Debate sobre el uso del velo en las escuelas públicas de Francia

Las hijas de Poulain e Ibn Ruchd

P
or mucho que algunos se empeñen en instaurar el pensamiento único inventando verdades inconsistentes a partir de elementos de la realidad, versiones oficiales y axiomas infalibles, los hechos son mucho más complejos de lo que aparentan. Todo discurso es interpretable, a pesar de los reiterados intentos de estandarización y homogeneización del pensamiento, porque no existe una única mirada. La mirada es poliédrica, polifacética y, sobre todo, política.

El hecho. Una divisa de la revolución francesa es la igualdad, junto con la libertad y la fraternidad. Esta divisa ofrece más de un análisis, como nos demostró, entre otras, Olympe de Gouges.

Los otros hechos. El Estado francés o, mejor, la Francia jacobina tiene heridas que le sangran (como las tiene una España grande y libre, borbónica y acomplejada). Una de esas heridas se llama Argelia.

En la película «Vivre au paradis», de Bourlem Guer-djou, se reflejan las condiciones en que vivían miles de inmigrantes procedentes de Argelia en el bidonville ­espacio infraurbano e infrahumano­ de Nanterre y se evoca la manifestación contra el toque de queda del 17 de octubre de 1961, que se saldó con cerca de 12.000 detenciones y 200 personas asesinadas «legalmente», según algunas fuentes no desmentidas oficialmente. Masacre olvidada, acallada, silenciada, negada. Las sagradas consignas de la Revolución francesa profanadas y convertidas en burda retórica. La integración y la reconciliación no pueden asentarse sobre la negación del olvido, sobre la ausencia de justicia.

El discurso. La escuela pública francesa es un «santuario republicano» y «seguirá siendo laica», Chirac dixit. Para ello, es necesario una ley que prohiba el uso de vestimentas o signos ostensiblemente religiosos, como el velo islámico, la kippa o las cruces (¡de grandes dimensiones!) en las escuelas públicas.

Los otros discursos. ¿Es el velo un símbolo religioso? ¿Es un símbolo político? ¿Ambas cosas? La identidad de género viene a ser el sexo en el que se reconoce el sujeto. La identidad de quien no puede ejercer la plena ciudadanía, ya sea por razón de sexo, comunidad de origen o situación administrativa, no se construye imponiendo leyes en las que no se reconocen los derechos fundamentales de las personas afectadas por esas leyes; de esta forma, lo que se consigue es denigrarlas y confinarlas.

Montesquieu decía que la ignorancia es la madre de la tradición; atribuir un significado único al velo es crear un estereotipo: mujer con velo igual a mujer discriminada. Es cierto que existen grupos islamistas que obligan a llevar el hiyab a las mujeres, como lo es, por ejemplo, la instrumentalización por parte de los militares argelinos de la violencia de algunos grupos armados islamistas contra las mujeres, ocultando sus propias violaciones.

También existen mujeres que defienden sus derechos sexuales, reproductivos, culturales, laborales, políticos, sociales… y portan el velo. Algunas feministas lo llevan porque les permite comunicarse y dar a conocer su discurso a otras mujeres o para contrarrestar la carestía de la moda escapando de sus dictados. ¿Debemos menospreciar sus convicciones? ¿Estoy celebrando el discurso patriarcal cuando aplico el blush o colorete en mis mejillas? ¿Soy cómplice de las asimetrías de género por dibujar el trazo de los ojos con el khol? ¿Trato de gustar a los hombres? Rotundamente, no. Por lo tanto, una lectura unívoca del «velo» nos puede llevar a propuestas equivocadas y nefastas, como la ley que prohíbe su uso. La representación ficticia ­por reducionista­ de «mujeres con velo» es excluyente y está teñida de prejuicios, puesto que el rechazo a edictos arbitrarios puede llegar a confundirse con el rechazo a la idea que supuestamente sustenta la ley: la defensa de la laicidad.

