De ripley:Sánchez Berzaín culpa a Evo Morales de ser patriota

Al ver las declaraciones hechas por el proscrito ministro de defensa Boliviano Carlos Sánchez Berzaín, que ordenó la represión que causó 67 muertos y 400 heridos en Bolivia en octubre de 2003, contra el presidente Evo Morales, acusándolo de asesino y vinculándolo con la guerrilla de las FARC, Fidel Castro, Hugo Chávez y Muamar Gadafi, uno podría pensar que este señor se volvió loco.

Nada de lo que dijo se ajusta a la verdad.

Su memoria es selectiva y su interpretación de la realidad está totalmente alterada. La psiquiatría define esos síntomas como un trastorno mental crónico y grave llamado esquizofrenia. Locura, en el lenguaje coloquial, pero quienes conocen la trayectoria política de este señor saben perfectamente que su apodo de ‘Zorro’ se lo tiene bien ganado. No por inteligente, sino por lo maquiavélico de su pensamiento, y el alcance que tiene para tejer maniobras oscuras como las que ahora intenta. Si el Ministro de Defensa que ordenó la represión de Octubre Negro no está loco, ¿cuál es entonces el objetivo que ahora busca?

Para analizar la mutación que va tomando su discurso en el intento de acomodarse a las circunstancias partiremos de las partes que decidió esconder del discurso emitido en agosto 2011 en CNN en español. Su motivación quedó expuesta allí cuando dijo: “Yo estoy acusado en ese proceso, no por lo que pasó en Octubre Negro, ni en la guerra del gas, sino porque represento una posibilidad política frente al atropello de Evo Morales”. Lo de este señor, por lo tanto, no es una denuncia sino una grotesca campaña política para regresar a Bolivia, lo cual por los métodos que pretende utilizar sería un crimen mayor aún que el de Octubre Negro. Eso lo hizo con éxito el general Hugo Banzer en Bolivia al promover el sangriento golpe militar de Luis García Meza y evitar el juicio de responsabilidades que le estaba planteando el socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz. Veamos entonces.  

“Sánchez de Lozada está enjuiciado ahí, porque él (Evo) tiene que terminar con el prestigio del más importante reformador social y político de la última parte del siglo anterior”. Considerando que la política de Sánchez de Lozada empezó en el gobierno de Paz Estenssoro cuando como ministro de Planeamiento y Coordinación llegó al país con el neoliberalismo bajo el brazo y entregó el país a las transnacionales, su concepto de reforma social se parece al saqueo.

“Si usted quiere ser político en un país democrático tiene que ser un hombre educado, con capacidad de liderazgo, un hombre o una mujer con capacidad de dirigir su sociedad porque eso representa una dignidad”. Sánchez Berzaín pertenece a la clase política que llegaba al poder por la fuerza del capital o de las armas para enriquecerse con las decisiones del gobierno. Es por eso que parece ignorar que cuando el pueblo es el protagonista de la democracia el requisito fundamental para gobernar es la lealtad con los intereses de ese pueblo, el alto concepto moral que le han dado a Evo dos tercios del poder parlamentario de su pueblo, y a Sánchez Berzaín la ignominiosa fuga del país, hacia las páginas vergonzosas de la historia.

“Evo morales dividió al país enfrentando a indígenas contra ciudadanos”. En pleno siglo XXI, Sánchez Berzaín vive todavía en la década de los años 20, pero del siglo XIX. Todavía no considera ciudadanos a los indígenas, y mucho menos con capacidad para gobernar, más aún sin la “educación” que en su concepto es la fuente de la dignidad.

También acusó al presidente Morales de controlar el Órgano Judicial y de dictar sus propias leyes para judicializar su persecución política. “Evo ataca a políticos y empresarios, como el caso de Humberto Roca, que lo único que hace es pedir reglas claras”. En el discurso de este año ya no mencionó este caso porque las pruebas sobre la corrupción en AeroSur son ya abrumadoras. La verdad es que la ley se llama Marcelo Quiroga Santa Cruz, y es la ley anticorrupción.

Sánchez Berzaín no puede concebir aún la idea de que se hayan terminado los tiempos en que el gobierno y la justicia estaban efectivamente controlados por los intereses del capital, y que siendo Bolivia un país exportador de materias primas, gobernar se reducía a enriquecerse y corromper a toda la clase política y judicial en la venta o entrega de esos recursos.

Su estrategia es culpar a Evo Morales, en el período anterior a 2006, en que asumió el poder, por promover las marchas que hizo el pueblo en defensa de los intereses nacionales y en contra del saqueo. Para el período posterior a 2006 lo acusa de desestabilizar su propio gobierno, pero se refiere a las marchas en defensa del proceso de cambio que los grupos de choque de la derecha querían impedir.

