¿Desbrozar el camino a un movimiento obrero?

Aun siendo la Reserva Federal el mayor socio del sistema financiero, perdura el mito del “mercado libre”. Es como para que le pinchen a uno y no salga sangre. La Fed ha ampliado su balance general 2 billones de dólares, garantizado 8’3 billones de títulos hipotecarios de riesgo, dispuesto un cojín para depósitos bancarios, mercados monetarios y títulos comerciales, y creado hasta 8 préstamos diferentes para asegurarse de que instituciones financieras ya agotadas parezcan solventes. Todo el sistema se ha convertido en una operación subsidiaria del estado, mantenida a flote merced a una tabla de salvación proporcionada por el contribuyente y que no se parece en nada a la mano invisible. Lo que todavía es más increíble: este robo en toda regla tramado por la Fed ha tenido lugar sin la más mínima señal de protesta de los 535 congresistas y senadores afectados por el estrés traumático post-bélico. Los cargos públicos, o mantienen su dedo en el aire para ver hacia dónde soplan los vientos políticos o ceden tímidamente a cada demanda multimillonaria del Tesoro. Es un chantaje flagrante y todo el mundo lo sabe. Supervisión del congreso: un oxímoron.

Cualquiera que haya seguido la crisis financiera desde sus orígenes sabe que la Fed ha dejado sus huellas por toda la escena del crimen. Es más, eso no ha impedido que bienintencionados economistas liberales&nbsp como Krugman, Stiglitz o Reich apoyen los intentos cada vez menos ortodoxos de Bernanke para inyectar liquidez en el sistema financiero -“una reducción quantitativa”- e invocar cualquier estrategia radical que les venga a la mente en el sitio. De hecho, muchos de los expertos creen que Bernanke debería hacer incluso más teniendo en cuenta la profunda dimensión del colapso. Hay un creciente apoyo para la creación de un paquete de estímulos ciclópeo (700 mil millones de dólares) que se centrará en la construcción de carreteras, infrastructuras, ayuda estatal y una ampliación de las ayudas a los desempleados y las tecnologías verdes. El equipo y los partidarios de Obama esperan que los programas gubernamentales y el gesto en déficit solventarán las enormes pérdidas en la demanda agregada que amenazan con hundir los precios incluso todavía más, en un círculo deflacionario que se retroalimenta. Incluso de ese modo, es del todo natural preguntarse si es una sabia decisión o no proporcionar aún más poder a la misma gente que ha creado todo este embrollo y que parece más interestada en probar sus teorías para luchar contra la depresión que en lanzarle un cable a los hogares que se ven asfixiados por sus hipotecas, los consumidores o los trabajadores de la industria del automóvil. Puede que ya sea hora de intentar algo diferente.

De lejos, la aproximación monetarista de Bernanke no ha servido absolutamente para nada. Los índices bursátiles han caído un 45% y el precio de la vivienda no hace más que descender. Las tipos de interés bajos de la Fed y las facilidades de préstamo han contribuido a evitar el desplome del sistema bancario, pero no han conseguido reactivar el gasto de consumidores y empresas. La economía se está estancando rápidamente. Paul L. Kasriel, director de investigación económica en la Northern Trust Company ha resumido el dilema de Bernanke del siguiente modo:

“En una caída sostenida de la vivienda que daña al corazón mismo del capital bancario, [los tipos de interés bajos] simplemente no importan. Esto es básicamente lo que ocurrió en Japón y también en los EE.UU. durante la Gran Depresión. Mucha gente no es consciente de las acciones que tomó la Fed durante la Gran Depresión. Bernanke afirma que la Fed no actuó con suficiente firmeza durante la Gran Depresión. Esto es simplemente falso. La Fed rebajó drásticamente los tipos de interés e inyectó enormes sumas de dinero de base sin ningún efecto. Más recientemente, Japón hizo lo mismo. Tampoco dio el menor resultado. Si la tasa de morosidad es lo suficientemente alta, los bancos sencillamente serán incapaces de prestar nada, lo cual limitará gravemente la creación de dinero y de crédito.” (entrevista con Paul Kausriel; Mish’s Global Economic Trend Analysis).

