Delito contra la esencia humana

Insensibilidad y codicia desmedida encontraron refugio en ocho tecnólogas que laboraban en la única planta de hemoderivados del país, ubicada en el oeste capitalino. Las encausadas fueron las principales responsables del robo de grandes cantidades de alcohol de dicha entidad, según demostró una exhaustiva investigación policial.

Aprovechando su condición de tecnólogas y jefas de turno, y con la complicidad de otros trabajadores de ese centro laboral, estas ciudadanas se apropiaron de miles de litros de alcohol destinados a la elaboración de productos derivados de la sangre humana.

En lo que bien puede catalogarse como el más indecoroso hecho delictivo ocurrido en la planta de hemoderivados desde su fundación, hace más de 30 años, fueron procesados un total de 40 trabajadores y dos desvinculados.

De esa cantidad de involucrados, los 16 de mayor participación esperan ser juzgados por los tribunales. Existe la posibilidad de que las ocho tecnólogas jefas de turno sean acusadas por delitos muy graves, teniendo en cuenta que todas conocían perfectamente que sus fechorías podrían haber significado un peligro potencial para la vida de muchos enfermos, de no existir un riguroso mecanismo de control de la calidad que las detectara. Podrían cumplir una sanción de diez a 20 años de privación de libertad.

El resto de los acusados que se presentarán a juicio deben prepararse para ser sancionados por el delito de malversación, el cual puede ser castigado también con fuertes sanciones de privación de libertad.

La magnitud de este robo se puede medir en cifras: alrededor de 75 000 donaciones de sangre se inutilizaron por esta causa y el país perdió casi dos millones de dólares por el rechazo de producciones que no cumplían con los requisitos necesarios, según detectaban los mecanismos de control de la propia planta.

Más allá del daño económico, el hecho dejará por mucho tiempo un sabor muy amargo, porque evidenció la degradación moral y la insensibilidad de un grupo de profesionales, que, por dinero, trastocaron el sentido de su profesión.

BORRACHOS POR LA CODICIA

Los detalles del Caso Tecnólogo, nombre con que el Ministerio del Interior identificó el hecho, los relató a JR Franki Campos, primer oficial del Departamento Técnico de Investigación (DTI), quien por un año se dedicó a su seguimiento e investigación.

“Hace alrededor de cuatro años se tenía información de que en los tanques de almacenamiento de alcohol de la planta se producían continuos robos de ese líquido, el cual tenía como destino final su venta clandestina”, explica el instructor.

Con la participación de los directivos de la planta —agrega—, y el asesoramiento de los Servicios de Seguridad y Protección (SEPSA), principalmente, lograron frenar aquellas sustracciones, las cuales eran realizadas por personas ajenas al centro en complot con algunos trabajadores. De momento, todo estaba bajo control.

Pero esa tranquilidad desapareció. Los directivos comenzaron a recibir anónimos que denunciaban el robo de alcohol destinado a las producciones de hemoderivados.

Al principio fue difícil detectar quiénes y cómo realizaban las sustracciones de alcohol por dos razones: primero porque los comisores del delito habían ganado mucho en organización, y segundo porque las cabecillas del negocio se habían confabulado con casi la totalidad de los trabajadores de un departamento de la fábrica.

Como continuaban las informaciones de supuestos escamoteos y aumentaba el nivel de productos sin la calidad requerida, la máxima dirección de la entidad decidió poner al DTI al corriente de lo que sucedía, para unir esfuerzos y encontrar a los culpables.

SILENCIO VS. DINERO

Si usted visita la Planta de Hemoderivados y específicamente su departamento de Fraccionamiento, donde laboraban la mayoría de los encartados en el Caso Tecnólogo, la primera pregunta que se hace es cómo se las arreglaban los acusados para sustraer de allí las bolsas con alcohol.

El área tiene una seguridad infranqueable: posee cámaras por todas partes, sellos, candados, un acceso muy restringido de trabajadores, y por si fuera poco, personal de seguridad y protección. ¿Cómo robaban? Las principales estafadoras pusieron precio a la dignidad de muchas personas que tenían como principal deber salvaguardar aquellos bienes, y las compraron.

Por eso, luego de revisar todas las vías por donde pudiera sustraerse el alcohol, los investigadores coincidieron en que debía existir una gran confabulación, por lo menos, entre quienes laboraban en la sección de Fraccionamiento. No estaban equivocados.

Desde las auxiliares de limpieza hasta el personal del laboratorio de control del proceso, muchos se iban con frecuencia para sus hogares con los bolsillos abultados para que mantuvieran la boca cerrada.

Mas, lo que dificultó considerablemente desde un principio la detección de la irregularidad fue la complicidad por parte de agentes de protección encargados de manipular las cámaras de vigilancia. Por mucho que los peritos analizaban las cintas de grabación, no detectaban nada anormal que llamara su atención.

CAYÓ EL PRIMERO

Ante la astucia demostrada por los ladrones para realizar sus operaciones, los investigadores recurrieron a mejores métodos. Por distintos medios conocían que desde el interior de la Planta algunos trabajadores de servicios estaban sacando bolsas con alcohol y transportándolas hasta la cerca de la instalación, donde eran recogidas por vecinos.

