De tanto transar con la Derecha, finalmente la Concertación se mimetizó con ella transformándose en su lacaya

LOS AMANTES DEL cine, seguramente, entenderán de inmediato este símil que pretendo hacer entre celuloide y política partidista.

En el título del presente artículo se lee que “de tanto transar con la derecha, finalmente la Concertación se mimetizó con ella transformándose en su lacaya”, y si extrapolamos esa frase llevándola a los titulares del écran de un cine cualquiera, tendríamos que recordar –necesariamente- algunos casos parecidos que acaecieron en las personas de insignes actores.

Bela Lugosi y Boris Karloff son los que de inmediato llegan a mi memoria. Ambos protagonizaron –para esa época- terroríficas películas de suspenso y miedo. Caracterizaron una y cien veces a Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo, la Momia, etc., etc.

Y de tanto personificar a esos siniestros engendros surgidos de creativas mentes literarias, los dos actores terminaron creyéndose el cuento y, como se dice hoy vulgarmente, “rallando la papa”, transformándose en lacayos y esclavos de sus propias representaciones.

Los postreros días humanos de ambos fueron extinguiéndose en alucinaciones asociadas a los personajes que durante todas sus vidas representaron, maquillándose para parecerse a ellos, vestirse como ellos y… vivir como ellos. De hecho, al día siguiente del fallecimiento del húngaro Bela Lugosi, un diario local en una ciudad del medio oeste norteamericano, tituló: “Ayer murió finalmente Drácula. Se le sepultó&nbsp envuelto en la capa del sanguinario vampiro”.

Espero que se haya entendido el intento de símil, pues la Concertación terminó siendo asociada a la Derecha por muchísimos electores, los cuales decidieron que era hora de pasarle el báculo a los verdaderos patrones y no dejarlo una vez más en manos de los mayordomos, por muy bien que estos hubiesen cuidado el patrimonio de sus amos durante 20 años, palacio incluido, el cual ahora deben regresar perfectamente aseado, ordenado y mantenido, pese a que fueron algunos de esos ‘amos’ quienes lo destruyeron en septiembre de 1973, bombardeándolo sin misericordia para hundirlo a balazos y tanquetazos junto al mismo sistema democrático que hoy dicen amar.

Así como ‘los cuidados del sacristán mataron al señor cura’, las exageradas prevenciones de la Concertación asfixiaron la democracia, ya que la mayoría de los proyectos de ley –en materia económica, laboral e impositiva- presentados por los gobiernos concertacionistas al Congreso Nacional, terminaban siendo favorables –exclusivamente- al gran capital, al usurero, al especulador financiero, al mega empresario, al predador, a la ultra derecha.

Fueron tantos los temores concertacionistas a perder el gobierno que, finalmente, perdieron la democracia, la dignidad, el pueblo electoral y…el gobierno.

La administración pusilánime y balbuceante de Patricio Aylwin en esos primeros cuatro años de transición puede ser comprendida, e incluso aceptada, no por los temores al ejército que seguía dirigiendo Pinochet, sino por las medrosas personalidades de quienes eran autoridades entonces.

De hecho, muchas de ellas rápida y gustosamente cruzaron la vereda para insertarse en el grupo de sus antiguos adversarios, como fueron los casos de Eduardo Aninat, Edgardo Boenninger, Enrique Correa y Waldo Mora, sólo por dar un par de ejemplos de un contingente voluminoso de miembros de la Democracia Cristiana, al que años después se unieron ex PPD y ex PS, como Jorge Schaulsohn, Esteban Valenzuela, Fernando Flores, etc.

“Son los males de toda transición”, me decía en ese entonces un buen amigo. Pero, los gobiernos siguientes continuaron rayando la misma hoja, e incluso uno de ellos se permitió (sin autorización de sus propios electores ni de los partidos del bloque oficialista) encabezar la defensa oficial de Augusto Pinochet, cuando el dictador se encontraba detenido y a buen recaudo judicial en Londres. ¿Eso también obedeció a algún tipo de ‘temor’ por una posible reacción militar al interior de nuestro país?

No…simplemente ello se entiende como pura inclinación y voluntad derechista del Presidente de la época, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien no sólo deseaba continuar privilegiando los intereses económicos de grandes consorcios predadores (como Barrick Gold), sino también estaba en su ánimo el no molestar al ejército, a Pinochet y a la ultra derecha acusándolos del asesinato de su padre, Frei Montalva, lo cual recién se atrevió a hacer cuando estaba en plena campaña presidencial el año 2009, con Pinochet ya fallecido y desprestigiado políticamente.

La frasecita aquella (tan socorrida por los politicastros derechistas de la Alianza y la Concertación) que reza: “los ilícitos y crímenes cometidos por uno o más uniformados no ensucian ni comprometen a la institución castrense a la que pertenecen”, es de verdad una ignominia que sólo algunos desavisados y torpes chilenos se tragan como verdadera.