De hecho, los bancos sólo son una parte del problema. La otra es la escasez de prestatarios solventes ahora que el valor patrimonial (home equity) está por los suelos y los requisitos para un préstamo se han vuelto todavía más duros. Mucha gente ha visto su riqueza desvanecerse como el humo con la caída de los precios de la vivienda y sus depósitos en fondos de pensiones encogerse hasta alcanzar el tamaño de un guisante. El presidente de la Fed se enfrenta a enormes obstáculos para reparar el motor crediticio y poner a los consumidores a gastar dinero de nuevo.

Bernanke ha ampliado las reservas de dinero en un tiempo récord, pero con escaso efecto. El dinero se está estancando como para llenar piscinas con él, porque las cañerías del sistema financiero todavía siguen atascadas con los problemas del sistema bancario. El sistema transmisor de crédito se ha averiado por completo, provocando una contracción generalizada en toda la economía. La actividad empresarial se ha despeñado y la confianza del consumidor es la más baja en 40 años. En su artículo para la revista Forbes “¿Que haría Keynes?”, el antiguo economista del departamento del Tesoro, Bruce Bartlett, arroja luz en una parte del problema que muchos expertos pasan por alto:

“Otro problema que los responsables de formular las políticas económicas no perciben es que la efectividad de las reservas de dinero dependen de cuán rápido la gente lo gasta; lo que los economistas llaman velocidad. Si la velocidad decae porque la gente decide no gastar su dinero, se requerirá aún más dinero para mantener la economía operativa. Piénsese del siguiente modo: la velocidad es la razón entre las reservas de dinero y el Producto Interior Bruto (PIB). Si el PIB es de 10 mil millones y el dinero recorre todo el circuito 10 veces cada año, entonces mil millones en las reservas de dinero serán suficientes. Pero si la velocidad cae a 9, una reserva de mil millones sólo apoyará un PIB de 9 mil millones. Si la Fed no quiere que el PIB se encoja un 10%, tendrá que aumentar sus reservas un 10%.

Éste es básicamente el problema que tenemos hoy. A diferencia de los 30, la Fed no está permitiendo que disminuyan las reservas de dinero. También tenemos programas como el Seguro Federal de Depósitos para prevenir la disminución de los depósitos bancarios. Pero la velocidad se está desplomando. Los bancos, las empresas y los hogares están agarrándose a su dinero, sin gastarlo, excepto para lo básico. Esto es lo que está trayendo la deflación que está paralizando la economía.”

Por esta razón Bernanke ha propuesto su radical intervención, comprando obligaciones, &nbsp acciones y cualquier cosa que evite una caída del precio de los activos financieros. Se trata de un intento de reactivar el gasto compadreando con el mercado. Cuando las empresas y los consumidores no pueden sostener la demanda, el gobierno tiene que dar un paso al frente y ocupar su lugar. Si no fuera así, las empresas tendrían que recortar gastos de manera incluso más dramática, incrementando el desempleo mientras los precios continúan hundiéndose.

La verdadera preocupación es que la teoría favorita de Bernanke no es más que una quimera académica que está haciendo más mal que bien. Después de todo, su estrategia se basa en una controvertida lectura de la historia que sólo aceptan los discípulos de Milton Friedman. La idea de que una recesión normal se transformó en la Gran Depresión porque las reservas de dinero decrecieron un tercio entre 1929 y 1932 es una enorme simplificación de una situación muy compleja. Si los cálculos de Bernanke son correctos, ¿dónde se muestran sus resultados? ¿Por qué las tasas de interés al cero por ciento y el billón de dólares de crédito no han estimulado el gasto? En vez de eso, los mercados de valores siguen cayendo, los beneficios de las empresas bajan, los desahucios crecen, el precio de las mercancías está en caída libre y las cifras de desempleo no paran de subir a lo largo y ancho del continente. (El desempleo durante la Gran Depresión no alcanzó un 25% durante tres años. Se está acelerando más en el 2008 de lo que de hecho lo hizo en 1929). ¿Dónde está el avance, Ben?

