Debates

“El que el pueblo sea difícil de guiar viene de que sabe demasiado” Lao Tse.

Hace unos días mi hijo mayor (que cursa 3º de ESO) me dijo que iban a tener en clase un debate sobre Monarquía o República. Me parece fundamental que niños y niñas que tienen entre 14 y 15 años realicen actividades donde se confronten puntos de vista y distintos argumentos y que se afronten problemas políticos, ya que en pocos años cumplirán la mayoría de edad y tendrán la oportunidad de participar de forma activa en la toma de decisiones del país como son las elecciones.

Cuando volvió de clase le pregunté que qué tal había ido el debate y su respuesta fue tan contundente como descorazonadora: “Si alguien hubiera tenido una pistola de balines, alguno hubiera perdido un ojo”.

Entiendo que el debate como actividad académica es fundamental para la formación integral de los jóvenes, el debate como actividad para practicar la dialéctica aristotélica, donde se contraponen argumentos que se analizan usando la lógica con el objetivo de la  búsqueda de la verdad. Sin embargo la dialéctica utilizada parece coincidir con la dialéctica erística que tal y como definió Shopenhauer en su obra “El arte de tener razón” se trata del arte de discutir, y de discutir de tal modo que uno siempre lleve razón justa o injustamente.

Parece lógico que niños y niñas que no están acostumbrados a debatir utilicen la opción de imponer sus argumentos (sean cuales sean) a la facción contraria con el objetivo de imponer su punto de vista, al fin y al cabo los ejemplos de debate a los que tienen alcance están orientados en esa dirección. Difícilmente encontraremos ejemplos de debate en los medios de comunicación donde los argumentos tengan más peso que la violencia verbal, los tonos de voz amenazantes o los gestos de desaprobación hacia las posiciones contrarias. Lo realmente lamentable, es que solo hace falta escuchar unos minutos la moción de censura que se ha planteado estos días para darse cuenta que el debate que se plantea en el Congreso de los Diputados dista muy poco al de una clase de 3º de la ESO, aunque para estos no hay justificación. Los insultos velados, los datos falseados, los argumentos banales y las poses chulescas son el armazón donde los distintos partidos (unos más que otros) están fundamentando sus argumentos cuyo único objetivo es “tener razón”.

No se ha oído una sola propuesta del partido que ha presentado la moción de censura que sea viable legalmente, simplemente se han escuchado reproches y argumentos vacíos de contenido.

Esta situación me lleva a la siguiente conclusión, los debates deberían ser una actividad más común en el ámbito académico, sobre todo en la enseñanza obligatoria, quizás entonces tendríamos una población más crítica, más analítica y más formada y por lo tanto más difícil de manipular con mensajes populistas que no llevan a ningún sitio, y por extensión tendríamos unos políticos más preocupados del bien común que de su propio bienestar, políticos que se centren más en lo racional que en lo emocional.

“El que el pueblo sea difícil de guiar viene de que sabe demasiado” Lao Tse.

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