¿De qué sirve el modelo?

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Così discesi del cerchio primaio
Giù nel secondo, che men luogo cinghia,
E tanto più dolor, che punge a guaio

Dante Alighieri – La Comedia – Inferno, Canto V

La cuestión que horada los hemisferios de todo ser humano dotado de lóbulos varietales (*) –razón por la que excluyo a los economistas– es la de saber en qué jodido círculo del Infierno nos va a depositar esta vaina de la pandemia.

Como sabes, Dante diseñó su Infierno como un cono invertido en el que puso 9 círculos, del más amplio –la entrada–, al más estrecho, lugar en que reside Lucifer en prisión domiciliaria como conviene a la gente importante.

A medida que vas bajando hacia el círculo de radio más pequeño los castigos se van haciendo más duros. En el segundo círculo la cosa se pone dura. No lo digo porque allí encuentres tías interesantes como Semíramis, fundadora del imperio de Babilonia; Cleopatra última gobernante egipcia de la dinastía Ptolemaica y amante de mucho fuelle como pudieron atestar Julio César y Marco Antonio; Elena, la de Troya, esposa de Menelao, el de los gigantes cuernos; Didón, también llamada Elisa, legendaria fundadora de Cartago; y desde luego Francesca de Rimini. Debo decir, no obstante, que todas ellas fueron culpables –de un modo u otro– de deliciosos deslices sicalípticos.

Francesca y su amante Paolo fueron condenados por adulterio, peccata minuta que en la presente modernidad no merece ni siquiera una pinche lapidación, ya no hay moral mi pobre amigo, ni moral ni decencia. Para esas cosas hubo casas de tolerancia frecuentadas por gente como uno, que con el tiempo se transformaron en partidos políticos con logo y sede, frecuentados, ¡cómo no!, por gente como uno.

Francesca explicó cándidamente que todo fue culpa de la lectura: solos, sin nadie a la vista, ella y Paolo leyeron la historia de Lancillotto que besó a la tímida Ginevra, y se fueron entusiasmando a tal punto que:

Quando leggemmo il disiato riso
esser baciato da cotanto amante,
questi, che mai da me non sia diviso
la bocca mi baciò tutto tremante.
Galeotto fu il libro e chi lo scrisse:
Quel giorno più non vi leggemmo avante.

Leído que Lancillotto besó a Ginevra, Paolo besó –tembloroso– a Francesca… y ahí pararon de leer. Es lo que cuenta Dante. Pero la gente es mala: perversas lenguas hicieron el resto y helos ahí, Paolo y Francesca, en el segundo piso. Te lo cuento en cristiano porque Dante escribía en florentino antiguo, no por incordiar sino porque a principios del siglo XIV era lo que había.

En honor a la verdad debo agregar que Francesca estaba casada con Gianciotto, hermano de Paolo, y si bien todo pudo quedar en familia, Minos –antiguo rey de Creta, hijo de Júpiter y Europa, al que Dante le otorga las funciones de confesor y juez– la juega en plan Legionarios de Cristo (haz lo que digo, no lo que hago) y los manda al Infierno. ¡Por un kiki, por un simple Feliciano!

Ahora bien… nosotros, culpables de ser pringaos, de no formar parte del mundillo de los que cuentan, de carecer de poder adquisitivo, de no ser portadores de ningún proyecto de multiplicación del billete, de vivir de nuestro trabajo, de haber nacido en el lado equivocado del capitalismo, de no ser herederos sino de la factura, de votar con el culo, de ser más crédulos que la bella durmiente del bosque… ¿en qué jodido círculo del Infierno iremos a parar?

Un artículo del Wall Street Journal del 11 de mayo entrega algunas pistas, atento el personal. Si no eres tan asopado ya sabes que los bancos centrales de los EEUU y de la Unión Europea echaron a funcionar la máquina de hacer billete. Desde la crisis de los subprimes (2007) la FED y el BCI sostienen que harán lo que haga falta para enfrentar las crisis, incluyendo el uso de ‘herramientas no convencionales’.

Hasta entonces la cátedra enseñaba que los bancos centrales debían ocuparse de la inflación regulando la oferta de liquidez, o la emisión monetaria si prefieres. Para ello –en su inconmensurable sabiduría– fijan las tasas de interés ‘directrices’, esas que pagan los bancos privados para disponer del billete que nunca han tenido, con el encomiable propósito de prestárselo a los agentes económicos a tasas de interés un pelín más elevadas: la diferencia es su justa y modesta remuneración de intermediarios.

Si hasta fines de los 1980 algunos bancos centrales estaban obligados a prestarle a sus gobiernos a tasa cero, del Consenso de Washington en adelante (1989) los Estados deben financiarse exclusivamente en el sector privado. De ese modo, Estados que históricamente heredaron el privilegio de acuñar moneda, son víctimas de los mercados financieros que trabajan con monedas que garantiza… la víctima. El “riesgo país”… ¿te dice algo? Si un Estado pone en práctica políticas que favorecen a los pringaos o que de algún modo inquietan a los mercados financieros, estos lo castigan degradando la notación del “riesgo país”, lo que se traduce, para dicho Estado, en tasas de interés más altas. ¿Capito?

Entre las ‘herramientas no convencionales’ que la FED y el BCI extrajeron de la toolbox –con la rapidez con la que desenfundaba el hombre que mató a Liberty Valence– hay algunas que valen el desvío. Entre ellas, la compra de activos podridos, para restaurar la liquidez de las multinacionales. La compra de bonos del Tesoro, o sea productos financieros emitidos por los Estados. Y más recientemente, esos mismos bancos centrales que tienen prohibido prestarle a sus Estados, le prestan a empresas privadas. ¡Alabao!