La lista actual de remedios falla a la hora de atacar las podridas raíces del sistema mismo. Ése es el problema. No hay ninguna duda de que Timothy Geithner y Larry Summers tendrán más suerte mitigando los efectos de una economía en desplome, ¿pero con qué fin? Recosiendo un sistema que desvía una parte cada vez mayor de la riqueza nacional hacia un grupo cada vez más pequeño de empresarios y banqueros? ¿Así es como se mide el éxito?

(Nota: redistribución al estilo norteamericano: en los Estados Unidos el 1% de los propietarios de la riqueza del país en el 2001 junto poseían más del doble que el 80% de la población en su conjunto. Si esto hubiera sido medido simplemente en términos de riqueza financiera, p. ej., excluyendo el patrimonio, ¡el 1% poseería cuatro veces la cantidad del 80%!)

Gracias, pero no. Además, la crisis financiera no es ningún accidente de la naturaleza, como un tornado o una avalancha. Es una herida causa por propia mano que puede rastrearse hasta políticas concretas que fueron aprobadas para desplazar la riqueza de una clase a otra. Los tipos de interés bajos, el enorme apalancamiento, las instituciones infracapitalizadas, las operaciones fuera de balance, todo fue preparado con el mismo objetivo en mente. El repertorio de la Fed puede cambiar, pero los resultados siempre son los mismos: reflejan un profundo sesgo que ordena la economía según los intereses de los ricos y los poderosos.

Además, hay una razón para creer que Bernanke no capta el problema fundamental por completo, a saber: que el crecimiento económico en los últimos años se basó en un modelo fallido que no puede ser restaurado. Los consumidores eran capaces de gastar más allá de su capacidad porque sus activos personales estaban altamente inflados por la disponibilidad de créditos fáciles y unos estándares de préstamo laxos. Reestimado el riesgo, la deflación por deuda se ha declarado y los precios caen en picado por todo el espectro. Los propietarios están apretándose el cinturón porque no pueden aprovechar el valor de sus viviendas, que alcanzó los 800 mil millones en el 2006. El proceso de bajar los tipos de interés extendiendo el riesgo por todo el sistema (securitización) se ha congelado, empujando a los inversores de los mercados de valores hacia los refugios de los bonos del tesoro estadounidenses y del frío dinero en efectivo. Los intentos de Bernanke por reinflar la burbuja comprando todas las existencias de títulos hipotecariamente respaldados (MBS) de Fannie Mae y Freddie Mac y haciendo a un lado la deuda de las tarjetas de crédito de las compañías financieras es un signo de absoluta desesperación. Como el hombre que trata de inflar una rueda pinchada dándole a la bomba frenéticamente mientras el aire se escapa por otra parte.

La economía se contrae porque el gasto excesivo estaba basado en tipos de interés artificalmente bajos y&nbsp un apalancamiento de la deuda. En El fin de la prosperidad, Fred Magdoff y Paul Sweezy escribieron:

“En ausencia de una grave depresión durante la cual las deudas son forzosamente canceladas o drásticamente reducidas, las medidas gubernamentales de rescate para prevenir el desplome del sistema financiero descansan sencillamente su base en crear más capas de deuda y proceso de deflación por deuda, además de otras tensiones durante la siguiente etapa.”

Como Minsky describe, “sin una crisis y una proceso de deflación por deuda para compensar la creencia en el éxito de las aventuras especulativas, se induce una tendencia al alza de los precios y una estratificación financiera todavía mayor“.

