DEPENDE DE TI

El planeta vive predestinadamente encarrilado hacia su ruina debido al comportamiento delictivo de unos cuantos capitostes que lo conducen y una sociedad esclavizada en nombre de las democracias y el progreso.

La conciencia (pura) individual no es libre, dicha libertad queda regulada por la legislación democrática o las dictaduras.

La conciencia colectiva (pueblos, culturas) no vive la libertad, ésta también queda regulada por la legislación democrática o las dictaduras.

Únicamente respetando la «ley de los Estados soberanos» logran sus individuos disfrutar cierto grado de libertad, sin embargo, exclusivamente respetando la «voluntad» de grandes transnacionales, FMI ó BM, los estados soberanos de las democracias o las dictaduras podrán continuar siendo «soberanos».

En América del Sur, África o India, las grandes multinacionales cometen crímenes de lesa humanidad, atentados contra la naturaleza y el medio ambiente donde sus habitantes son, no sólo víctimas de la libertad de sus democracias o dictaduras sino también de la tecnocracia, la modernidad, el progreso o estado de bienestar de la democracia occidental. Si son las personas, la naturaleza, la diversidad, aquello que nutre la política, me pregunto (en las actuales circunstancias) dónde queda el político.

Entretanto el «alimento» se agota en el inveterado escenario de dilema entre el uno y lo múltiple.

La Academia humana está llena de sabiduría gracias a la experiencia de anónimos e insignes personajes que durante la historia de la humanidad han forjado los estatutos del comportamiento humano. Sin embargo, ¿qué hemos aprendido?

El actual “sistema” político y socioeconómico nos guía por caminos que provocan la abstracción de la naturaleza, de todo lo que nos rodea y  forma parte de nuestra existencia… parece que de nada valen ya los valores éticos y morales, de respeto y de integración, actitudes que identifican al ser humano. Hemos hipotecado todo nuestro grado de humanidad en el banco del capitalismo y su modelo de felicidad a través de la competitividad, la explotación, la productividad, el crecimiento, el consumo, la inmediatez, la urgencia, la expansión … Somos esclavos sin advertir habernos dejado asesinar nuestro espíritu! Diógenes el cínico ya buscaba «un hombre» con una linterna encendida en pleno día hace 2400 años, ¿cómo es posible?

Porque la indecencia, la holgazanería, la inmoralidad, el disolutismo, la obscenidad, el servilismo, la incompetencia de esta gentuza que simboliza la gran blasfemia al verdadero concepto de política y político, de democracia y derechos humanos, de libertad y de justicia, ha permitido que la «bestia» del poder y el dinero utilice sus medios de comunicación para imponer las modas y el modelo de mundo a conveniencia, y contra toda esta infraestructura no existe nada capaz de detener o al menos poner en duda su repercusión hacia el ser humano, y más cuando el actual sistema político y económico ya ha agotado toda credibilidad.

El imperio, los reinos, las dictaduras, han acabado en revolución cuando las personas ya no han podido soportar más el sometimiento y el abuso.

Las democracias y sus partidos políticos provocan el enfrentamiento, la competición y división que acaba en revolución cuando no se han cumplido las expectativas previstas.

Como consecuencia del resultado de las políticas en esta dualidad histórica, hoy la humanidad vive momentos críticos, peligrosos, quizás la peor época de toda su historia… los signos del tiempo aparecen ante nuestras narices.

El cambio, la transformación, debe ser radical y personal. Es indispensable restaurar nuestro espíritu humano para conseguir esa metamorfosis en relación a la percepción de mundo. El eterno dualismo no lleva a ningún mañana que no sea la ambición de dominio y antropocentrismo, de destrucción y exterminio globales. Debemos tomar el camino de en medio.

El concepto de «partido político representativo» ha de desaparecer en aras de una sociedad respetuosa donde el Amor por la Vida sea lo trascendente en toda actitud y acción, en todo ser humano.

Educación, respeto, diálogo, pluralismo, interculturalidad, derechos, unión en la diversidad… aceptar la diferencia sin imponer ningún dogma ni presuntas infalibilidades ideológicas. Existe un gran camino interconectado en medio de una multiplicidad de caminos, debemos converger en él para poder superar obstáculos, ésta es la única ruta de salvación del planeta.

Sólo experimentando tal ejercicio ontológico podremos reintegrarnos en la naturaleza y revivir su ritmo. Será entonces cuando los pilares del capitalismo salvaje con sus multinacionales comenzarán a caer, y se levantarán los pueblos, hasta hoy subyugados, para vivir sus culturas, sus derechos, sus economías tradicionales, con la libertad inmanente a la Vida.

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