Como si fuese poco, la FED, –hay que reconocerle a los yanquis que siempre están dispuestos a cagarse en su madre si hace falta–, acaba de inventar el arma fatal: aunque se manifiesta dispuesta a prestarle plata –directamente– a pequeñas y medianas empresas (lo que nunca fue su rol), ahora le pasará billones de dólares a algunos piratas financieros para que le ayuden a irrigar los mercados con el dinero que haga falta.

Algo así como el Banco Central de Chile pasándole cientos de miles de millones de dólares a… Inverlink. Si menciono a Inverlink es porque su carácter de filibusteros, estafadores, especuladores, ladrones y cantamañanas no ofrece la más mínima duda, y porque allí operaban nada menos que dos ministros de Ricardo Lagos.

El Wall Street Journal lo pone de este modo:

“El gigantesco programa de la Reserva Federal de compra de bonos corporativos está a punto de partir. Le ofrecerá un nuevo rol crítico en el relance de la economía a empresas con una creciente influencia en el mundo financiero: la gestión del dinero. La Reserva Federal nombró a BlackRock Inc. para que le ayude a dirigir el dinero hacia la compra de antiguos y nuevos bonos corporativos, y asistirla en su reciente rol de prestamista de último recurso para el sector privado.”

“La FED también le dio a Pacific Investment Management Corp. (PIMCO) la tarea de ayudarla a comprar papeles comerciales, o sea en el crédito a corto plazo a las empresas. (…) Las dos compañías podrían, eventualmente, invertir cientos de miles de millones de dólares del banco central. Su rol de agentes de las intervenciones de la FED es el último capítulo de un cambio en la estructura de los poderes financieros que dura ya una década, y que ve a los más grandes gestores de valores reinar sobre los bancos de Wall Street”.

No sé tú, pero a mí me tiemblan las cañuelas. Los Inverlinks planetarios se hacen cargo del billete. Su poder de cara a toda la actividad privada será demencial. Quienquiera necesite financiamiento tendrá que comerles en la mano. ¿Y el libre mercado? Le pueden dar morcilla: jamás –en la historia de las finanzas mundiales– un par de piratas tuvieron tanto poder. Conserva esto en tus archivos: BlackRock es una suerte de súper AFP. Tiene tanto poder que presionó en Francia para que Emmanuel Macron terminase con el sistema de previsión solidario por repartición, ofreciéndole a BlackRock un mercado nuevo y fresquito. El año pasado el sistema de previsión francés distribuyó unos 320 mil millones de euros en pensiones, sin que nadie, ¿entiendes?, NADIE cogiera ni un euro de lucro. ¿Ves hacia dónde van los tiros? Como premio a tan brillante iniciativa, Macron le dio la Legión de Honor al regente de BlackRock en París. Hay que joderse…

Hace un par de días, el patrón del laboratorio galo Sanofi anunció muy orondo que si su empresa encuentra la vacuna contra el coronavirus, el primer país que beneficiará de la vacuna será… EEUU. Sanofi recibe dinero yanqui para sus investigaciones. Poco importa que el Estado francés ponga a su vez miles de millones de euros: aquí manda el dinero privado. ¿Ves hasta dónde puede ir el poder de BlackRock y de PIMCO? Tienen detrás a la Reserva Federal de los EEUU, o sea al emisor de la única moneda de reserva planetaria, esa que sirve para el 80% de los intercambios comerciales del mundo entero.

Hasta ahora los EEUU han emitido dólares sin respaldo que equivalen al 20% de su PIB. Y planean –como te conté en otra parida– superar el 40% a corto plazo. Visto quienes administrarán esa arma de extorsión masiva, la concentración de capitales sufrirá una aceleración digna de un bólido de la Fórmula 1.

La masa de dinero ya emitida y la no menos masiva emisión inminente… ¿sirven para la Salud? ¿o bien para la Educación? ¿tal vez para asegurar las pensiones? ¿para garantizar el empleo y los salarios?

No. Esencialmente para salvar a las multinacionales y a la ‘comunidad financiera’, redistribuyendo de paso las cartas del poder. Los mercados –el modelo neoliberal– nunca tuvieron ningún interés ni en tu educación, ni en tu cultura, ni en tu salud, ni en tu vejez sino como ‘bienes de consumo’ susceptibles de generar lucro.

La pandemia les ofrece una oportunidad de oro para apoderarse de una parte aun más sustancial de la riqueza generada por el trabajo de miles de millones de trabajadores del orbe, y de una porción aun mayor de los capitales disponibles. Al mismo tiempo el virus es una excusa para reducir drásticamente las libertades públicas, los derechos ciudadanos y el ejercicio de la democracia. Chile es un ejemplo caricatural: para combatir el Covid-19 el gobierno nombró 16 generales a la cabeza de la ‘Defensa Nacional’, y sacó tropas fuertemente armadas a la calle. Mientras esperaba donaciones para equipar la frágil y miserable estructura sanitaria.

La respuesta de algunas almas bienintencionadas, angélicas, candorosas e ingenuas para no decir peor, ha sido la venta de nuevas esperanzas: ‘ahora sí los señores que nos gobiernan se darán cuenta de la necesidad del cambio, de la urgencia de hacer justicia’. Y van hasta a soñar, a invocar, a desear, a implorar la unidad de la costra política parasitaria para hacer realidad sus sueñitos irresponsables. Olvidaron el numerito que se mandaron algunos ministros de Ricardo Lagos, y el mismo Lagos Ricardo.

Entretanto el Minos que se hará cargo de nuestro destino está en otra: quiere instalar ascensores, o más bien descensores automáticos, para enviarnos cagando leches, y directamente, al quinto círculo del Infierno.

Y a mí que me hacía ilusión conocer a Cleopatra…

(*) Varietales, y no parietales. No me corrijas…

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