Defensa del sindicalismo.

Lo que no podemos admitir, es que la crisis se transforme también en una nueva ocasión para ataques al sindicalismo, español y alemán en este caso, como pretenden algunos nacionalistas vascos desde las páginas de Indymedia País Vasco, con la absurda acusación de colonialismo que hace Raveli a propósito de CC.OO. en este caso, cuando actualmente los Sindicatos son la única defensa que existe para la Clase Trabajadora, y los que se pueden enfrentar con autoridad a una verdadera crisis del sistema capitalista. Los Sindicatos españoles, a pesar de los acuerdos que les atan en cierta medida a la política del Gobierno de la Nación, demuestran con su trabajo de cada día que no tenemos otra salida para la defensa de los puestos de trabajo, y para evitar que el paro no se transforme otra vez en la mayor desgracia de este País, y que si existe un deber de todas las Izquierdas españolas, PSOE inclusive por supuesto, es justamente lo de apoyar con todas nuestras fuerzas y voluntades a las organizaciones del mundo del trabajo.

La absurdas lecciones que ciertos intelectuales nacionalistas “innovadores” pretenden dispensar al Sindicalismo español sólo pueden destapar su incapacidad para diferenciarse de las corrientes sociales de modernización y adaptación de las reivindicaciones de los trabajadores, de cara a los fallos del modelo productivo actual, fallos que nadie puede negar a estas alturas de crisis internacional, y cuando justamente lo que se necesita en fin de cuentas es lo contrario, la unidad internacional de todos los Sindicatos, sobre todo europeos, para encontrar unos mínimos denominadores comunes de acción en los principales sectores industriales, como el de la automoción. En efecto, parece cada vez más evidente que la crisis está poniendo en solfa muchos elementos de fondo de la producción en este sector, hasta el punto de llegar a sublevar la cuestión de una transición hacia un nuevo modelo de producción de vehículos privados, más conforme con las exigencias ecológicas que se están haciendo apremiantes en muchos Estados.

Si los discursos sobre la crisis, o sobre la clase trabajadora y el paro se enclaustran en este tipo de polémicas estériles y gratuitas, rompiendo un consenso largamente asumido de solidaridad internacional de los trabajadores, estamos haciendo un muy flaco favor a la búsqueda de estos acuerdos comunes que se necesitan para hacer frente a lo que nos está cayendo encima desde hace algunos meses, desde el comienzo de la crisis, que ya se está pronosticando como de un trance dramático y de mucha más duración que lo previsto hasta hace poco.

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