Desdemocratización

Los regímenes democráticos son regímenes en movimiento. Verdaderamente no hay democracia; hay procesos de desdemocraticatización. Lo que caracteriza a unos y otros son las transformaciones que ocurren en los vínculos políticos que unen al Estado y los ciudadanos comunes y los vínculos sociales que unen a los ciudadanos entre sí. Estos procesos nunca se confinan exclusivamente al Estado; también ocurren en la sociedad. Identificar los procesos dominantes en un momento dado es fundamental para tomar el pulso a la calidad de la vida política y social. Los factores que los condicionan varían según el país pero también hay evoluciones convergentes a nivel internacional de las cuales es posible deducir el espíritu de la época. Las tres últimas décadas se han caracterizado por un conflicto muy intenso entre procesos de democratización y redemocratización, por un lado, y de desdemocratización, por el otro. Al mismo tiempo que se han democratizado los sistemas políticos –Sur de Europa, años setenta, Europa Central y del Este, África y América Latina, años ochenta y noventa- se han desdemocratizado las sociedades con el aumento de las desigualdades sociales, de la violencia y de la inseguridad pública.

Todo indica que este conflicto ha sido decidido a favor de los procesos de desdemocratización que hoy, con la posible excepción de algunos países de América Latina, dominan nuestro tiempo. He aquí los signos más evidentes. Cuando las desigualdades sociales se vuelven más profundas, las políticas públicas, en vez de reducirlas, las ratifican. Ejemplos: eficacia fiscal centrada en las clases medias; precarización del empleo con los cambios en el derecho laboral que se anuncian; la degradación del servicio nacional de salud. La protección de los ciudadanos y de los no ciudadanos contra actos arbitrarios del Estado o de otros centros de poder económico está disminuyendo. Ejemplos: el cierre de centros de salud sin evaluación de costes sociales; el desempleo resultante de las delocalizaciones de las empresas; la suspensión de la regularización de los inmigrantes. La falta de transparencia de las decisiones y ausencia de control de los ciudadanos sobre las políticas públicas. Ejemplos: la corrupción endémica (el caso Somague [1] es la punta del iceberg); el tráfico de influencias que domina las privatizaciones y las inversiones públicas (la localización del nuevo aeropuerto de Lisboa es un ejemplo). El aumento de la violencia y de la inseguridad pública. Ejemplos: la incomprensible descoordinación entre las fuerzas de seguridad; la pasmosa falta de modernización de los medios de investigación criminal ante un crimen cada vez más modernizado; ausencia de criterios para organizar el Estado según una lógica territorial (servicios básicos) y una lógica operacional (servicios especializados).

La desdemocratización que ocurre en el Estado es paralela a la que ocurre en la sociedad. Se degradan las redes de confianza y solidaridad: se medicaliza la soledad y la angustia; se reduce al mínimo la aspiración familiar (la decisión de no tener hijos); se eleva al máximo el estrés familiar cuando hay niños y éstos son las primeras víctimas. Si la sociedad políticamente organizada no accionara procesos de redemocratización, puede estar en causa la supervivencia de la democracia. Lo que viene no será una dictadura. Será una dictablanda o una democradura.

[1] Para saber más sobre el caso Somague:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Barroso/niega/implicado/financiacion/ilegal/partido/elpepuint/20070830elpepiint_5/Tes

http://www.portugaldiario.iol.pt/noticia.php?id=845054

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