Del bipartidismo imperfecto, al duopolio asimétrico

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Por Rafael Cid
“Las batallas hay que darlas. Se ganan o se pierden.
Pero hay que darlas. Eso nos significa”
(José Luis Sampedro)

Cuando las calles echaban pestes de la clase dominante, los cálculos más exigentes daban por hecho que la revuelta ciudadana se llevaría por delante al bipartidismo dinástico reinante, tal era la identificación entre las políticas austericidas y el régimen del 78. Pero a día de hoy, con un activismo social que en buena medida ha sido represado hacia expectativas institucionales golosinado por los “partidos de la gente”, aquel veredicto parece exagerado. Ahora todo indica que vamos a pasar de un tablero político exclusivo de dos en raya (PP-PSOE), con afluentes por los lados (CiU-PNV), a otro con idénticos comodines sistémicos pero auxiliados por las formaciones emergentes (Podemos-Ciudadanos).

Cambiar algo.…
Descartada la ruptura por imperativo legal, lo que viene a continuación es un continuo cambio de cromos (te doy para que me des) entre los agentes implicados, en un escarceo que se anticipa de concurrencia ideológica moderada a dos bandas. El cada vez más declinante Partido Popular necesitará la ayuda de los nuevos conservadores que lidera Albert Rivera y, por el flanco opuesto, el balbuceante PSOE requerirá la colaboración de los progresistas de última generación que apadrina Pablo Iglesias, ahondando estos últimos en la vía ya abierta durante la reunión secreta entre los dirigentes de Podemos y el tándem Zapatero- Bono. Mal comparado, sería pasar de lo que supone la integración vertical a nivel empresarial a una integración horizontal. La competencia, tanto en el mercado económico como en el político, es tan solo un eslogan. A su manera, el oligopolio representa un endemismo del sistema.

Esa es la parte imaginativa del espectáculo. En los márgenes quedan los restos del naufragio, concretado en un UPyD abierto en canal por la soberbia de su gran papisa Rosa Díaz, que ya nunca más podrá aspirar a postularse como bisagra andrógina del tinglado, y una Izquierda Unida en proceso de extinción víctima de sus propias melonadas. Un panorama político-ideológico-territorial que por primera vez desde la transición deja a los partidos nacionalistas sin guiños con el poder central y, por tanto, encerrados en las casillas de salida a merced de sus propias fuerzas. Y tal será, sin casi opción de dudas, la gran novedad del tiempo político que inaugurará está segunda transición de terciopelo.
Porque la nueva acumulación de fuerzas, con entradas y salidas cuantitativamente más o menos ponderadas (Ciudadanos+Podemos / UPyD + IU), quizás no altere sustancialmente las coordenadas ideológicas de referencia (derecha-izquierda, tanto monta monta tanto). Pero lo que parece evidente es que dará paso a un relanzamiento del mapa nacionalista, desde el momento en que los recién llegados han afirmado por activa y por pasiva su voluntad recentralizadora. Confirmado en el caso de Ciudadanos con su burda apuesta anticatalanista y mediante su loa al patriotismo en el de Podemos, aunque para consumo interno los hombres de Iglesias esgriman el “derecho a decidir” como compasivo gesto de tolerancia con los discrepantes.

¿Significa esto que en conjunto todo vuelve dónde solía? No desde la óptica de la democracia de proximidad que se ejercita de abajo-arriba en la apuesta municipalista en muchas zonas del Estado, incluidas algunas de las ciudades más importantes. Las distintas mareas, plataformas, asociaciones, agrupaciones y convergencias de sensibilidades políticas desplegadas en torno a las elecciones locales del próximo 24 de mayo son las únicas piezas del puzle que indican algo nuevo, en línea de la enmienda a la totalidad que identificó al espíritu rebelde del 15-M.

Ruptura democrática, pluralismo ideológico, solidaridad largoplacista, rearme ético, defensa del medio ambiente, federalismo identitario y equidad social son algunas de las señas de esta ofensiva decrecentista en el plano político y el económico que aspira a conformarse como la expresión viva de la sociedad civil autoorganizada e inclusiva que los poderes fácticos históricamente han ninguneado.

El reto es de órdago. Porque enfrente no hay nada, solo tierra baldía reciclada con etiquetado nuevo. Merece la pena. Como sostenía el indignado José Luis Sampedro en el apunte citado al principio de este texto. Testamento vital del gran “yayoflauta” del 15-M que he reconocido en la despedida de un viejo librero de la calle Rea en la devastada villa de Ferrol, que enarboló su última protesta con un cartel que decía “cerrado por melancolía” unido a la hermosa Oda la Inmortalidad de William Wordsworth:

Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.
Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
Que en mi juventud me deslumbraba
Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la yerba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo…
En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la
muerte.
Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.

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