa. Surge cuando el capitalismo se enfrenta a los conflictos propios. La batalla contra el socialismo de Estado estimuló a las políticas benéficas de una socialdemocracia incapaz de violentar las fronteras del capital.
En la memoria colectiva de los europeos se encuentra esa añoranza por aquellos «tiempos buenos». Esta es una reacción defensiva entre esas masas populares que han sobrevivido a los desafueros del capital. Sería injusto comparar casos diferentes, pero… también en Rusia hay añoranzas con Stalin. ¿Entiendes esto?
También en América Latina eso ocurre. Paulo Coelho nos ofrece el testimonio sobre prácti-cas de lectoescritura que, de fondo, reflejan ese conflicto entre las clases medias en la región. Después de las dictaduras haya el populismo más espacio. Entonces, ¿qué puede explicar sino que Alain García haya triunfado con una retórica populista a mediados de la década de 1980?
Porque el pecado original de la socialdemocracia es no intentar derrocar al capital. ¿Qué te digo? Juntos, si algo pudiéramos hacer, seguro lo haríamos Michel. Porque la gente está jodida y busca aire fresco.
Pero eso no significa que sea libre. Las formas de opresión y de exclusión actuales no serán modificadas con el retorno a los «tiempos buenos». Luego, más temprano que tarde, los políticos nos devolverán al chiquero.

Entonces la única estatura que podremos erigir a Bismarck sería de estiércol.

***

MS: ¿Hasta qué punto es cierto que hay una pugna de poderes en la Isla, entre las tesis de un hermano y el otro, en el tema de las reformas?

RG: Yo no sé. Pregúntales a ellos. (Perdona, otra broma mía.)

Lo que sí me parece obvio es que ninguno de ellos parece saber cuál será la siguiente jugada en este complejo tablero de ajedrez. Comenzaron por aplazar el Congreso del PC, por ejemplo. Y no tratan de ganar tiempo a su favor esta vez. ¿Sacan ellos partido de la actual situación límite en Cuba? ¿En qué sentido? No sé. No sé. Tendríamos que esperar más tiempo.

Ahora bien, ambos tienen una exacta conciencia sobre la urgencia de los cambios. Los dos en eso son uno. ¿Cómo hacer tal cosa? Puedes hallar diferencias en los métodos. Y en cómo enfrentar ciertas emergencias también las hallarás. Y punto. Que ellos si tienen otras no lo dirán.

Quién desee hacer 'arqueología' con este asunto, por una parte, le sugiero que contraste los discursos de Fidel Castro del 17 de noviembre de 2005 y del 26 de julio de 2006, y por otra parte, hacer lo mismo con sendos discursos de Raúl Castro: uno el 26 de julio de 2007 y otro el 24 de febrero de 2008. Después de esos ejercicios podría comparar tanto la concepción como la ingeniería de las reformas, según los hermanos Castro.

¡Uf…! Eso sí es trabajo para uno.

MS: ¿Aceptará Raúl Castro reunirse con la «izquierda del pijama»?

RG: ¿Para qué? Raúl no la necesita para nada. No le discute el poder –quise decir–. Su orden de prioridades es otro. Frente a ellos, Raúl Castro apenas si los reconoce como agentes del or-den. Incluso puede simpatizar con algunos. Pero eso no vendría a modificar el estado de cosas.

MS: ¿Crees en el 'socialismo democrático'?

RG: Ahora te respondo: Sí. Pero…

MS: ¿Estás consciente de que para eso deben aflorar una serie de libertades hoy inexistentes en la Isla?

RG: Bueno… ¿Cuáles libertades? ¿Libertad para mendigar, prostituirnos y drogarnos? ¡Bró-der…! Libertad, sí: para ser dueños de nuestras vidas. Para no ser hojas lanzadas al viento. Evitemos los «dogmas revolucionarios» en este punto. Sugiero una definición de rigor:

Ante todo, la carga ideológica del concepto 'socialismo democrático' es una estafa política. ¿Socialismo sin democracia: es socialismo? Este es un engendro de «conciencias satisfechas»según Darcy Ribeiro– que evitan enfrentarse a un enemigo real: el capital.