Éste es el modelo de mercado que Bernanke y Paulson están tratando de resucitar, pero sin demasiado éxito. El crédito que en su día brotó a chorros de los hedge funds y los bancos de inversión se ha ido reduciendo hasta quedar en goteo. Ya no es posible tomar instrumentos de deuda complejos y amplificar su valor 30 ó 40 veces. Los inversores han visto la estafa y boicoteado el mercado por sus montañas de deuda empaquetada en forma de títulos bursátiles. A medida que aumenten los desahucios, continuará la hemorragia en los balances fiscales de los bancos, forzándolos exigir más garantías, lo que empujará a más y más instituciones financieras a la bancarrota. Es imparable. Esto es lo que ocurre cuando la economía real ya no puede soportar un sistema financiero sobredimensionado donde los sueldos se han estancado y los trabajadores son incapaces de pagar los intereses de sus préstamos. El sistema entero empieza a descomponerse. John Bellamy Foster y Fred Magdoff explican los orígenes de la “financialización” en su artículo para Monthly Review, “La implosión financiera y el estancamiento”:

“Fue la realidad del estancamiento económico que comenzó en los 70, según han observado recientemente economistas heterodoxos como Riccardo Bellofiore y Joseph Halevi, lo que condujo a la aparición del “nuevo régimen capitalista financiarizado”, una suerte de “keynesianismo financiero paradójico” donde la demanda de la economía era estimulada sobre todo “gracias a las burbujas”. Además, fue el papel principal desempeñado por los EE.UU. en la generación de esas burbujas, a pesar (y también a causa de) el debilitamiento de los procesos de acumulación de capital, junto con el estado de las reservas de dólares, lo que hizo del capital financiero monopolístico estadounidense el “catalizador de una demanda efectiva mundial.”

La teoría de Magdoff y Foster confirma que había un plan para ampliar los mercados financieros a zonas más arriesgadas con el fin de compensar el estancamiento que inevitablemente ocurre en las economías capitalistas. El verdadero problema tiene su raíz en la hostilidad de los jefes de las empresas hacia los trabajadores, lo que se traduce en salarios que no crecen elásticamente al ritmo de la producción. Cuando los salarios languidecen, en una economía que es en su 70% consumo, la única manera de ampliar el PIB es ampliando el crédito. Y eso es, de hecho, lo que ha ocurrido. Ideólogos del goteo como Henry Paulson se esfuerzan todo lo que pueden para ampliar el crédito a cualquiera que tenga pulso y temperatura corporal, pero lucha con dientes y uñas para aplastar a los sindicatos y contra cualquier intento por aumentar los salarios. Y Paulson, por supuesto, no está solo librando esta lucha de clases. Él es solamente un ejemplo extremo.

En resumidas cuentas, la financialización, que descansa sobre los pilares, gemelos, del crédito fácil y una deuda creciente, crea un sistema inherentemente inestable proclive a los cambios salvajes y los pinchazos frecuentes. Bernanke está intentando restaurar este sistema ignorando el hecho de que los trabajadores -cuyas cuentas corrientes se tiñen de un color rojo sangre- no pueden sostenerlo. Ninguna cantidad de paños calientes en los mercados crediticios reducirá la capacidad de sobrecarga del sistema o añadirá un centavo en la cuenta bancaria de un pobre hombre cualquiera. Existe una desigualdad histórica entre oferta y demanda que no puede ser reconciliada por la intromisión en el mercado de Bernanke. Los trabajadores necesitan un aumento de sueldo: así es como se crea la demanda.

El mismo mensaje va dirigido también al equipo económico de Obama. El paquete de estímulos puede ser un paño caliente para la economía a corto plazo, pero si los sueldos no crecen, la economía continuará teniendo un rendimiento muy pobre. Ésa es la razón por la que un buen consejo para el nuevo comandante en jefe sería aprobar rápidamente la Ley de Libre Elección del Empleado (The Employee Free Choice Act), también conocida como “card check”, la cual terminaría con las votaciones secretas en las elecciones sindicales. Sería la pieza más importante de la legislación en una década. Su aprobación facilitaría la organización sindical y ayudaría al crecimiento de la afiliación sindical, que ha menguado cerca de un 10% entre la mano de obra.

Olvídense las falsas diferencias entre ambos partidos políticos. No existen. La única esperanza de un cambio estructural cualitativo es reforzar los sindicatos y proporcionar a los trabajadores un lugar en el tablero de juego político. Ésa es la única manera pacífica de desmantelar el régimen financiero parasitario y lograr una redistribución de la riqueza más igualitaria.

Mike Whitney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.&nbsp

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

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