Democracia imperfecta

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Por Carlo Frabetti

Diríase que políticos, periodistas, tertulianos y opinadores varios se dividen en dos grandes grupos: los que dicen que España es una democracia consolidada, avanzada, sólida, moderna, grande, grandísima…, y los que dicen que es una democracia imperfecta. Los primeros son necios o rufianes. Y los segundos también.

Puesto que no hay ni ha habido nunca democracias perfectas, decir “democracia imperfecta” equivale a decir “democracia real”, de modo que quienes se creen -o quieren parecer- muy críticos y osados utilizando esta expresión equívoca, en realidad refuerzan la falsa premisa de que España es una democracia, y con ello se hacen cómplices de las falacias y los atropellos de un Estado opresor que, en gran medida, sigue en manos de los herederos de Franco y del nacionalcatolicismo. El principal y más nefasto trifachito no lo integran Cs, PP y Vox, sino el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, y si añadimos el poder mediático, tenemos el verdadero cuatrifachito basal, inmune a los cambios parlamentarios, puesto que solo rinde cuentas al capital y lo tiene de su parte.

Decir que España es una democracia imperfecta es un insulto a miles de torturadas/os impunemente, a cientos de presas/os políticas/os, a las víctimas del verdadero terrorismo, que es el terrorismo de Estado. Decir que España es una democracia imperfecta es como decir que un violador es un amante brusco.

Pero además de los dos grandes grupos antes mencionados, hay otro no tan grande, pero en rápido crecimiento, que grita en las calles LO LLAMAN DEMOCRACIA Y NO LO ES y que tiene claro que HAY QUE ACABAR CON EL RÉGIMEN DEL 78 (una consigna que hasta hace poco era exclusiva de la “extrema izquierda” y que hoy encabeza manifestaciones multitudinarias). Un grupo que en Catalunya va camino de ser mayoritario y que en Euskal Herria lo fue y volverá a serlo, si no lo es ya, o si alguna vez dejó de serlo.

Como dice Chomsky, hay que estar muy atentos a las muestras de desesperación de los poderosos, porque ellos saben mejor que nadie lo que realmente pone en peligro su hegemonía. Y desde la brutalidad policial hasta los atropellos judiciales, desde las bravatas de Marlaska hasta las estupideces de Sánchez, pasando por las mentiras y tergiversaciones sistemáticas de los grandes medios, las muestras de desesperación de los poderosos se multiplican por doquier. Ladran porque cabalgamos y muerden porque los estamos dejando atrás. Muerden con rabia y sin disimulo porque, junto con la careta, se le ha caído el bozal a su “democracia imperfecta”.

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