Lo que resulta más apropiado al dilema de Cuba en momentos así sería imaginar una sociedad abierta y libertaria, que hemos preferido llamar: socialismo libertario.
Hago algo de teoría en este punto. El peligro que enfrentan las reformas en Cuba sería reducir el perfil ideológico del estado político de la sociedad. Porque el asunto no sería redistribuir mejor la riqueza y el poder. Déjame decirlo con claridad: Las reformas que intentan ensanchar el consenso pueden terminar por acortar los horizontes del proyecto. Esta sería la cuestión de fondo. La razón efectiva que encuentro en un socialismo democrático es la razón de Estado. Son ideas fuera de contexto pues ni la socialdemocracia nos ofrece salida, ni resulta viable un 'Estado de bienestar' ante la actual situación límite que enfrenta el sistema-mundo.

Luego, usted puede entrar a discutir ese ninguneo que nos humilla a todos en Cuba. Pero eso sería harina de otro costal. Desde 1977 soy el 60020529462 en Cuba. Durante la Guerra de Angola (1978-1980) era el 82388. Etcétera, etcétera. «Somos números», dice Polito Ibáñez. Pienso que resulta feo repetirse a sí mismo, pero… En mi artículo de Kaos-Cuba (octubre 14, 2008) he dicho: «Cuando cada cubano(a) logre recuperar el derecho a disponer sobre las condiciones que aseguran la reproducción de la vida cotidiana, entonces, la cárcel que significa el Estado policial actual se disolverá y formas de realización más plenas emergerán en su lugar». ¿Esto no te parece un estado-mundo suficiente para que marche en Cuba todo bien?

Sí, sí. Estamos por el 'socialismo democrático' en Cuba. Correcto. Pero 'jugar a las chapitas' –como Kid Chocolate decía– no es hacer lo mejor. Reducir el perfil ideológico al proyecto es castrar a la revolución social. La cosa es impedir que la Democracia sea una coartada del poder. Revolución, emancipación y socialismo son sinónimos –he dicho en otra parte–. Existe una tensión mínima que debe mantener el régimen para asegurar el siguiente paso hacia una realización del ser humano total.

MS: Llama la atención que usted diga «Libertad para prostituirse, para drogarse», cuando justamente la agenda de la izquierda internacional (la NO socialdemócrata) busca reivindicar el derecho de la mujer a prostituirse (sin ser explotadas por terceros) y la legalización de algunas drogas como la marihuana…

RG: Sin duda ha sido moralista la socialdemocracia europea en estos asuntos. Luego, debes considerar que: 'jugar por la izquierda' no significa 'ser de izquierda'. El capital cosifica la vida. La cultura oprimida tiende a naturalizar toda relación de opresión. Y tú y yo, gente cuerda, se nos ocurre decir que «para que haya mundo debe haber de todo». ¿Acaso esta 'filosofía' sería justa? La gente se encuentra tan alienada de su condición humana que apenas desearía que no lo jodan mucho más que «lo debido».

No, no soy moralista en nada. No uso medias, no me peino… algo hippie. Imagínate tú: La mitad de mis alumnas son bisexuales y un tercio le «descarga» a 'La Merca'. Indagas y te dicen: «Profe, usted no entendió ni siquiera las 'gays' de su época. ¡Somos mujeres todas! Entienda bien. Enfrentamos un mundo áspero que cierra las puertas a la ternura». Entonces llegas a sentirte un fósil, ¿no? Entiendo que son signadas las moralidades por las culturas y las épocas. Fumar tabaco y beber alcohol, por ejemplo, ¿son drogas o no? Después están los procesos pendulares que afectan esas moralidades como en Holanda, por ejemplo. Una cosa fueron las décadas de 1950 y 1960 allí, así como las dos siguientes serían otra cosa. En los años 90s ellos han buscado un 'punto medio' en lo moral.
No se, Michel… antes me refería a la condicionalidad de toda opción social. Nada personal.

MS: La medida de militarizar (todavía más) los centros de trabajo, decretada por el nuevo ministro de las FAR, da cuenta de mucho inmovilismo….

RG: Michel… Así de simple le digo: Estamos-en-un-estado-de-emergencia-en-Cuba. ¿Entiende eso? Comentando una situación en particular, en 1989, Víctor Fowler –negro hermano, hermano mío me decía: «Esta es una excepción política, en una política de excepciones» –que hoy cumple 50 años–. Por ejemplo, puede haber dispuesto el Gobierno reducir el efecto temporal de cierto Decreto. Excepción que dura 21 años. Como no hay leyes que dispongan límites ante estados de emergencia, entonces, usted podría ser sancionado si viola esa ilegalidad del Gobierno. ¿Cómo te va la cosa? Existe así una «legalidad» otra (entretelones) que favorece los excesos del Estado. Quizá pueda ayudar en algo un artículo mío que publiqué en Kaos-Cuba hace unos días: «Las utopías en el huracán de los cambios» (octubre-2008). También otro artículo mío: «Légalité Gruyère. La actual constitución del país» (mayo-2008). Sugiero, además, (re)leer otro artículo mío en Kaos-Cuba: «Los jinetes del Apocalipsis y la nueva Cuba» (mayo-2008). En este último hablo de las FAR-Estado suplente que toma el poder. Discutible, lo sé; pero no tengo algo mejor.

