Desde arriba a la derecha

Lejanos quedan esos anhelos hoy, cuando ETA ejecuta a un trabajador vasco a causa de su filiación política. Lejanos quedan los sueños de conseguir un proceso de paz susceptible de impulsar políticas de izquierdas desde ambas orillas de la divisoria identitaria en nuestro país.

Las torturas padecidas por Igor Portu, el asesinato de Isaías Carrasco revelan la cruel espiral de violencia impuesta desde arriba. Lo decimos aún a sabiendas de que, desde arriba, seremos acusados de equidistancia por unos y otros. No se trata de eso sino de manifestar que la razón de la fuerza se impone sobre cualquier consideración política y ética.&nbsp

Se impone el cálculo electoral de unos y la estrategia militar de otros.

«Políticos, militares parásitos sociales», gritábamos en los 80. Hoy, mientras unos encarcelan, torturan o ilegalizan por un puñado de votos, los otros…, en su delirio militarista, asesinan trabajadores con la dudosa idea de marcar la agenda política.

El terrorismo (la variante más perversa de la lucha armada) deslegitima cualquier lucha por legítimos y loables que sean sus fines. Empuñar las armas del enemigo no sólo es amoral desde una perspectiva revolucionaria, es también nido de verticalismos, de imposiciones.

Desde arriba y a la derecha.

Desde arriba, sin contar con el pueblo. Aquí, en Euskal Herria, aquí&nbsp donde las papas queman, el pueblo&nbsp rechaza las políticas antidemocráticas del gobierno español, incluidos los votantes del PSE, pero también las acciones de ETA, incluidos los votantes de ANV.

A la derecha, pues si ser de izquierdas todavía significa algo, es poner la dignidad humana por encima del frío cálculo electoral o militar.


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