Este modus operandi estaba ocasionando otro problema. Algunos delincuentes que vivían cerca se aprovecharon de esta situación y se dedicaron a asaltar a los ladrones cuando estos tiraban las bolsas de nylon por el perímetro. Con todas estas informaciones las autoridades estaban listas para desenmascarar la cadena delictiva.

Entre las estrategias implementadas para capturarla estaba la vigilancia constante de los alrededores de la empresa. En febrero del presente año, agentes de la PNR detuvieron un carro particular con dos ciudadanos desvinculados laboralmente, quienes transportaban siete bolsas de alcohol con aproximadamente 30 litros cada una. La mercancía procedía de la Planta de Hemoderivados.

Rápidamente se puso en marcha un gran operativo policial. Revisaron la casa de una de las dos jefas de turno en ese momento y la misma entregó 2 000 pesos a la policía, procedentes de la venta de alcohol de ese día.

En un último intento por salvar su dinero mal habido, la otra jefa de turno le entregó en el baño de la Planta un puñado de billetes a la especialista principal para que la protegiera de la inspección, pero todo fue inútil.

La pesquisa continuó con un registro en la vivienda de Maicette Benítez Perera, especialista principal de la Planta de Hemoderivados y, a la postre, “cerebro” de las operaciones truculentas realizadas durante meses.

A estas detenciones les siguieron otras más, y cuando todos los involucrados estaban emplazados comenzó el proceso de esclarecimiento que se caracterizó, desde el primer momento, por la estrecha cooperación entre los agentes de instrucción penal, el DTI, los cuadros y los cientos de trabajadores honestos que aún quedaban en la Planta de Hemoderivados.

El proceso investigativo evidenció que las tecnólogas autorizaban a los operarios a sustraer el alcohol del mencionado departamento, y estos, en combinación con los agentes que manipulaban las cámaras, trasladaban el producto hasta colocarlo en manos de personal de mantenimiento. ¿Cuántas veces repetirían está acción?

LA PRODUCCIÓN SALIÓ FORTALECIDA

Cada año, la planta de Hemoderivados Arístides Viera procesa más de 100 000 litros de plasma sanguíneo congelado, provenientes de los bancos de sangre de todo el país. Esto garantiza la disponibilidad de seis productos en el sistema de salud cubano y para la exportación, entre ellos las conocidas gammaglobulinas, la vacuna antitetánica y la antiD para embarazadas de Rh negativo.

El alcohol es un elemento esencial en la fragmentación del plasma para separar las gammaglobulinas y la albúmina con las cuales se producen estos hemoderivados. Por cada mil litros de plasma se necesitan 1 700 de alcohol, que se incorpora al proceso en diferentes concentraciones en cuatro pasos sucesivos.

Esta área de producción opera en turnos de 24 horas y su acceso se limita a un personal muy reducido para evitar contaminaciones biológicas del producto. El control de los reactores es manual, por lo que de la pericia de los operarios y tecnólogos depende en gran medida la calidad de la pasta de proteínas que se entrega para su purificación final.

Tales circunstancias facilitaron la impunidad de los ladrones, sobre todo de las jefas de turno, en quienes se confiaba plenamente porque tenían entre 11 y 20 años de trabajo en el centro, habían pasado numerosos cursos y estaban muy claras del alcance humano de su labor.

Mientras esto ocurría, a principios de año, el prestigio de la fábrica decaía. Apenas cubrían las necesidades internas, y fue necesario detener las exportaciones. La cantidad de lotes que no pasaban las rigurosas barreras de control de calidad dificultaban la comercialización, lo cual sumaba otro dolor de cabeza para este centro, que vigila sus producciones defectuosas con más celo incluso que las aprobadas, hasta que son destruidas por el personal competente.

De ahí que resultara tan repulsiva para el resto de los trabajadores la actitud de esas tecnólogas, a quienes solían admirar antes por sus conocimientos. Muchos aún hablan del asunto con perplejidad, y hasta recuerdan lo incómodos que se sentían sabiendo que los ladrones se burlaban de todos, a pesar de que no escampaban las medidas de seguridad.

Y es que al inicio las jefas de turno, con total hipocresía, formaban parte de los intentos de la empresa por esclarecer las “inexplicables” pérdidas de alcohol, hasta que se fue cerrando la brecha y descubriendo a todos los “contaminados” en este asunto, según explicó a JR Rafael Bolaños, director del centro.

La ingeniera Maritza Prats, jefa de planta, afirma que toda esa ambición no solo desperdició cuantiosos recursos que en los hospitales eran esperados con mucho afán, sino que comprometió la vitalidad del proceso productivo a mediano plazo al ser necesario expulsar a la totalidad de los empleados del área de fraccionamiento y por tanto traer personal de otros puestos para formarlos sobre la marcha.

El tribunal tendrá la última palabra, pero los trabajadores de la Arístides Viera coinciden con los investigadores del caso en que tan calculadora y fría actitud trasciende el vulgar robo para erigirse en delito contra la esencia humana.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS