Del derecho a decidir, de la desobediencia y de las posibles salidas del atolladero

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Por Iñaki Urdanibia

« De producirse otro ejercicio de desobediencia, ¿ volveremos a presenciar el recelo o la indiferencia de la izquierda española – salvo algunas excepciones- con respecto a una movilización popular sin precedentes?»

                                                 ( Antoni Aguiló )

« No cabe democracia sin respeto a la singularidad o a la alteridad irreductible, pero no cabe democracia sin “comunidad de amigos”, sin cálculo de las mayorías, sin sujetos identificables, estabilizantes, representables e iguales entre ellos. Estas dos leyes son irreductibles la una a la otra. Trágicamente irreconciliables y para siempre ofensivas. La ofensa misma se abre con la necesidad de tener que contar uno a sus amigos, de contar a los otros, en la economía de los suyos, allí donde cualquier otro es completamente otro »

                                                          ( Jacques Derrida, Políticas de la amistad )

Últimamente afloran, en el seno de la izquierda, un día sí y otro también los términos federalismo o confederación, como horizonte deseado que supondría, por añadidura, la solución a los problemas nacionales que sacuden al estado español; más en concreto al que se desarrolla en Cataluña. La propuesta resulta realmente atractiva, siempre que no se traduzca en un mero escamoteo del derecho a decidir, que era lo que antes se presentaba como necesario.

No parece, al menos al que esto escribe, la peor de las hipótesis la que se plantea, si bien se hace sin poner en ellos excesivo énfasis, o se saca a relucir el asunto en momentos puntuales, como si se estuviese a la espera de que tal salida llegase; la propuesta es expresada con la boca más grande o pequeña, por diferentes fuerzas políticas ( hasta el PSOE, firme defensor de la monarquía y la unidad hispana, balbucea a veces, aunque al tiempo la ministra de la cosa dice que el derecho a decidir no es un derecho…se debe referir a que no aparece en el texto sagrado de la Constitución). Siempre que no se se concrete la cosa queda en el conjunto de las bellas, y consoladoras, palabras, ya que si no se combate por ellas, son papel mojado, aunque las intenciones y las proclamas sean buenas. En su momento fue la ruptura con el régimen anterior, palabra que no solamente era aireada por la izquierda sino también por sectores de la derecha antifranquista. Luego la palabra, y los hechos que pretendía representar, pasaron al olvido y hasta es más sirvió como etiqueta para afear la conducta de quienes reclamaban que había que ir más lejos que lo que se vendía como ejemplar transición. Por aquella reclamada ruptura que debía suponer un abierto y tajante desmarque con el régimen franquista, se entendía que habían de cumplirse al menos tres condiciones sin las cuales no…: consulta para decidir entre monarquía y república, derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas ( Catalunya, Euskadi y Galiza) y disolución de los cuerpos represivos; ninguna de ellas se llevó a cabo, y…de aquellos polvos estos lodos; ahora brotan por todas las esquinas reclamaciones apuntando a estos incumplidos puntos: la monarquía es cada vez más criticada, más todavía tras el fétido olor que despide la institución, y las consultas acerca de cara a que fuese sustituida por la república abundan y se extienden por diferentes lugares , de los cuerpos policiales y de su comportamiento brutal y de la ideología que dejan ver continuamente muchos de los mandos incrustados en ellos – fieles defensores del régimen anterior- salen a relucir, dejando ver que no es que no se disolvieran – como se reclamaba- sino que ni siquiera se limpiaron; en lo que hace al derecho de autodeterminación, las movilizaciones en Cataluña lo han puesto en el candelero.

Comenzaba con una cita que se refería al acto de desobediencia, como muestra de una movilización sin precedentes, ante la que la izquierda por lo general no ha valorado en sus justos términos, ya que en tales movilizaciones se reivindicaban al menos dos de las condiciones antes mentadas: la república y el derecho a decidir. En este orden de cosas, aunque junto a estas dos reivindicaciones en acto, se reivindicasen otras ante las que se podían hacer ascos, lo propio para cualquier mentalidad rebelde y de izquierda juzgo que sería montarse al carro aun marcando las distancias y las diferencias que se juzgasen necesarias y no centrarse en las clásicas cantinelas, gastadas por el uso y el abuso: el nacionalismo es de derechas, es muestra de insolidaridad, y – en no pocos casos- se ha señalado que es parroquianismo que no hace más que defender los privilegios de los locales, y más en concreto de aquellos que defienden la independencia ( la secesión que diría el diario global), etnicismo, racismo…se ha llegado a decir, y dejo de lado las calificaciones de rebelión y de golpe de estado que algunos, bastantes, han visto. ¿ Qué es más solidario y de izquierdas: oponerse al régimen del 78, o apoyar, vellis nolis, la Constitución que consagra la unidad impuesta de los pueblos de España? ¿ Son solamente nacionalistas, con todas las maldades que esto parece suponer, quienes reclaman su derecho a decidir, o también quienes defienden la unión actual, u otra posible en un indefinido futuro, con sus símbolos e instituciones? ¿ Por decirlo con nombres propios y a modo de ejemplo, Josep Borrell no es nacionalista? Pues bien, las fuerzas que se han batido el cobre, de manera francamente decidida, por las reivindicaciones rupturistas ( república y derecho a decidir) han sido las fuerzas nacionalistas ( soberanistas o independentistas) catalanas, y algunos de la dicha izquierda han apoyado con tibieza y con titubeos balanceantes las movilizaciones, al tiempo que apostaban por un futuro que debería plasmarse en un proceso constituyente, en un cambio de la dicha carta magna, y otras lindezas postergadas a un futuro indefinido e imprevisible teniendo en cuenta la correlación de fuerzas existentes. Hasta estos días coincidiendo con las movilizaciones de estos días, a una joven dirigente vasca de un partido emergente, en proceso de desinfle programático, todo lo que le inspiraban tales movilizaciones era que los dirigentes del procés olían a naftalina, siendo responsables de recortes y otras maldades…no negaré el pasado del P.de Cat, en sus diferentes denominaciones, más también es verdad que, aun no siendo seguidor de Mateo, por sus hechos les conoceréis ( la pancarta que lucían desde luego era potente) y , diré de paso, que los convocantes de la repulsa a la presencia provocadora de Sánchez y sus chicas y chicos ( como quien dice aquí también mando yo y me llevo a una tropa de maderos…) eran ANC y Omnium…y otras fuerzas combativas. Por otra parte, hay partido que de la radicalidad han pasado a la formalidad, de la proclamación de la calle como decisiva a la preminencia de los escaños, por no hablar de la casta y la caspa, con la que ahora no solo se codean sino que venden sus presupuestos como si fueran oro de ley…el olor a alcanfor se contagia a ojos vista; en este orden de cosas no le falta razón al sociólogo Boaventura de Sousa Santos: « para las fuerzas de izquierda, el recurso a la lucha extrainstitucional exige una articulación permanente con los movimientos sociales y todas las organizaciones populares. […] descuidar esta articulación permanente o mantenerla solo instrumentalmente y de manera oportunista para fines y momentos electorales será una estrategia suicida».

Precisamente hablando de correlación de fuerzas, ésta hace pensar en que los cambios en la Constitución – en caso de producirse- no serán más que superficiales, dejando el problema de fondo sin tratar, ni solucionar; estas modificaciones – nada digamos si se pretendiera incluir la propuesta federal o confederal- tal vez puedan lograrse en un lejanísimo futuro, en caso de que los partidos, y las posiciones, en liza cambiasen de manera radical. Así si se entiende de manera mecánica la política como acumulación de fuerzas, se ha de trabajar en tal camino en vez de dejar las cosas en meras declaraciones y futuribles de leche y miel…¿ o forzar las cosas con acciones desobedientes no es más que pura impaciencia pequeñoburgesa, que dirán algunos?

Así pues, las movilizaciones que desde hace más de un año se vienen produciendo en Cataluña no cabe duda de que han de ser valoradas como positivas en la medida en que son las mayores que se han dado desde la inauguración de la, no tan ejemplar transición…el tratar de llevar las cosas más allá es positivo y digno de aplauso, y los efectos que producen son inequívocamente oportunos en la medida en que ponen en el orden del día cuestiones que en caso contrario quedarían ignoradas ( además de que cierto es que la lucha paga y que siempre hay razones para rebelarse). Más ejemplar desde luego desde una óptica de izquierdas y rebelde que otras posturas que lo que buscan es el encaje con lo dado: el caso del partido y del gobierno de Iñigo Urkullu es paradigmático, hasta el punto de que el sanbenito que se suele colgar de “fenicios” a los catalanes, deberían cambiarse de destinatario.

Tras lo dicho, dos cuestiones se han de tener en cuenta, no obstante, cuestiones señaladas en un reciente libro del que por acá di cuenta recientemente (https://kaosenlared.net/catalunya-la-via-de-en-medio/): con las cifras que se barajan , tanto en las consultas electorales como en las encuestas al respecto, hacen que no resulte de recibo que prácticamente la mitad de la ciudadanía imponga a la otra mitad, y viceversa, su sentimiento de identidad; en ese mismo libro, no obstante, se indica cómo el número de ciudadanos que están a favor de la celebración de un referéndum al respecto sería prácticamente el setenta y cinco por ciento…así pues, parece que una cuestión de primer orden es luchar por conseguir este referéndum, más allá de que unos juzguen que la salida es la independencia, la unidad o la federación, y no dejar las cosas en el terreno de las meras proclamas , en especial cuando la situación adquiere tintes fuertes y hasta desmadrados.

Concluiré estas apresuradas derivas señalando que servidor ante la complejidad de la situación se siente como un idiota forzado, no por voluntad sino por confusión de razones, empujado a sentirse excluido de la comprensión de los asuntos de la ciudad ( llevado a la condición de meteco, niño, mujer…que imposibilitaba a estos la participación al juzgarlos incompetentes)[ «hacer el idiota siempre ha sido una función de la filosofía» decía Gilles Deleuze], y sumergido en la duda, no la metódica de Descartes sino en la pirrónica, hasta el punto de poder hacer míos los versos de J.V.Foix: sólo lo veo claro cuando sueño, o los del bueno de Antonio Machado:« Oscuro, para que todos atiendan; / claro como el agua, claro, / para que nadie comprenda».

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