Desde mi buhardilla: «Daniel, el doctor»

Así se perfilaba, ese niño que completó sus estudios primarios, luego los secundarios de forma que, parecía que apuraba el tiempo solo para querer ingresar a la facultad, para cursar los estudios que desde aquel día en que la tía le preguntó que iba a hacer cuando fuera grande había dicho “Médico”

El primer inconveniente con el que se encontró fue que no había facultad de Medicina en su pueblo, bah… en realidad no había ninguna Facultad, por lo que tenía que viajar a la ciudad.

Sus padres, habían ahorrado dinero, para cuando este momento llegara, así que esa noche se fue a dormir, con emociones encontradas, tristeza por tener que alejarse de sus padres y del lugar y contento porque al fin iba a realizar los estudios con los que tanto había soñado.

Por la mañana se despertó muy temprano, como ya tenía todo preparado desde la noche anterior, sólo, muy despacito para no despertar a su madre y verla llorar, como había sucedido cuando se despidió antes de irse a dormir, bebió una taza de café y se fue.

Conocía la ciudad, porque varias veces había llegado con su padre para realizar trámites. Así que ni bien llegó, buscó un lugar donde hospedarse.

Al día siguiente lo primero que hizo fue luego de desayunar, fue partir para la Facultad, para anotarse y ver que le hacía falta llevar. Debía tomar dos colectivos, porque la pensión donde se alojaba quedaba algo lejos.

Llegó a la facultad, la recorrió, preguntó y se dirigió a las oficinas, donde debía anotarse, cuando vio en las paredes y columnas, varios avisos, donde ofrecían alojamiento en casas de familia a estudiantes. Tomó nota de varios de ellas para ir. Hizo todos los trámites correspondientes para comenzar y partió nuevamente.

Comenzó por visitar la casa más cercana a la facultad, lo recibió una señora mayor, que de entrada, le cayó simpática y el lugar era limpio y nada caro, así que esa misma tarde se mudó. Había otros estudiantes que ya vivían ahí, con los que trabó amistad muy pronto, pasando a ser ese lugar, muy ameno y donde no extrañaba mucho lo que había dejado en su pueblo.

Las clases empezaron a ser regulares teniendo que ir todos los días. Buscó también una biblioteca donde poder estudiar, completando de esa manera el círculo que lo había llevado a la ciudad a cursar sus estudios.

El tiempo transcurría y Daniel era un alumno muy aventajado. Estudiaba con mucho ahínco, sus profesores estaban muy contentos con este muchacho que demostraba cuánto le interesaba la medicina.

Mientras tanto sus padres trabajaban y hacían verdaderos milagros para enviarle a Daniel lo que podían ahorrar. Buscó hacer algo que le hiciera ganar algún dinero, para que no todo recayera sobre sus padres. Consiguió trabajo en un laboratorio, por las mañanas, que no le sacaba tiempo para sus estudios.

Casi sin darse cuenta llegaban los exámenes finales, habían pasado cinco años, desde el día en que se había ido de su pueblo, que al decir de sus padres, todo estaba igual, o quizás peor.

Obtuvo su título con mención de honor, algo que llenó de orgullo a sus padres que no cabían en sí de gozo el día que asistieron a la entrega de títulos. Desde hacía tres años hacía pasantías en los hospitales. Pero aún no se decidía por ninguna especialidad.

Dedicaba todo el tiempo que podía en cubrir guardias en los hospitales, adquiriendo de esa forma una experiencia, que junto a los libros que siempre leía sobre los últimos adelantos, hacían de él un excelente médico, no sólo en el arte de curar, sino en el trato que tenía con los pacientes.

No faltaron médicos dueños de Clínicas Privadas que viendo la disponibilidad que tenía y toda capacidad, éste médico tan joven, le ofrecieran trabajo, junto a un porvenir por demás promisorio. Pero Daniel siempre pensaba que él podría ofrecer mucho prestando asistencia en los hospitales que gratuitamente atendían a mucha gente.

Por supuesto que se tomaba algún feriado e iba a su pueblito, donde la gente cuando lo veía llegar, lo saludaba muy respetuosamente, pues era “Daniel el doctor”, hasta algunas personas lo trataban de usted, y alguna que otra lo iba a ver, para consultarle sobre alguna dolencia. Daniel estaba encantado de poder atenderlos y hasta llevaba remedios que algunos laboratorio le dejaban y las daba cuando eran necesarias.

Pasó un tiempo de todo esto, Daniel seguía como médico hospitalario, cobrando ahora un sueldo que no representaba gran cosa, pero le hacía falta y con otro amigo –cuyos padres le habían puesto un consultorio- iba y atendía tres veces por semana, que aunque cobraba poco o solo cuando podían pagarle, significaba un sueldo extra.

Pero enterado de que en su pueblo habían puesto un sala de primeros auxilios, concurrió un día para verla y se entusiasmó mucho, estaba bastante equipada, contaba con un médico por unas horas y dos enfermeras, donde la tarea principal era aplicar vacunas y prestar auxilio ante algo de menor importancia.

Entonces no lo pensó dos veces, se dirigió al Intendente del pueblo y se ofreció como médico permanente. Este prometió hablar con su superior, quien a la vez lo consultó con el Secretario de Salud, llegando a un acuerdo. Daniel renunciaría a su empleo en el hospital de la ciudad y se instalaría como médico en la Sala. La Salud Pública era lo que más le interesaba.

Esa Sala adquirió más importancia e hizo que más gente se atiendiera directamente ahí, haciendo que ese secretario la visitara varias veces e hiciera construir algo más grande, incorporara más personal médico y empleados, lo que hizo posible que ese pueblito que hasta hacía poco no representaba mucho para sus habitantes, fuera ahora más importante y que también que los estudiantes no tuviesen que trasladarse a la ciudad para poder estudiar, ya que se crearon en la localidad más cercana, varias casas de estudio.

Daniel jamás creyó que lo que siempre soñó ser cuando fuese grande iba a tener esa proyección.

Pudo lograr varios de sus objetivos, poner en práctica muchas de sus ideas y hacer posible su idea de lo que era la medicina para la gente, para garantizar el libre acceso a la atención médica. A una medicina para todos, de calidad, sin discriminación y gratuita.

Sabía que había varias opciones para practicar la medicina. Ésta era la de él: La atención pública hospitalaria. Esa era su meta en la vida y lo había logrado.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS