Derecho a la insurrección: yo también quemo al rey

Parecía que el secuestro de "El Jueves" por la publicación de una portada en la que se veía al Príncipe dándole todo su amor a la Princesa Letizia iba a quedar en algo anecdótico, en una ida de pinza de la Justicia española (al menos eso pretendían los grandes medios de comuncación).

Y a la solidaridad republicana que despertó ese atentado contra la libertad de expresión, le siguieron varias muestras de rechazo a la monarquía española.

Nunca mejor dicho, la mecha prendió en Girona. Y por quemar una fotografía de los reyes, la Justicia volvió a actuar: la Audiencia Nacional actuó contra dos de los jóvenes que participaron en la quema de la imagen de los monarcas. A su vez, el compañero Jaume D’Urgell está a punto de ir a juicio por sustituir la bandera monárquica de un edificio oficial y colocar en su lugar una republicana.

A partir de aquí la quema de fotografías e imágenes de los reyes se extendió por toda Catalunya. A su vez, aunque esto ya lleva un tiempo ocurriendo, allí donde ahora van los reyes o alguien de la familia real, numerosos grupos los reciben con banderas republicanas (Euskadi, Asturas, …). La respuesta republicana en las calles está siendo ejemplar y contundente, aunque aún estamos a la espera de una respuesta unitaria que muestra la verdadera fuerza del movimiento republicano en el Estado español. Por contra, "la solidaridad monárquica" también se ha dejado ver, sobre todo gracias a los medios oficiales de comunicación que, a excepción de Público (que no se declara republicano, pero al menos no le rinde pleitesía a la monarquía), han cerrado filas en torno a los reyes. También lo han hecho la derecha y el PSOE, así como UGT, la AVT y otras entidades del estilo, destacando sobre todo la estabilidad que Juan Carlos I ofrece a España. ¿Nadie oye las reivindicaciones de vascos y catalanes o qué? Más patétitcas resultan las declaraciones de dirigentes del PSOE (entre ellos Zapatero) afirmando que no hay conflicto en España entre monarquía y república, ya que tenemos una monarquía constitucional que recoge los valores republicanos. Casi nada.

¿Y todo este lío por qué? ¿Qué tiene de malo criticar a la corona española? A la reina de Inglaterra se la puede poner a parir y no pasa nada. Pues se debe a que nuestras leyes no permiten que se critique ni al rey, ni a la reina, ni a nadie que pertenezca a la familia real. ¿Esto no es atentar contra la libertad de expresión? ¿Esto no se contradice con ese artículo de la Constitución que dice que todos somos iguales?

Desde la Declaración de los Derechos Humanos (nos cuenta Michel o­nfray en su "Antimanual de Filosofía") hasta 1958, en Francia se reconocía la posibilidad de un derecho de incumplimiento de la ley o de insurrección. Artículo 21 de dicha Constitución: "cuando el Gobierno viole las libertades y los derechos garantizados por la Constitución, la resistencia en todas sus formas es el derecho más sagrado de todos y el más imperioso de los deberes".

Cierto es que nuestra Constitución consagra al rey en su trono, y la unidad de la patria a éste, y hasta el mando supremo de los ejércitos. Pero también nos promete una vivienda y un trabajo dignos. Y también nos dice que todos somos iguales ante la ley. Así que ya va siendo hora de que nos sumemos a Jaume D’Urgell, a los dibujantes de aquella portada de El Jueves y a los de la revista Deia, a los detenidos por quemar fotos de los reyes, a los detenidos por defender una vivienda digna, a los detenidos por defender la educación pública. Y que reivindiquemos nuestro derecho a la insurrección contra las injusticas, como recoge ese precioso artículo 21, frente a las leyes que protegen y perpetúan a los poderosos en sus tronos

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