Porque, supongamos y sólo supongamos, que la justicia llegase a comprobar que el 99% de la oficialidad de una rama de las FFAA estuvo involucrada directamente en torturas, violaciones, asesinatos, robos, apropiaciones indebidas, asociación ilícita y ventas de armas al extranjero, entonces, a los politicastros de siempre les bastará recurrir a ese 01% de oficiales restantes para asegurar que aquella rama de las FFAA “no está comprometida en los crímenes e ilícitos como institución”.

El car’e rajismo político en nuestro país es absoluto…y la estupidez de los electores es aun mayor, pues todos quienes hoy tienen una edad superior a los 55 años –y se encuentran medianamente informados- son conscientes de que el 99% de la oficialidad del ejército, de la fuerza aérea y de la armada SÍ estuvo directa o indirectamente involucrada en atentados serios a los derechos humanos durante al menos el período septiembre 1973- diciembre 1978, ya fuese por expresa voluntad así como por la tan manoseada ‘obediencia debida’ (que en otros países y situaciones jamás constituyó atenuante judicial, como en el Juicio de Nüremberg, o en Perú hoy, con el proceso a Fujimori que está llevando a la cárcel a decenas de ex asesores del depuesto mandatario).

EN LO ECONÓMICO EL ENTREGUISMO FUE MAYOR


Aquí el listado es de verdad interminable. Y escandaloso. No obstante resulta conocido en extenso, comenzando por la entrega –casi gratuita- de grandes yacimientos mineros en el norte chileno a empresas nacionales y extranjeras, borrando con el codo no sólo la legislación aprobada unánimemente el año 1971 en el Congreso Nacional sino, también, las consabidas y nunca cumplidas promesas de campaña que apuntaban a “defender nuestros recursos naturales”.

Podríamos seguir, &nbsp señalando ahora la brecha económica que separa a trabajadores de enriquecidos propietarios de medios de producción, pero es suficiente como método ilustrativo instalar una simple pregunta: “¿cuántos kilos de pan podía comprarse el año 1972 con el sueldo mínimo de esa época, y cuántos kilos de pan se pueden comprar con el actual salario mínimo?”&nbsp Investigue usted, saque cuentas, y verá que la clase trabajadora –desde 1974 a la fecha- ha perdido más del 45% de su poder adquisitivo. Ese es también un pecado cometido por la Concertación –que nos gobernó los últimos 20 años- en beneficio de la gran empresa.

La solución a los desatinos y traiciones concertacionistas la dio el mismo empresariado, en especial los especuladores financieros (como Sebastián Piñera), imponiendo en el país el sistema de la tarjetas de crédito o dinero plástico, mediante el cual millones de chilenos han adquirido cierto bienestar falso, ya que comprometieron sus ingresos y sus capacidades de ahorro hasta la próxima tercera generación, lo que por cierto viene de perillas al mega comercio que le gusta ser conocido como ‘retail’ para evitar el bochorno de ser tildado de usurero.

Ese endeudamiento feroz, prohijado por políticas de estado que recomiendan el consumo sin ataduras, en lugar de generar satisfacción y bienestar, provoca solamente el ensanchamiento y profundización de la brecha económica.

Junto a todo lo expuesto en las líneas anteriores, la Concertación se salió de madre en materias de transparencia y honestidad, llegando a protagonizar actos de corrupción que no tenían símil en nuestra vida política democrática…y me permito enfatizar esta última acepción (‘vida política democrática’) ya que casi al finalizar la dictadura militar, muchos ‘ayudistas y colaboracionistas’ de Pinochet (verbigracia, empresarios de ultra derecha) prácticamente se agenciaron inmoral e ilícitamente centenares de empresas fiscales a precios irrisorios, de huevo, lo que sin duda constituyó el mayor robo conocido por nuestro país a lo largo de su corta Historia.

Sobre estas atrocidades realizadas en desmedro del patrimonio nacional, la Concertación no movió tampoco un dedo para resarcir a Chile de sus empresas y perseguir judicialmente a los ladrones.

Finalmente, por todo ello, gran parte del pueblo decidió castigar a los mayordomos por corruptos, traidores y entreguistas, quitándole las llaves del palacio para entregárselas (al menos por los próximos cuatro años) al familisterio patronal que, por cierto, siempre ha explotado y despreciado al pueblo, pero que a fin de cuentas, para ese mismo porcentaje del pueblo que lo votó, tales actitudes neoconservadoras y capitalistas no constituyen novedad ni implican traición a principio alguno por parte de los amos.

Como muy bien me dijo acá en el campo un viejo temporero: “don Piñera y los de la UDI y RN son ricos de verdad…mientras que los concertacionistas son ricos apuraos, pero no son ná pueblo como&nbsp quisieron hacernos creer”.

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