MS: No aceptar las ayudas de EE UU y de 25 países de la UE ante la devastación dejada por los huracanes, tampoco dice mucho de un espíritu genuino de cambio. Siguen la retórica antiamericana y prevalece la política por encima de la emergencia humanitaria…

RG: Stop. Tengo algunas razones… Razones que matizarían las tuyas. Dame un chance. Déjame darle forma al asunto. Digamos que paso la línea en esto. Después del show mediático sobre el estado de emergencia nacional, dada la situación límite real, todo para el Gobierno cubano se ha revertido en su contra. Sobre todo en política exterior. Por ejemplo, en materia de aceptar o rechazar ayudas nos damos de narices. Podemos aceptar con suma gratitud la ridícula ayuda de gigantes como China –con 20 mil millonarios nativos–, por razones de Estado, junto a aquella de diminutos Estados sin distinguir este último esfuerzo. ¿Cómo entender que la 'dignidad nacional' es razón suficiente para anular una intensión de ayuda? ¿Dignidad de quién? Lo que no entiendo bien es cómo hemos desafiado al imperio más poderoso de la Historia durante medio siglo y ahora nos plegamos ante otro imperio: China.
¿Existen acaso imperios buenos e imperios malos? La política exterior de baja intensidad con Brasil tampoco me persuade mucho. La crítica al gobierno de Lula no la haría para descalificar ala izquierda en América Latina, sino, para sub-rayar el carácter reversible de la actual ofensiva de los pueblos. Estudiemos la secreta combustión de esta embestida para así ponderar debidamente el potencial de la misma. Discutamos nuestras inconsecuencias en la izquierda. Pero no. La alta política cubana busca construir un punto medio. (Las fuerzas políticas de centroizquierda que criticaba James Petras.) La actitud que adoptará el Gobierno cubano ante la muerte de Marulanda ya sería bastante para entender su filosofía política. Desde luego, no es menos grosero el lavado de rostro que intentan los Estados Unidos. Y menos honorable ha resultado aún la conducta lacayuna de la Unión Europea. Pienso que nuestros problemas son nuestros. Por tanto, no me parece algo linajudo llorar miseria ante el mundo. Pero especular con la desgracia de Cuba…
Michel, uno es patriota y se indigna. Lo que me pa-rece mal, para resumir esto, sería confundir la voluntad popular con las razones de Estado. Esta lógica se hace extensiva a otras esferas de la sociedad. ¿Entiende? Esto no está bien. La lógica de chantaje –te doy, me debes– que aplica hacia el interior el Gobierno cubano, ahora la extiende por la región. Pienso que ser solidarios nos es más necesario a nosotros que a aquellos que reciben nuestra ayuda. Entonces nos hace falta buscar nada más en ellos.

***

MS: ¿Leyó la entrevista con Eliécer Ávila publicada por CUBAENCUENTRO.com?

RG: Si te fijas bien, el orden de tus preguntas me indica la respuesta que debo ofrecer ahora. Como eres una persona decente me vas a permitir disentir. Quién estudia las posturas de Eliécer, ante todo, se percata de la fortísima tensión que enfrenta ese joven. Recuerdo aquella copla andaluza que Góngora repetía: «Ni contigo ni sin ti / tienen mis penas remedio. / Contigo porque me matas / sin ti porque me muero». La falta de sentido de un régimen que termina por ser la negación de aquello que dijo defender, no les me-rece el menor respeto. Luego, este régimen les resulta muy aburrido a estos jóvenes. Eliécer se resiste a admitir esa herejía. Entrecorta la reflexión. Entrelaza lo opuesto. Etcétera, etcétera.

Piensa que unidos podríamos hacer algo mejor. Pensar con cabeza propia le ha costado su propia cabeza.