Hasta el año pasado Sánchez Berzaín decía que Evo era culpable por convocar a las marchas, pero ahora dice que en 2003, desde su curul de diputado de la oposición, Evo internó a las FARC en Bolivia y les ordenó disparar contra su propia gente. Ésa es una mentira demasiado grande para que el pueblo se la trague, pero a este ex ministro no le importa que no la crean. El objetivo es simplemente decirlo para que quede impreso y registrado en la historia, porque conectar a Evo con el terrorismo internacional, en narcotráfico y violaciones de los derechos Humanos, son las excusas que necesitan el Pentágono, la jauría republicana que vive de la guerra, y el exilio cubano y venezolano para invadir Bolivia como lo hicieron con Libia. Por eso Sánchez Berzaín nombra a Gadafi, del mismo modo que en el 1946 la derecha mencionaba a Mussolini para dirigir psicológicamente el asesinato de Gualberto Villarroel.

En los relatos que hace de la tragedia de Octubre Negro, o Guerra del Gas, se olvida mencionar que el gobierno de Sánchez de Lozada negoció el contrato con Pacific LNG para la exportación del gas a Norteamérica a precios de ‘gallina muerta’ y a través de transnacionales que se llevaban el 82% de los ingresos. Acusa al pueblo por marchar y protestar para impedir el saqueo. Obviamente olvida que es el pueblo el que instaura a sus gobiernos como mecanismo de protección, y que cuando el gobierno traiciona ese mandato el pueblo tiene el derecho de protestar y pedir el cambio de gobierno y de política. Sánchez olvida mencionar que las marchas no tenían armas de fuego y que la columna militar enviada por él intentó romper por la fuerza el bloqueo ya establecido por las organizaciones sociales.

Culpó a Evo de las masacres de Pando y Sucre que casi derrocaron a su gobierno. Convenientemente olvidó que ambas masacres fueron perpetradas por las más radicales fuerzas de la derecha, que había perdido sus privilegios desleales ante un pueblo que democráticamente le cambiaba el rumbo al país. Olvidó decir que ese pueblo eternamente explotado finalmente ganó las elecciones y que auténticamente representado, por primera vez en la historia, se disponía a aprobar una nueva Constitución. Que, para impedirlo, fueron las mismas fuerzas de choque de la derecha radical las que apalearon al indígena y a la policía en la ciudad de Sucre.

Establecida ya la motivación política, y el mecanismo del engaño para impresionar a quien nada sabe de Bolivia, es hora de analizar: ¿cómo haría este señor para regresar a Bolivia?

Las pautas para encontrar esa respuesta están en las actividades a las que se dedica. Dice vivir en Miami, de su trabajo como consultor internacional de un grupo de pensamiento llamado Instituto Interamericano para la Democracia (IID). Niega que sea político, pero según la información de orden público, en su “Concejo” del IID figuran, entre otros, Carlos Alberto Montaner y Armando Valladares, dos conocidos cubanos anticastristas vinculados a la CIA. Este Instituto es el que ha publicado los libros de Douglas Farah, dedicados a recolectar información irrelevante e inconexa y reordenarla para dar la impresión de que Bolivia, Venezuela y Ecuador representan un peligro para la seguridad continental. Para declararlos “estados fallidos” y justificar así la intervención.

Estos libros financiados por la organización que dirige Sánchez Berzaín son la base para el proyecto de esta primavera árabe latinoamericana con la que tanto sueña la derecha radical.

Contienen la receta para estigmatizar a esos tres gobiernos, que fue expuesta en noviembre de 2010 en el Capitolio cuando lo más radical de la cúpula republicana celebraba haber controlado la Cámara de Representantes y se disponía a intentar cambiar el curso de la política exterior de la administración Obama. El evento se llamó: ‘Peligro en Los Andes: Amenazas a la Democracia, derechos Humanos y la Seguridad Intercontinental’. En el nombre del evento está ya descrita la fórmula para invadir Latinoamérica. Como el socialismo es tan popular que ya no sirve para estigmatizar, ahora se lo pretende hacer por violaciones a los derechos humanos, por narcotráfico y por conexiones con el terrorismo.

El sueño dorado de Sánchez Berzaín es que el presidente Evo Morales sea asesinado como lo fue Gadafi. Tan ciego está en su venganza personal que no puede ver el enorme costo social y humano que un bombardeo, infiltración de mercenarios, y apoyo a los “rebeldes” al estilo de los demócratas ocasionaría en Bolivia. Tampoco parece entender el dolor de esa intervención en la versión republicana, que es invasión armada con el pretexto se salvar vidas en un Estado fallido. Este señor y el grupo de pensamiento al que pertenece sueñan con una versión latinoamericana de la primavera árabe, obviando deliberadamente las enormes diferencias entre regímenes dictatoriales y los gobiernos genuinamente representativos que defienden los intereses de sus pueblos.

Si, para vengarse de Evo, pretende hacer invadir el país y asesinar a sus simpatizantes, tendría que eliminar dos tercios de la población.

Ése sería un precio demasiado alto sólo para obtener su impunidad. En Bolivia se entiende perfectamente que si un traidor a los intereses nacionales acusa al Presidente por defender los intereses de ese pueblo, en realidad lo está acusando de ser patriota.

(*) Es corresponsal del periódico Cambio en Estados Unidos.

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