La nueva ley no acepta la declaración de otros días festivos: el Aid-el-Kebir musulmán y el Kipur judío. Sin embargo, nuestro chronos está íntimamente relacionado con lo religioso: la regulación del tiempo dedicado al denominado trabajo productivo en las negociaciones colectivas, los horarios administrativos o las festividades; nuestro kairós, el tiempo del goce, de vivir el momento, también discurre bajo la lógica de la religión hegemónica. ¿Para qué tener en cuenta el Ramadán en la organización de la jornada laboral?

El discurso. Nadie podrá recusar las atenciones de un médico o médica por motivos religiosos o por el solo hecho de ser del otro sexo.

El otro discurso. Cuando se trata de garantizar el derecho a la salud no se deberían adoptar posturas tan rígidas y prepotentes. Pienso que es más positivo y eficaz contar con mediadoras interculturales que faciliten la comunicación y la creación de vínculos con las mujeres musulmanas, jóvenes y adultas, a fin de promover cambios en sus actitudes y sistemas de creencias ­en el caso de que éstos sean claramente discriminatorios­. Así, el laicismo sería algo diferente al rótulo «se reserva el derecho de admisión».

La internacional integrista es el hijo bastardo del God Bless América, el grito de guerra que tanto le gusta proferir a George W. Bush, uno de los principales instigadores del terrorismo internacional, antes de librar el combate. Los purificadores, que son los perseguidores de la diferencia, compañera imprescindible de la democracia ­como lo es el diálogo­, lanzan invectivas contra las mujeres ­esas perturbadoras sociales­, a la vez que rezan sus plegarias. Obligar a llevar el velo, prohibirlo, prohibir el hamman o aparecer en la televisión son expresiones de una misma práctica: el intento de supresión del o la antagonista real o virtual. No portar el velo es el salvaconducto (exigencia) que permite el acceso, «en igualdad de condiciones», a la educación laica o a la atención hospitalaria.

Si deseas llevar velo ­o te lo impone la familia­ puedes asistir a escuelas privadas… ¿ Financiadas por quién? ¿Con qué ideario? ¿Para formar mujeres libres o mujeres sumisas y virtuosas? ¿Y para curarse? ¿A dónde irán esas mujeres? Podemos imaginarlo recordando la regulación de la interrupción voluntaria del embarazo en un Estado «laico» como el nuestro.

Leyes como la que se quiere implantar en el Estado francés conducen a muchas mujeres a abrazar el integrismo religioso, puesto que éste, a diferencia de la «democracia laica», les otorga un espacio y un lugar para la praxis política, ofreciéndoles una identidad que otros espacios les niegan, relegándolas a un cautiverio encubierto: la privatización de la discriminación por razón de sexo.

Mientras, el Gobierno español trata de imponer la enseñanza religiosa en los centros públicos. Además, Italia, Irlanda, Portugal, Polonia, Austria y el Estado español presionan para que en el preámbulo de la Constitución Europea se mencione la herencia cristiana de Europa. ¿Nueva cruzada?

La escuela republicana y laica del Estado francés lo sería verdadera y efectivamente si reconociera la universalidad de las experiencias de Al-Kahina y Olympe de Gouges, de Nazhün, Qamar y las trobairitz, de Simone de Beauvoir y Salima Ghezali, de Húda Sharawi y Geneviève Fraisse; la música de Chikha Rimiti, el raï, la kabyle y Françoise Hardy. Si posibilitara que alumnas y alumnos musulmanes, judías, cristianos, budistas o sin credo religioso compartieran espacios de socialización ­fuentes de amistad y reconocimiento y enriquecimiento mutuos­. ¿Magisterio republicano o pedagogía de la integración? ¿Qué pensarán de todo esto Kheïra y Sophie, las hijas de Poulain de la Barre y de Ibn Ruchd (Averroes), mis hermanas?

* Investigadora y formadora sobre Género e Igualdad

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