Eliécer será la voz sensible de toda una generación de jóvenes iracundos, cuyo malestar se debe a la indolencia de los políticos infaustos. No todos lo son —dice Eliécer–. Les debo mis ideas más lucidas a ellos. Pienso ahora en mi hija, que estudia Informática en la UCI y tiene tres años menos de edad. Le hablo a este joven como si fuera mi hijo. En el futuro se hallarán ante la dificultad de sostener el hilo de sentimientos que los hacen saltar indignados 'contra los malos'. La vida puede ser luego más compleja que un debate en una escuela. Lo difícil será, Eliécer, hacer de ese malestar una honesta conciencia crítica que subvierta esa realidad. Escribí sobre tus posturas en «Légalité Gruyère. La actual constitución del país» (Kaos-Cuba, 2008).

Espero halles cierta complicidad en mis artículos hijo mío. Quizá fue porque pensaba en nuestro futuro. Cuando sobre tu pueblo hay oscuridad total es porque amanece en otra parte. Los jóvenes como Eliécer llevarán al pueblo al monte sagrado –como Moisés.

Para los menos jóvenes en Cuba estaría la palabra de alerta del Che Guevara: «Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas».

Palabras hoy que recupero para los padres en Cuba.

¿Satisface esto tú pregunta?

Las clases que ofrezco en la Universidad tienen ese tono personal. Perdóname. Pero está permitida la defensa… ¿no?

MS: ¿Qué opinas de la entrevista a Eliécer y del debate generado?

RG: En este debate en Internet participa apenas una clase media, Michel. Totalmente citadina. El mismo Eliécer en algún momento ha subrayado esta carencia. Incluso, protesta la exclusión del guajiro. Conviene en esto tener conciencia sobre los agentes del cambio. Por una parte, la clase media en Cuba no será el agente del cambio. Producto de la condición de empleado público de la misma, dado los métodos autoritarios de conscripción del trabajo asalariado en Cuba, etcétera este segmento intermedio de la sociedad es conservador y su mar-gen de autonomía es reducido. Incluso para el sector intelectual que la integra –artistas, ingenieros, gerentes, etcétera—la situación no le es mejor. Estos últimos no han logrado articulaciones a lo menos gremiales sólidas. Desde la época del Estado obrerista se ha mantenido una fractura sistemática de la sociedad civil en Cuba.

Por otra parte, la clase media teme perder lo poco que consigue de un pacto social infame. Las cuotas de beneficio que logra en la redistribución del ingreso nacional la hacen sórdida. Bastaría con revisar la asignación de productos normados por regiones. Resulta un exceso el esmero que otorgan en Cuba las estructuras de poder a estas cuestiones en la política práctica. En un artículo que publicaré en Kaos-Cuba, en breve, discuto estos asuntos. Lo que ahora importa subrayar es el sentido regresivo de un proceso hegemónico de larga duración en Cuba, de 1937 acá, como un resultado de la participación política de la clase media. Clase media que fomentó el Estado obrerista en las décadas de 1970 y 1980.

Quizá tales razones logren disuadir a aquellos que apuestan por una inducción de los cambios en Cuba desde afuera. Considero estas apuestas como fallidas. Porque, ante todo, serían altísimos los costos sociales, materiales y políticos.

La gente se apropia de modo instrumental de las ideas foráneas en Cuba. Lo que cuenta es su utilidad en la lucha interna del país. Esta fue la historia del postmodernismo en Cuba en los 80s. El destino de las ideas troskistas, maoístas, etcétera ha sido el mismo. Las ideas traídas de textos, incluso, logran vida propia en las calles. (Incluso hasta opuestas al original.) La gente tiene ideas claras y audaces sobre el destino del país. La cultural popular –de tipo comunitarista– en Estados Unidos, por ejemplo, ha impedido que las ideas socialistas se abran camino. Podríamos considerarla absurda.

Pero las ideas socialistas no caben allí. El capital ha sabido 'negociar' con lo cultural. Los recortes en el gasto público lo cubre el pueblo. La clave del poder es esta. Las formas estatistas en Cuba, en cambio, producen un efecto diferente. Etcétera, etcétera. El dilema en Estados Unidos y en Cuba sería el mismo. Pero al revés. Sin embargo, los cambios están en marcha. Porque estos pueblos no son rebaños de ovejas.

Esto es todo cuanto puedo decir por ahora.

Santa Fe, Ciudad de La Habana, Cuba: 23 de octubre de 2008.
E-mail: ramon0260@gmail.com

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS